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Cuestión

Querido Padre Angelo,

Soy Fray Alejandro, carmelita descalzo y estudiante de cuarto año de teología. Hace poco escuché una reflexión sobre los milagros eucarísticos y oí al orador decir que tras la transmutación del pan en carne de la partícula consagrada, como en el milagro eucarístico de Lanciano, se conserva la presencia real y sustancial. Y que, en consecuencia, se debe dar adoración a estas reliquias como sucede con el Santísimo Sacramento de la Eucaristía.

¿Qué te parece? Te agradezco tu ayuda.

Hermano Alejandro del nombre de Jesús, ocd 


Respuesta del sacerdote

Querido hermano Alexander,

1. Pienso lo mismo que Santo Tomás, que expresa su pensamiento sobre este punto en la Suma Teológica (III, 76, 8). Esto es lo que dice en  contra: «En tales apariciones se da el mismo culto a lo que aparece que antes. Ahora bien, esto no sucedería si Cristo no estuviera realmente presente allí, a quien rendimos culto de latría. Así también en tales apariciones Cristo permanece en este sacramento».

2. En el cuerpo del artículo da las razones y escribe: «De dos maneras ocurren las apariciones en las que a veces se ve milagrosamente en este sacramento carne, o sangre, o incluso un niño. A veces, de hecho, el fenómeno se produce subjetivamente en los espectadores: sus ojos sufren una mutación, como si en la realidad exterior vieran realmente carne o sangre, o un niño, sin que por ello se produzca ninguna mutación en el sacramento. Así parece suceder cuando a algunos se les aparece bajo la apariencia de carne o de niño, mientras que a otros se les aparece como antes bajo la apariencia de pan; o cuando a la misma persona se le aparece por un tiempo bajo la especie de carne o de niño, y luego bajo la especie de pan».

3. Y añade: «Sin embargo, este fenómeno subjetivo no entra en la categoría de las ilusiones como los prodigios de los magos, porque esta mutación se produce divinamente en los ojos para expresar una verdad, y es manifestar la presencia real del cuerpo de Cristo en este sacramento; como el mismo Cristo, sin engañar, se apareció a los discípulos que iban a Emaús.(…). Y concluye: «Ahora bien, como en este caso no hay ningún cambio en el sacramento, es evidente que Cristo no deja de estar presente en él cuando se producen dichas apariciones».

4. Lo mismo ocurre cuando la mutación se produce objetivamente y es en las apariencias del pan y del vino. Bajo ellas el Cuerpo y la Sangre del Señor no dejan de estar presentes.

5. He aquí sus palabras precisas: «Otras veces, sin embargo, tales apariciones se producen no sólo en los órganos visuales de los espectadores, sino por una existencia real fuera de ellos del fenómeno que se ve. Esto es evidente cuando la aparición se presenta de forma idéntica para todos, y no dura un momento, sino un largo tiempo. (…). Por lo tanto, debemos concluir que, permaneciendo las mismas dimensiones que antes, hay mutaciones milagrosas en los demás rasgos, por ejemplo, en la figura, en el color y en otros rasgos similares, de modo que aparece carne, o sangre, o un niño. Y esto no es un engaño: porque, como se ha dicho anteriormente, sucede «para indicar una verdad», es decir, para demostrar mediante estas apariciones milagrosas que en este sacramento está verdaderamente presente el cuerpo y la sangre de Cristo».

6. Y he aquí la conclusión: «De este modo es evidente que, permaneciendo las dimensiones, que son el fundamento de los demás accidentes, el cuerpo de Cristo permanece verdaderamente en este sacramento».

Y por ello se le rinde el culto de latría, es decir de adoración.

Te agradezco que me hayas dado la oportunidad de exponer esta límpida doctrina de Santo Tomás, te deseo lo mejor, te encomiendo al Señor y te bendigo.

Padre Ángelo