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Pregunta

¡Hola Padre!

¡Cristo ha resucitado! ¡Qué bonito es este tiempo de Pascua! Hay quien piensa que la Semana Santa se acaba el 21 de abril (2019)… En cambio este es un tiempo largo y profundo. Pero seamos sinceros: ¡todos los domingos son de Pascua!

Hoy quería hacerle algunas preguntas. Una es esta.

Como sabemos, es correcto y adecuado que el Estado reconozca la Ley Natural y, por tanto, condene todo lo que vaya en contra de ella. Pero la Ley Natural, claramente remite a Dios, el autor de la misma. Por lo tanto, ¿no debería el Estado reconocer esto, es decir, la existencia de Dios, autor de la Ley Natural y dador de vida? Por otra parte, comprender la existencia de Dios es una cuestión de lógica y, por tanto, de razón, sin poner en duda la fe. Así, una abominación como el aborto sería condenada declarándola no sólo un crimen contra la humanidad, sino también una grave ofensa contra el Autor de la vida.  Quizás todos los Estados deberían mencionar a Dios en su legislación. ¿Qué piensa ud.?

En estos tiempos en los que la religión en gran parte de Europa se pone en último lugar y prevalecen el relativismo y el materialismo (pero también otros como el laicismo) el continente ya no tiene identidad. A estas alturas, los corazones y las mentes de muchos están simplemente llenos de basura e hinchados de estúpidos prejuicios (especialmente contra la Iglesia) y falsos ideales. (La «libertad» de las mujeres que gritan sí al aborto y el «derecho» a la eutanasia). Se dice que Europa debe redescubrir sus raíces cristianas.  Esto es cierto para el continente, pero también para la UE, si nos fijamos en la fe de los fundadores. Pero esta mirada a las raíces ¿debe ser obra de los políticos individuales, en su propio corazón, o debe ser algo oficial? En otras palabras, además de reconocer la existencia de Dios como autor de la Ley Natural, ¿debemos ir más allá y tener una forma de Estado confesional, o los políticos deben comportarse de forma cristiana sin acabar en la religión del Estado?

La última cuestión es teológica. No recuerdo si ya le he hecho esta pregunta… Pero creo que no. Un sacerdote me dijo una vez que la acogida de Dios a los paganos se produjo sólo porque los judíos no le escucharon, al rechazar y crucificar a Cristo. Pero aquí me vienen a la memoria las palabras de San Pablo que dice que Dios quiere que todos los hombres se salven y que encerró a los judíos en la desobediencia para usar la misericordia con los gentiles. ¿No ha sucedido, pues, que Dios ha sacado del mal de la dureza del corazón de algunos judíos el bien de la aceptacion de los gentiles? ¿No ha ocurrido esto precisamente porque Dios siempre ha querido que todos sean uno en Él? Luego, en el Antiguo Testamento también se habla de la llamada a los gentiles. Si los corazones de los judíos no hubieran estado tan endurecidos y si se hubieran convertido y no hubieran matado a Jesús, ¿qué habría pasado?

Gracias Padre por todo, rezo por ud.

Quizás este verano vaya a Bolonia. Sin duda visitaré la Basílica de San Domenico.

S.


Respuesta del sacerdote

Querido S.,

Lamentablemente te respondo muy tarde.

Este correo electrónico se publicará cuando la Semana Santa de 2020 haya pasado hace bastante tiempo.

En cualquier caso, sin embargo, te responderé. Y esto es lo más importante.

Te voy a presentar cuatro consideraciones. La primera es sobre la Pascua, y las otras tres son sobre las tres preguntas que me hiciste.

1. Lo que dices es correcto. El tiempo de la Pascua es muy hermoso porque el Señor derrama sobre nosotros un rayo de su vida nueva, de su vida como resucitado de entre los muertos para no volver a morir.

Hay una alegría particular que se experimenta en la Pascua. Es una alegría que no surge simplemente por el hecho de que los hombres hayan establecido ese día como una fiesta, como sucede por ejemplo para la fiesta del trabajo o de la república.

Es una alegría que es como un rayo de ese Paraíso en el que ha entrado el cuerpo glorioso de Cristo, cabeza de una nueva humanidad.

Este rayo de felicidad celestial de Cristo, el nuevo Adán, irradia sobre todos sus miembros, sobre cada hombre con el que desde el primer momento de su existencia ha estado unido personalmente.

Como bien observas, los cristianos experimentan esta felicidad cada domingo, que es el día conmemorativo de la Resurrección del Señor.

Así que los domingos -como decían algunos autores cristianos antiguos- no es lícito estar triste.

Juan Pablo II decía que es necesario educarse en la alegría dominical como virtud. Es necesario conservar esta alegría dada por el Señor, no perturbarla en nosotros mismos ni en nuestro prójimo.

2. A la primera pregunta que me has formulado te respondo lo siguiente: es tan cierto lo que me has escrito que Giorgio La Pira, que había hecho su gran aportación a la Asamblea Constituyente, cuando se trataba de votar la nueva Constitución de la República propuso introducir como prefacio las siguientes palabras: «En nombre de Dios el pueblo italiano se da una Constitución». Desgraciadamente, no se consiguió nada.

Son palabras, sin embargo, de enorme importancia porque habrían sido puestas ahí para significar que los hombres no son los creadores arbitrarios de toda ley. La ley que se dan a sí mismos a través de la Constitución está dentro de otra Ley que rige a todos los hombres, que vela por el bien de todos, en particular de los más frágiles y débiles como los niños en el vientre de su madre, y los orienta a su bien último y definitivo.

3. Decir que es necesario que Europa reconozca sus raíces cristianas no significa establecer una constitución confesional.

Un estado confesional sería una imposición arbitraria a quienes no son cristianos.

Pero aunque todos fueran cristianos, el Estado tiene su propia y justa autonomía en el gobierno de las realidades temporales.

Las palabras de Jesús: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» también pueden referirse a esto.

Reconocer las raíces cristianas significa, en cambio, adherirse a los principios del derecho natural redescubiertos por el Evangelio sobre los que se formó Europa.

Entre ellos, en primer lugar, el respeto a la persona humana, de hecho a toda persona humana desde el principio de su existencia hasta su desenlace natural.

Esto es la civilización.

4. La voluntad salvadora de Dios hacia todos es eterna y universal.

Sin embargo, Dios estableció un orden: en primer lugar quiso que el Evangelio se predicara a los judíos porque el Mesías había salido de este pueblo, a este pueblo el Señor se reveló primero, en medio de este pueblo realizaría todos los prodigios que acompañaron su predicación.

Este pueblo primero fue para dar el ejemplo de adhesión.

Para muchos de ellos fue motivo de resurrección. Para otros, sin embargo, fue motivo de ruina, como dijo el viejo Simeón en el templo.

Y lo que hicieron los judíos con respecto a él es un signo de lo que harían más tarde los pueblos a los que se iba a anunciar el Evangelio: unos lo acogerían, otros lo rechazarían.

Las razones del rechazo serían las mismas que llevaron a algunos judíos a hacerlo. Y esto «para que se revelen los pensamientos de muchos corazones» como dijo el viejo Simeón.

5. Espero que hayas ido a Bolonia y hayas aprovechado la ocasión para rezar ante el arca que conserva los restos mortales de nuestro Santo Padre Domingo y recibir los dos tercios de su espíritu, como pedía incesantemente el que luego fue el Padre Marie-Joseph Lagrange, fundador de la Escuela Bíblica de Jerusalén.

Con cariño te recuerdo ante el Señor y te bendigo.

Padre Angelo