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Pregunta

Querido Padre Angelo, buenas noches,

sabemos que Dios Padre genera al Verbo, que Lo ama infinitamente y es amado de la misma manera por el Hijo (o Verbo) porque el Hijo también es Dios.  Por tanto, el Hijo procede del Padre. El Espíritu Santo es Dios y procede del Padre y del Hijo: en la medida en que podemos pensar, ¿de qué manera procede el Espíritu Santo?


Respuesta del sacerdote

Querido,

1. El Espíritu Santo es el amor del Padre, es el amor de Dios.

Es el amor que está dentro de Dios, de hecho eso es Dios.

Pero Dios no ama a ciegas, sino conociéndose a sí mismo.

Por tanto, el Espíritu Santo procede del Padre por la vía intelectual, es decir, mediante el conocimiento mismo de Dios que es el Verbo, el Hijo.

2. Es verdad que Jesús dice: «Cuando venga el Consolador, a quien yo enviaré del Padre, es decir, el Espíritu de verdad que procede del Padre, El dará testimonio de mí» (Jn 15,26).

Sin embargo, el mismo Jesús dice también: «Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre» (Jn 14,26) y sobre todo: «Cuando me haya ido, os lo enviaré» (Jn 16:17).

3. También dice: «Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará.» (Jn 16,14-15).

Aquí se dice claramente que no es sólo el Padre, sino que también el Hijo envía al Espíritu Santo.

En efecto, el Espíritu toma del Hijo («tomará de lo mío») lo que revela, ya que todo lo que el Padre posee es también del Hijo.

4. Que también procede del Hijo y que, por tanto, es el Hijo quien la comunica, se dice en el Evangelio que narra la primera aparición de Jesús resucitado a los Apóstoles.

Entró en el cenáculo con las puertas abiertas y, tras decir «La paz esté con vosotros», sopló (es la comunicación del Espíritu Santo) sobre ellos y dijo: «Recibid el Espíritu Santo» (Jn 20,22).

5. San Paolo conferma tutto questo affermando che lo Spirito Santo non è soltanto lo Spirito del Padre, ma è anche lo Spirito del Figlio.

Dice infatti: “Dio ha mandato nei nostri cuori lo Spirito del suo Figlio” che grida: “Abbà, Padre!” (Gal 4,6).

5. San Pablo confirma todo esto al afirmar que el Espíritu Santo no sólo es el Espíritu del Padre, sino también el Espíritu del Hijo.

En efecto, dice: «Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo», que grita: «¡Abba, Padre!». (Gálatas 4:6).

6. Sólo hay un principio del que proceden el Hijo y el Espíritu Santo: el Padre.

Única también es la inspiración, la del Padre por medio del Hijo, es decir por vía cognitiva.

7. En el Concilio de Florencia (1439) se llegó a un acuerdo entre latinos (católicos) y griegos (ortodoxos) hasta el punto de declarar: «En nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, con la aprobación de este sagrado y universal Concilio florentino, establecemos que esta verdad de fe sea creída y aceptada por todos los cristianos»: y, por tanto, profesen todos que el Espíritu Santo procede eternamente del Padre y del Hijo, que tiene su esencia y su ser subsistente conjuntamente del Padre y del Hijo, y que procede eternamente del uno y del otro como de un solo principio y de una sola inspiración» (DS 1300).

Y también: «Declaramos que lo que afirman los santos Doctores y Padres -es decir, que el Espíritu Santo procede del Padre por medio del Hijo- debe entenderse y que el Hijo, al igual que el Padre, es la causa (según los griegos), el principio (según los latinos), de la subsistencia del Espíritu Santo.

Y puesto que todas las cosas proceden del Padre, el mismo Padre se las ha dado al Hijo por generación, a excepción de su ser Padre: esta misma procesión del Espíritu Santo desde el Hijo, el mismo Hijo la tiene eternamente desde el Padre, por quien también fue eternamente generado» (SD 1301).

8. Los griegos coincidían con los latinos en suscribir también lo siguiente: «Definimos además que la explicación dada por la expresión «Filioque» (y del Hijo) fue lícita y razonablemente añadida al Símbolo, para hacer más clara la verdad y por la necesidad entonces inminente» (DS 1302).

9. Sin embargo, después del Concilio de Florencia, en Occidente siguieron profesando que el Espíritu Santo «procede del Padre y del Hijo», mientras que en Oriente continuaron adhiriéndose a la fórmula original del Concilio de Constantinopla.

Deseando que estéis siempre llenos del Espíritu Santo, os bendigo y os recuerdo al Señor.

Padre Angelo


Traducido por Letizia De Carlonis