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Pregunta

Querido Padre Angelo,

Todavía la estoy molestando con una pregunta nacida en mí al asistir a la pastoral familiar.

Un amigo salió diciendo que el acto de contrición cuando dice “porque al pecar he merecido tus castigos” está incorrecto porque Dios siendo amor no castiga. Muchos otros han dicho como él.

Tratando de hacerlos reflexionar, les dije que el castigo de Dios no es algo malo porque es su manera de convertirnos.

Aparte del Antiguo Testamento, que está repleto de castigos divinos, noté que el Nuevo también habla de los castigos de Dios. Ver 1 Corintios 11:32, Hebreos 12: 4-11, Hechos 12: 21-23, Hechos 5: 5, Apocalipsis 3:19.

Entonces pregunto: si Dios hace avanzar toda la historia del hombre, ¿es posible que también intervenga con “castigos” de la manera que sólo Él conoce para favorecer la conversión de los hombres?


Respuesta del sacerdote

Querido Marco,

1. Es necesario entenderse bien para no malinterpretar.

En primer lugar, digo que tus amigos se equivocan al decir que la expresión del acto de contrición sea incorrecta.

Se debe recordar que el Señor impide que la Iglesia cometa errores en sus actos de adoración. Debería decirse que en sus momentos más altos el Señor no la asiste. Lo cual es evidentemente contrario al Evangelio.

Especialmente porque la expresión de los castigos de Dios se encuentra tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

2. El malentendido surge del hecho de que a menudo se piensa que Dios castiga como los padres castigan a los hijos cuando no cumplen con su deber.

Dios no se comporta así.

3. Los castigos, por otro lado, son inmanentes al pecado.

Así que quien peca siempre se castiga a sí mismo.

4. Y se castiga a sí mismo de dos formas.

Primero, porque al violar la ley moral, que está escrita en nuestra propia naturaleza, se daña a sí mismo de una manera análoga a la de quien bebiendo veneno se lastima a sí mismo

Por eso Juan Pablo II dijo: “Por ser el pecado una acción de la persona, tiene sus primeras y más importantes consecuencias en el pecador mismo, o sea, en la relación de éste con Dios —que es el fundamento mismo de la vida humana— y en su espíritu, debilitando su voluntad y oscureciendo su inteligencia.” (Reconciliatio et Paenitentia 16), y así, ofendiendo gravemente a Dios, “termina por volverse contra el mismo hombre con una oscura y poderosa fuerza de destrucción.”(RP 17).

5. Segundo, porque al pecar destruimos por nosotros mismos las barreras de defensa que Dios nos ha dado (la gracia santificante) y permitimos que nuestros enemigos visibles e invisibles nos hagan daño.

6. Dado que Dios permite ambas formas de castigarnos a nosotros mismos, no está mal decir “porque al pecar he merecido tus castigos”.

Dios tampoco se equivoca en sus permisos.

Sabemos por la fe que “que Dios dispone, todas las cosas para el bien de los que lo aman.” (Rom 8, 28).

San Agustín dice: “Dios, que es supremamente bueno, no permitiría en modo alguno el mal si no fuera tan poderoso y bueno como para saber sacar el bien incluso del mal” (Enchiridion).

Te deseo una Santa Navidad.

Te recuerdo al Señor y te bendigo.

Padre Angelo


Traducido por Alessandra Pelizzaro