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Cuestión

Padre Ángelo,

El ateísmo, a la larga, ¿puede dar una terrible sensación de falta de consistencia de las criaturas y de la creación? Como si ya no se pudiera ver nada bueno en nada ni en nadie, como si todo tuviera que desaparecer de un momento a otro, incluidos nosotros mismos… Una sensación que le hace ver al hombre como un ser a merced de sus instintos (interioridad cruel y maligna) y de una naturaleza brutal y caprichosa que alterna calamidades naturales y adversidades climáticas (mundo exterior). ¿Podría haber la sugerencia del Diablo en ciertas sensaciones, ya que parecen la antesala del infierno? Sin embargo, las criaturas y la creación tienen la impronta divina, por lo que algo bueno debe haberse conservado a pesar del deterioro causado por el pecado del hombre, aunque es muy difícil percibir que todo te habla de Dios. ¿Los pecados del hombre sólo oscurecen la conciencia o pueden incluso dañar la psique?

te saludo cordialmente.


Respuesta del sacerdote

Querido,

1. Que algunos pecados también tienen un impacto en la vida psíquica es manifiesto, como por ejemplo en los drogadictos o en los alcohólicos, aunque estas desviaciones frecuentemente tienen a su vez causas de origen psíquico. En algunas personas se produce una especie de círculo vicioso. De la que no es fácil salir desde el punto de vista humano. Afortunadamente existen los recursos de la gracia.

2. Que los pecados perjudican a quienes los cometen es igualmente evidente. Juan Pablo II, en la Reconciliatio et Paenitentia, recordó que las primeras y más importantes consecuencias del pecado recaen sobre el propio pecador con una oscura y poderosa fuerza de destrucción» (RP 17). El Papa habla de pecado mortal, por supuesto, porque hace que se pierda la presencia personal de Dios a través de la gracia. Quien vive en situación de pecado mortal siente un vacío interior que, de ordinario, sólo puede llenarse con la confesión sacramental. Mientras que no hay nada tan beneficioso desde todos los puntos de vista como la presencia del Esposo, de Jesucristo, en el alma. De esta presencia leemos en la Sagrada Escritura que «su compañía no da amargura ni dolor al vivir con él, sino satisfacción y alegría» (Sb 8,16).

3. Si estos son los beneficios de vivir en gracia, se puede entender cómo indirectamente el pecado puede afectar a la vida psíquica de una persona que está privada de estos bienes. De hecho, nada puede sustituir la presencia del Esposo (de Jesucristo) en el alma porque es su prerrogativa exclusiva penetrar en ella personalmente. Todos los demás, por mucho que se les quiera, pueden estar presentes en el corazón y en la mente con afecto, pero con su persona están siempre fuera.

4. Santo Tomás señala que en otro sentido el pecado puede afectar a la vida psíquica de la persona en el sentido de que «por su dinamismo natural el amor transforma al que ama en la realidad amada».Por eso, si amamos las cosas inútiles y pasajeras, también nosotros nos volvemos inútiles e inconstantes, como dice el profeta Oseas: » se hicieron abominables como el objeto de su amor.» (Os 9,10). En cambio, si amamos a Dios, nos volvemos divinos, porque «quien se une al Señor forma (con él) un solo espíritu» (1 Cor 6,17)» (Santo Tomás, In duo praecepta caritatis et in decem legis praecepta expositio).

5. Esta reflexión de Santo Tomás es muy preciosa. Nos recuerda que cada uno se vuelve como lo que ama. Si ama las cosas vacías, se vuelve vacío. Si ama a Dios, se enriquece interiormente porque se hace uno con Él.

Gracias por hacerme destacar estos aspectos de la vida cristiana que nos hacen amarla aún más.

Te encomiendo al Señor y te bendigo.

Padre Ángelo