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Consulta,

Estimado Padre Ángelo,

He leído el capítulo 9 en la carta a los romanos y pareciera que esta confirma la idea de la predestinación y de la gracia irresistible de la doctrina calvinista. En particular cuando Pablo dice: “Entonces no depende de la voluntad ni de los esfuerzos del hombre sino de Dios que usa su misericordia, 17 La escritura dice al Faraón: Te he constituido para mostrar en ti mi poder y para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra. 18 así pues tiene misericordia de quién quiere y a quién quiere le endurece el corazón”. Pareciera que Dios decide a quién salvar con su misericordia y a quién condenar.

Como católico siempre he pensado que para alcanzar la salvación se necesitan tres cosas:

1) La gracia, porque sin el sacrificio expiatorio de la cruz el hombre no habría sido redimido.

2)La fe salvo que Dios en su irrefutable juicio haya decidido no dársela al individuo.

3)Las obras como respuesta de amor a la gracia Divina porque sabemos que el hombre de fe no es el que dice: Señor, Señor sino quien sabiendo de la existencia de Dios decide obedecer su voluntad, es decir amar como Cristo ama. Sin embargo, en la lectura del capítulo pareciera no ser así.

¿Qué me puede decir al respecto? 


Estimado,

1. Cabe recordar que para los protestantes la libertad del hombre ha sido anulada con el pecado de Adán.

En Servo Arbitrio, Lutero dice que la voluntad humana es como una bestia de carga puesta entre dos jinetes. “Si cabalga Dios, quiere lo que Dios quiere si se sienta encima Satanás, quiere lo que Satanás quiere y va en la dirección que Satanás le indica. Y no está en su libre elección correr hacia un jinete u otro” (M. Lutero, De servo arbitrio, en obras seleccionadas, 6, a cargo de E. de michelis pintacuda, Claudiana, Torino 1993, p. 125).

La Fórmula de la Concordia declara, resumiendo la posición de Lutero que las sagradas escrituras no atribuyen ni parcial ni totalmente a la conversión, la fe en Cristo, la regeneración y todo lo que pertenece a su inicio y complemento a los poderes humanos del libre albedrío natural sino única y exclusivamente a la obra divina del Espíritu Santo (Solida Declaratio, 2,25).

2. Por el contrario, el concilio de Trento afirma que, si la fe es imposible sin la ayuda sobrenatural, la gracia no produce su acción salvífica sin el consentimiento de aquellos que la reciben.

La libertad humana, aunque fue debilitada por el pecado de Adán, no fue abolida, sino atenuada (DS 1521). Queda todavía suficiente para que el creyente pueda seguir voluntariamente la inclinación de la gracia “Y de tal modo no quedarse absolutamente inerte al recibir aquella inspiración, que puede también rechazar” (DS1525).

3. El concilio con dos citas de la escritura muestra por un lado que la libertad permanece y por el otro, que la justificación nace de la gracia de Dios: “Cuando en las sagradas escrituras se lee: ‘Conviértanse a mí y yo me volveré a ustedes’ (Zac 1,3), se refiere a nuestra libertad y cuando respondemos: ‘Reclamanos a ti Señor y volveremos’ (Lam 5,21), confesamos que somos provistos de la gracia de Dios” (DS 1525).

4. El vaticano I, ha repetido la doctrina tridentina que ve la fe como una libre sumisión a la gracia de Dios, que no es irresistible: “Por eso la fe en sí misma… es un don de Dios, y el acto de fe es una obra que concierne a la salvación, con la cual el hombre ofrece a Dios su libre obediencia, consintiendo y cooperando con su gracia, a la cual se podría resistir” (DS3010).

La libertad del acto de fe fue uno de los grandes temas del Vaticano II. El Dei Verbum describe la fe como “la obediencia” con la cual el hombre se abandona  a Dios libremente… acogiendo libremente la revelación que viene de Él”.

De resto “El hombre puede volverse al bien solamente en libertad” (GS 17).

5. Era necesario hacer esta premisa porque los protestantes leen de forma delimitada el pasaje de Romanos 9, sin tener presente los otros pasajes de la sagrada escritura donde se habla de la libertad del hombre.

6. Sobre Rom 9,16: “Entonces no depende de la voluntad ni de los esfuerzos del hombre sino de Dios que usa su misericordia” Santo Tomás escribe:

“Las acciones vienen siempre atribuidas al agente principal antes que al secundario. Por ejemplo, no decimos que el hacha es la que construye el arca sino el artífice por medio del hacha. Por eso se dice que “Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios son hijos de Dios” (Rom 8,14) en consecuencia las acciones interiores del hombre no deben ser atribuidas principalmente al hombre en sí sino a Dios: “Pues es Dios el que obra en ustedes el querer y el obrar, según su voluntad” (Fil 2,13). Por eso entonces es necesario decir que Dios mueve todas las cosas según su naturaleza, en modo tal que todo es dirigido por Él.

Así el hombre es movido por Dios en el querer y el obrar según su libre voluntad, de esta manera el querer y el obrar es del hombre como agente libre, pero al mismo tiempo no es del hombre como iniciativa sino de Dios. 

7. Sobre el otro versículo: “así pues Dios tiene misericordia de quién quiere y a quién quiere le endurece el corazón” (Rom 9,18) esto nos dice Santo Tomás: “Si fuese Dios quien endurece el corazón del hombre en consecuencia sería el autor del pecado, contra lo cual se dice en Santiago 1,13: Dios no tienta a nadie. Por lo tanto, hay que decir que Dios no endurece el corazón directamente (como si Él causara en sí la maldad) pero sí indirectamente, es decir el hombre es susceptible de ser tocado por lo que está tanto en su interior como en el exterior y es eso lo que Dios permite.

8. En cuanto respecta a las tres cosas que como católico haz siempre pensado para alcanzar la salvación, debo hacer una observación con relación a la segunda: La fe salvo que Dios en su irrefutable juicio haya decidido no dársela al individuo. No, Dios ofrece a todos la fe, porque quiere que todos se salven. Se contradiría a sí mismo si queriendo que todos se salven, no ofreciera a todos, los medios para lograrlo.

9. A este punto podrás reconocer que es un absurdo pensar como pensaba Lutero sobre la voluntad humana como una bestia de carga puesta entre dos jinetes: “Si cabalga Dios, quiere lo que Dios quiere si se sienta encima Satanás, quiere lo que Satanás quiere y va en la dirección que Satanás le indica. Y no está en su libre elección correr hacia un jinete u otro”

De este modo uno terminaría en el infierno por pura albedrío divino. 

Te agradezco por la consulta, te deseo lo mejor. Te encomiendo en mis oraciones y te bendigo.

Padre Ángelo


Traducido por Laura Ustáriz