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Querido padre Angelo Bellon,

Soy un joven amante del estudio, la investigación y la verdad (consciente de que esta última, la verdad, nunca se “da” de una vez por todas, sino siempre y sólo en el camino de la investigación, “del cansancio del concepto” de Hegeliana memoria).

De vez en cuando sigo su columna, pero con mucho interés, porque demuestra una gran erudición y sobre todo una fuerte coherencia argumentativa.

La pregunta que quiero hacerle es la siguiente: ¿por qué es necesario seguir un camino para el establecimiento definitivo del Bien? Es decir: ¿por qué fue “necesario” que el hombre decayera, que llegara su hijo unigénito Jesucristo (encarnación del Logos), y que una segunda venida sea “necesaria”? Traduciendo también podría decir: ¿por qué es necesaria la “historia”?

No sé si me he explicado, pero tengo que mantenerme dentro de los límites que ofrece el medio y ciertamente no exponerle un ensayo, pero estoy seguro de que cuando me explique sus pensamientos sobre esto, además de ser agradable para mí, también será una oportunidad para madurar intelectualmente.

Un cordial saludo, lleno de estima y de espera.


Respuesta del Sacerdote

Querido

1. En el fondo de su correo electrónico surge un concepto de historia que presupone un cierto tipo de camino, el de Hegel.

El cual afirmó que el espíritu absoluto evoluciona con el tiempo según un proceso dialéctico de tesis, antítesis y síntesis.

Según este concepto, nada sería definitivo. Todo evolucionaría. Y evolucionaría según el proceso indicado.

2. En realidad, sin embargo, hay verdades definitivas.

Empezando por Jesucristo que dijo de sí mismo: «Yo soy la verdad» (Jn 14, 6).

Estamos de acuerdo en que Cristo es la Verdad divina nunca suficientemente conocida por la mente humana.

Pero que sea la Verdad divina y también la Verdad definitiva sobre el hombre, que sólo en Cristo puede entenderse plenamente, es una verdad definitiva.

3. Esto no niega que haya un progreso en la comprensión del hombre.

De hecho, este estudio adicional es una verdadera riqueza.

Los cristianos saben que Jesucristo les ha asegurado el Espíritu de verdad (el Espíritu Santo) para conducirlos a toda la verdad: “Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo” (Jn 16,13).

4. Sin embargo, por ser el Espíritu de la verdad, todo lo que dará a conocer más nunca será puesto en relación de antítesis con lo dicho anteriormente, porque ha sido proclamado verdadero por el mismo Espíritu de verdad, que no puede contradecirse.

De lo contrario, no sería el Espíritu de verdad.

5. Por eso en teología está vigente el axioma teológico, que dice así: “quod semel verum, semper verum” (lo que es verdad una vez, siempre es verdad).

6. De ahí sigue que todo el progreso al que conduce el Espíritu de verdad no se producirá de forma dialéctica, como quiere Hegel, sino de forma homogénea.

Esto es cierto tanto en las verdades de la fe como en las verdades sobre la moral, como enseñó Juan Pablo II en la encíclica Veritatis Splendor: “El desarrollo de la doctrina moral de la Iglesia es similar al de la doctrina de la fe.”

Las palabras pronunciadas por Juan XXIII con motivo de la apertura del Concilio Vaticano II (11 de octubre de 1962) también se aplican a la doctrina moral: “Ocurre que esta doctrina (= la doctrina cristiana en su totalidad) cierta e inmutable, que debe ser respetada fielmente respetada, sea profundizada y presentada de manera que responda a las necesidades de nuestro tiempo.

En efecto, el depósito de la fe en sí es otra cosa, es decir las verdades contenidas en nuestra venerable doctrina, y otra cosa es la forma en que se enuncian, conservando el mismo sentido y la misma significación para ellas”(VS, nota 100).

7. Es cierto, en cambio, que algunos caminos históricos se han desarrollado según un método que parece dialéctico.

El comunismo social se ha contrapuesto al individualismo liberal.

El cual a su vez se derrumbó para dejar espacio a algo que aún no se ha delineado claramente excepto en términos de negación y fracaso del socialismo real.

8. Al respecto tenía razón Giorgio la Pira, un terciario dominico que incluso vivió en el convento dominico de San Marco en Florencia: “De la libertad de Rousseau derivan – sin subestimar ciertos preciosos crecimientos sobre el tema del hombre – los mayores males de que nuestra civilización y nuestra sociedad están sufriendo: la libertad económica ha producido la división social entre el capitalismo y el proletariado; la libertad política ha producido internamente la tiranía de la mayoría y la desarticulación del cuerpo social; la propia libertad política ha producido en la vida internacional la desintegración de la unidad de las naciones y la oposición de un estado a otro y de una nación a otra; la libertad individualista ha producido el debilitamiento del vínculo familiar y de las normas fundamentales de la ética cristiana.

En resumen: quitad la libertad de la ley y la gracia: tendréis como resultado lo que sucede en la física cuando se resta un cuerpo de la ley de la gravitación: ¡la fuerza centrífuga no equilibrada por la centrípeta produce efectos aterradores! ¡Una estrella que ya no puede moverse en su órbita!” (G. La Pira, Por una arquitectura cristiana del estado, p. 116).

9. Y luego continúa y dice: “La prueba no es realmente difícil. De hecho, ¿cuál fue la síntesis católica? Una integración entre naturaleza y gracia; entre la razón y la revelación; entre libertad y ley; entre persona y sociedad; entre estado y estados.

¿Qué es la reforma? La naturaleza desintegrada por la gracia: es decir, el equilibrio del hombre, – que se alcanza sólo en el nivel sobrenatural de la gracia – roto en su eje fundamental.

¿Qué es la Ilustración y la Enciclopedia (incluido Kant)? Este desequilibrio y esta desintegración fundamentales se extendien a toda la vertical de la acción humana: la razón desintegrada por la revelación; la libertad desintegrada por la ley; la persona desintegrada por la sociedad; el estado desintegrado por los estados.

¿Qué es la Revolución Francesa y el estado democrático burgués que resultó de ella? Esa desintegración transcrita en la economía (economía liberal), en la política (la política del contrato social: el individualismo político), en el derecho (separación del derecho positivo por el derecho natural) y que se ha convertido en estado.

Pero cuando se rompe un equilibrio hay movimientos violentos y opuestos: el péndulo, habiendo perdido su posición central, se mueve violentamente hacia la derecha y hacia la izquierda.

De hecho, ¿qué son el socialismo naciente, el nacionalismo, el comunismo?

Estas son las reacciones gigantes que se oponen a la acción disociadora generada por la reforma y maduradas en el individualismo filosófico y político: son un intento de reintegración, pero ya no en el plano sobrenatural de Dios, de la razón con la revelación (pero la inmanente en el estado, de la nación, de la raza, de la clase, etc.), de la libertad con la ley (la del estado, de la clase, etc.) de la persona con la sociedad (con la absorción de la persona en la sociedad).

Es un “catolicismo” secular: sin Dios, sin Cristo, sin gracia, sin el valor trascendente de la persona.

¿Qué prueba todo esto? Demuestra que el centro de la crisis humana sigue estando en esa desintegración de la síntesis católica que ninguna otra integración es capaz de reemplazar: nada se entiende de los grandes movimientos doctrinales y políticos de nuestro tiempo si no tenemos presente este panorama general y este “pecado original” de la civilización moderna constituido por la gigantesca ruptura de la síntesis cristiana.

La «dialéctica» de la crisis está toda aquí: se busca un eje para equilibrar el individuo y la sociedad, la libertad y la ley, el estado y los estados, la razón y la revelación, la naturaleza y la sobrenaturaleza: y este eje sólo puede ser el cristiano.

La integración será cristiana o no lo será, el equilibrio será cristiano o no lo será.

Estos son los términos del drama de la era moderna y los elementos que arrojan luz en la oscura tragedia contemporánea” (Ib., págs. 111-112).

10. Me preguntas: ¿por qué la historia?

Porque el hombre, a diferencia de los ángeles, es un ser racional que avanza paso a paso.

Es gracias a la historia que puede haber progreso.

También es gracias a la historia que puede haber regresión e involución.

Asimismo, es gracias a la historia que es posible el arrepentimiento, la contrición y un cambio de vida.

Pero el camino de la historia, tanto individual como colectiva, no está inexorablemente sujeta al método dialéctico.

Puede haber un camino y un progreso lineal de gracia en gracia y de virtud en virtud, como se ve en la vida de algunos santos.

Te agradezco la pregunta, te deseo ese progreso lineal de gracia en gracia y de virtud en virtud de lo cual te he mencionado, te recuerdo al Señor y te bendigo.

Padre Angelo


Traducido por Alessandra Pelizzaro