Pregunta:

Querido Padre Angelo,

Un querido amigo mío ha tenido un hijo hace algunos días. Él recibió los sacramentos, pero no creo que así sea para su novia (no están casados), porque viene de un país ex–comunista.

Cuando nos vimos, le pregunté si iba a hacer bautizar al niño. Me contestó que no, que ninguno de los dos lo consideraba necesario; lo cual en cierta medida me entristeció.

El conocimiento es la base de las elecciones que podemos hacer en la vida. Conocer al Señor, viviendo en un ambiente en el cual las ocasiones de encontrarlo son muchas, puede ayudarnos a decidir si seguirlo o no. Es legítimo alejarse de una comunidad espiritual y es un privilegio poder volver a acercarse a ella.

Sin embargo, si nunca has sido miembro de la comunidad que caracteriza los valores de la cultura de pertenencia (en particular  la Iglesia), las dificultades de acercamiento son mayores, a veces desalentadoras. ¿Quién de adulto tiene el tiempo para seguir una catequesis y recorrer las etapas que conducen a recibir los Sacramentos? Algunos, ciertos, pero no todos.

Incluso el simple hecho de saber “leer” un cuadro de Rafael o Caravaggio puede verse comprometido por la falta de una, aunque mínima, educación cristiana. ¿Por qué privar a nuestros hijos de este testigo?

Le dije: “Se asumen una gran responsabilidad”, pero no me atreví a agregar nada más.

Le pedí a Nuestra Señora la gracia de acariciar el corazón de los padres y de convencerlos a hacer bautizar al niño. ¿Existe una defensa más específica que pueda interceder ante el Señor para  obtener esta gracia?

Le  invito a rezar por el bien mayor del niño, que es siempre lo que Dios quiere, sea lo que fuere.

Cordiales saludos.


Respuesta del sacerdote

Estimado Amigo,

1. Sí, no querer bautizar a su hijo es una grave responsabilidad para esos padres .

El problema es que no lo perciben como una responsabilidad.

Creo que estén convencidos de actuar bien.

2.     Es más, su responsabilidad es grande, sobre todo hacia ellos mismos.

Porque el nacimiento del hijo los ha puesto frente al  problema del Bautismo.

Y en lugar de aprovechar  la ocasión para profundizar sobre  la gracia de este Sacramento, lo más probable es que hayan concluido rápidamente que no sirve para nada.

Es de esperarse que lo que dijo el Señor acerca de aquellos fariseos que se ensañaron contra Él y contra el ciego de nacimiento no se aplique a su caso: «He venido a este mundo para un juicio: Para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven»  (Jn  9,39).

Añadiendo poco después: «Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen: “Vemos”, su pecado permanece» (Jn 9,41)

San Agustín comenta: “Si fueran ciegos, si se dieran cuenta que son  ciegos, si admitieran ser ciegos, irían al médico; pero visto que dicen: “Vemos”, su pecado permanece. Porque engañándose a ustedes mismos que ven, no buscan al médico y se quedan en su  ceguera.

3. Y también es grande en relación al hijo que queda mayormente expuesto al común adversario y no es santificado por la gracia.

Acerca de estar más expuesto al adversario común, Santo Tomás  escribe: “El poder demoníaco permanece en el hombre como mancha del pecado y deuda del castigo, hasta que el bautismo no elimine el pecado.

En el mismo sentido, San Cipriano escribe: “Sepan que la maldad del diablo puede resistir al agua salada, pero en el bautismo pierde todas las posibilidades de hacer daño.” (Epist. 76)” (Suma  de teología, III, 71, 3).

4. Su responsabilidad es grande porque lo privan de la gracia santificante que lleva en él la presencia personal de Dios.

Santo Tomás escribe: “El bautismo”, como dice S. Agustín, tiene la finalidad de integrar a los bautizados en Cristo como sus miembros.” (De bapt. parvul. 1,26).

Pero desde Cristo, como Cabeza de su Cuerpo, fluye plenitud de gracia y de virtud hacia todos los miembros, según la expresión de S. Juan: “De su plenitud, todos nosotros hemos participado” (Jn 1,16).

Por eso es evidente que con el bautismo se obtienen la gracia y la virtud. (Suma  de teología, III, 69, 4)

Vale la pena recordar que la gracia es como un cerco que hace que el niño sea inatacable por el diablo.

El diablo mismo lo reconoce echando en cara a Dios de haber puesto un cerco alrededor del justo Job de manera que no pudiera hacerle nada: “¿Acaso tú no has puesto un cerco protector alrededor de él, de su casa y de todo lo que posee?” (Job 1,10) .

5. Además, el Bautismo, incorporando a Cristo, da al niño los méritos de la Pasión de Jesucristo, que son infinitos y muy preciosos.

Cuando los niños bautizados llegan a una cierta edad y son capaces de rezar, disfrutan de los méritos de la Pasión del Señor porque los recibieron gracias al Bautismo.

Y por eso el rezo de los niños es particularmente eficaz.

6. Todo eso sin mencionar los otros efectos del Bautismo, como la unión a la Iglesia, el sello o carácter impreso en el alma y lo que de él proviene.

El Papa Francisco dijo recientemente que administrar el sacramento del Bautismo a los niños es un acto de justicia.

Te agradezco por haberme dado la ocasión de evidenciar estos bienes.

Te  recuerdo ante el Señor y te bendigo.

 Padre Angelo 

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