Questo articolo è disponibile anche in: Italiano Español

Pregunta

Padre Angelo,

Hace unos 5 años, preguntándome qué quería el Señor para mí como vocación, me encontré con un pasaje de los levitas, me pareció interesante y pensé en la figura del diácono.

De hecho, por lo que entendí al leer las notas, a estos no se les permitía el acceso a las partes interiores del Templo porque no se podía saber cuáles de ellos habían permanecido fieles a Dios durante un tiempo de gran tribulación y cuáles habían sacrificado a los otros dioses en las alturas de los alrededores.

Pienso que con el término general «levitas» nos referimos a los descendientes de la tribu de Leví que no tenían un rango lo suficientemente alto como para sacrificar en las partes más interiores y «Sagradas» del Templo.

Así que relacionándolo con la actualidad (es decir, si se quisiera responder a la pregunta «¿quiénes son los levitas hoy?»), por la división del Sacramento del Orden pensé en el escalón más bajo e intermedio entre los laicos y la jerarquía: los diáconos, que no pueden consagrar el pan y el vino (es decir, no pueden «entrar en el Santo de los Santos»).

Soy laico y en mi último escrutinio vocacional las referencias que me hablaban de los levitas fueron muchas. El pasaje inicial que se nos propuso no los nombraba en absoluto. Por lo tanto, después de todo este tiempo, me encontré una vez más ante ellos y lo que esto significa en mi vida.

He leído algunas de las cosas que Usted escribió en la página web sobre la función de los diáconos en la Iglesia y personalmente los he visto ocupados principalmente en la catequesis, la adoración, el servicio de la misa.

De los Hechos de los Apóstoles veo que eligieron a 7 sabios cultos (en la Sabiduría de Dios) para que se ocuparan de las obras de caridad con las viudas y los huérfanos, algo que no hoy no pasa a nivel de roles, sino a nivel personal.

Me gusta la idea de ayudar a la Iglesia «desde dentro» (los laicos también están dentro pero según los textos parece que el papel de la caridad a nivel comunitario es específico de los diáconos), de casarse (el celibato me cuesta aceptarlo). Me confunde que tanto los santos sacerdotes y los religiosos, como los laicos hagan tan bien la caridad a nivel amplio, que parece que el diaconado es superfluo como rol.  Es decir, si ya se hace bien sin tener la Unción ni ser sacerdotes, ¿qué sentido tiene mantener el rol? Hoy me parece que realizan tareas más litúrgicas o de caridad espiritual que de caridad material, lo cual es confuso, pero así al menos se parece más a como me imagino a los antiguos levitas.¿Qué tipo de relación con Dios y la comunidad se necesita para reconocer esta vocación en mí?¿Qué tipo de relación con Dios y la comunidad se necesita para reconocer esta vocación en mí? No tengo las ideas claras dentro de mí, como si todavía hubiera oscuridad y ruido y el camino siguiera abierto. 

Gracias y que el Señor te bendiga, te preserve de todo mal (y también que te lleve a la Vida Eterna).


Respuesta del sacerdote

Querido,

1. A partir de lo que me has escrito entiendo que tu vocación principal es servir a la Iglesia a través del matrimonio.

Y entonces se te ocurre la idea de seguir sirviendo a la Iglesia a través del diaconado.

2. La vocación a las Órdenes Sagradas proviene generalmente de la comparación de las necesidades de la Iglesia (local y universal) con los propios talentos que se manifiestan ante todo en la inclinación hacia ese ministerio.

Esta es la primera forma en que el Señor nos llama.

3. Esta inclinación se produce entonces en el análisis de la idoneidad de la persona para ese ministerio. Las aptitudes incluyen tanto la inclinación a desempeñar ese ministerio como la preparación requerida, incluida la preparación doctrinal.

4. En tercer lugar, es necesario verificar si la persona, además del interés y la aptitud, ha adquirido un comportamiento moral conforme a la vocación requerida.

En caso contrario, por un lado, uno estaría construyendo con sus talentos, y, por otro, destruyéndose a sí mismo con su conducta moral.

En efecto, no bastan los deseos, ni las inclinaciones, por muy sentidas y competentemente adquiridas, ni siquiera la preparación doctrinal.

Se necesitan las virtudes morales como punto de partida, empezando por la capacidad de conservarse habitualmente en la gracia de Dios.

5. En tu caso particular, al sentirte orientado hacia el matrimonio y el diaconado, antes deberías definir el primer objetivo.

Luego cumplirás con el segundo.

En caso contrario, si quieres ser diácono primero, tienes que saber que, una vez ordenado diácono, según las leyes de la Iglesia, ya no podrás contraer matrimonio.

Con el deseo de que puedas servir a la viña del Señor en el doble camino para el que te sientes llamado, con el deseo también de una Santa Navidad, te encomiendo al Señor y te bendigo. 

Padre Angelo


Traducido por Melanie Fornari