Cuestión
Buenos días, Padre Ángelo, me llamo Alessandro.
Otra cuestión que siempre ha surgido de nuestra conversación con este amigo se refiere a la conciencia, aquí están sus afirmaciones de las cuales le pido explicaciones

– si un creyente no sigue su conciencia comete un pecado mortal y termina el infierno, por supuesto la conciencia debe estar bien formada, y sobre este punto Dios nos pedirá cuentas, y debemos distinguir entre la ignorancia supina, la crasa y la invencible. Los dos primeros son culpables, pero la tercera no.

– y si el fiel pensara según su conciencia que un acto es un pecado mortal, aunque no lo sea, si lo hace se le acusará de pecado mortal, porque su conciencia se lo dijo así; y luego me dio como ejemplo de que, si un sacerdote creyera en conciencia que cualquier tipo de juego debe ser considerado como juego de azar y por lo tanto como pecado mortal, y si se encontrara en el caso de ignorancia invencible, aunque fuera una orden de un superior (obispo), y se le pediría que organizara un bingo en la parroquia, en el caso él cumpliera con este cometería pecado mortal por haber desobedecido a su conciencia.
Y el caso también sería válido, por el contrario, es decir, si ante un acto que en sí mismo es pecaminoso, si su conciencia no le hiciera sentir el acto como un pecado, no cometería un pecado. Ahora Le pregunto, querido Padre Ángelo. Admitido el caso de ignorancia invencible, pero ¿no dice el apóstol San Juan en su primera carta que “Si hasta tu corazón te condena, Dios es más grande que tu corazón.”
Y siempre con respecto a la conciencia y a la invencible ignorancia, tal vez el problema no sea tanto escuchar y hacer, sino dónde está la Verdad, y cual autoridad escuchar, ya que la Iglesia es madre y maestra. Pero la objeción de mi amigo es que el primer santuario del hombre es la conciencia, que está por delante de cualquier otra autoridad.
Idealmente admitiendo de seguir esta línea, ¿no se corre el riesgo de caer en el subjetivismo y luego, cuando una persona puede ser consciente de tener una conciencia bien formada?
Disculpe que me tome tanto tiempo, espero que haya entendido y que pueda ayudarme a aclarar las cuestiones.
Le doy las gracias y Le recuerdo en la oración


Respuesta del sacerdote

Querido Alejandro,
1. esta segunda pregunta contiene varios errores. Comienzo, sin embargo, señalando la exactitud de la afirmación de que es necesario seguir la propia conciencia.

2. Mientras tanto, recuerdo lo que es la conciencia. Lo recuerdo en las palabras del Concilio Vaticano II: “En el fondo de la conciencia el hombre descubre una ley que no se da a sí mismo, a la que debe obedecer y cuya voz le llama siempre a amar y a hacer el bien y a huir del mal, cuando es necesario, dice claramente a los oídos del corazón: haz esto, huye del otro. El hombre, en realidad, tiene una ley escrita por Dios en su corazón: obedecerla es la dignidad misma del hombre, y según ella será juzgado.
La conciencia es el núcleo y el santuario más secreto del hombre, donde está a solas con Dios, cuya voz resuena en su propia intimidad. A través de la conciencia se da a conocer de manera admirable esa ley, cuyo cumplimiento consiste en el amor a Dios y del prójimo.” (Gaudium et spes 16).

3. Así que es justo lo que había intuido el Card. J.H. Newmann: “Mi naturaleza escucha a la voz de la conciencia como una persona. Cuando le obedezco, me siento satisfecho; cuando le desobedezco, siento una aflicción, como lo que siento cuando complazco o desagrado a algún querido amigo… Un eco implica una voz; una voz, alguien que habla. Es Aquel que habla que yo amo y venero” (Callista). “La ley divina es la regla suprema de las acciones; nuestros pensamientos, nuestros deseos, nuestras palabras, nuestras acciones, todo lo que es humano, está sujeto al dominio de la ley divina, y esta ley se hace ley suprema de nuestra conducta a través de nuestra conciencia. De ahí se deduce que nunca es lícito actuar contra la conciencia; esto lo expresa también el IV Concilio de Letrán, que dice: “quidquid fit contra conscientiam, aedificat ad gehennam” (todo lo que se hace contra la conciencia edifica para el infierno). La conciencia no consiste… en un deseo de ser coherente con uno mismo; es un mensajero que viene de Aquel que, tanto en la naturaleza como en la gracia, nos habla casi a través de un velo y nos guía a través de sus representantes. La conciencia es un vicario aborigen (el primero de todos) de Cristo, un profeta de su información, un monarca en sus órdenes, un sacerdote en sus bendiciones y anatemas; y aunque el sacerdocio eterno que se encuentra encarnado en la Iglesia pudiera dejar de existir, en la conciencia permanecería el principio sacerdotal y tendría el predominio” (Carta al Duque de Norfolk, c. 5).

4. Ahora llego a las declaraciones inexactas de tu correo electrónico. La primera: “si un creyente no sigue su conciencia comete un pecado mortal y termina en el infierno”: Eso no es cierto. Porque podría haber pequeñez de materia, como cuando uno dice una mentira venial. Sabe bien que va en contra de la conciencia, pero la materia es leve. La expresión del Concilio Lateranense IV: lo que sé que va en contra de la conciencia construye para la gehena, sólo significa que es una cosa equivocada, un pecado. Pero este pecado no es necesariamente mortal.

5. La segunda: “hay que distinguir entre la ignorancia supina, la crasa y la invencible. Los dos primeros son culpables pero la tercera no”.
La tercera también podría ser culpable, como recuerda el Concilio Vaticano II: “Pero esto no puede decirse cuando al hombre poco le importa de buscar la verdad y el bien, y cuando la conciencia se vuelve casi ciega como resultado del hábito del pecado” (Gaudium et spes 16).

6. La tercera: “y él me dio como ejemplo lo siguente, si un sacerdote creyera en conciencia que cualquier tipo de juego debe ser considerado como juego de azar y por lo tanto como pecado mortal, y si se encontrara en el caso de ignorancia invencible, aunque fuera una orden de un superior (obispo), y se le pediría que organizara un bingo en la parroquia, en el caso él cumpliera con este cometería pecado mortal por haber desobedecido a su conciencia”. No comete pecado mortal porque hay pequeñez de materia.

7. La cuarta: ” Y el caso también sería válido, por el contrario, es decir, si ante un acto que en sí mismo es pecaminoso, si su conciencia no le hiciera sentir el acto como un pecado, no cometería un pecado “. Hay inexactitud porque el juicio erróneo de la conciencia podría serle atribuido porque se preocupó poco de buscar la verdad y el bien, o porque su conciencia se volvió casi ciega por el hábito del pecado (cf. GS 16).

8. La quinta (pero la inexactitud aquí no es tuya, sino de tu amigo): ” Pero la objeción de mi amigo es que el primer santuario del hombre es la conciencia, que está por delante de cualquier otra autoridad “. La conciencia no es la primera autoridad porque no es tarea de la conciencia decidir lo que es bueno y lo que es malo, sino reconocer a la luz de Dios lo que es bueno y lo que es malo. Pues bien, Dios habla a través de la ley natural, cuya voz “dice claramente a los oídos del corazón: haz esto, huye de esto”. Es idéntica en todo, al menos en sus primeros principios universales. Además, el cristiano es ayudado por una nueva luz, la de Cristo, que se prolonga a través del Magisterio de la Iglesia.
Por esta razón el Concilio, en la Dignitatis Humanae, enseña que “los cristianos… en la formación de su conciencia deben considerar diligentemente la sagrada y segura doctrina de la Iglesia. De hecho por voluntad de Cristo la Iglesia Católica es maestra de la verdad, y su tarea es proclamar y enseñar de manera auténtica la verdad que es Cristo, y al mismo tiempo declarar y confirmar con su autoridad los principios del orden moral que surgen de la misma naturaleza humana” (DH 14). Y es por esta razón que Santo Tomás recuerda que “contra la autoridad de la Iglesia ni Jerónimo, ni Agustín, ni otros santos doctores se atrevieron a defender su propio juicio” (Suma Teológica, II-II, 11, 2, ad 3).
Así que decir que soy cristiano y creyente es lo mismo que dejarse guiar por Cristo y por aquellos a los que Cristo dijo que les obedeciera, porque les garantizó que les ayudaría desde arriba. Esto evidentemente en el ámbito de la fe y la moral, no en lo que no tiene nada que ver directamente con la fe y la moral. Tanto más si trata de un asunto cuestionable incluso desde un punto de vista meramente científico.
Te agradezco por la oración, te recuerdo al Señor y te bendigo.
Padre Ángelo

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