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Estimado padre Angelo,

Le escribo para pedirle un consejo. Un día un sacerdote me dijo que cuando se comete un pecado mortal y no se logra confesar antes del domingo, se puede comulgar, pero hay que confesarse entre los ocho o diez días siguientes.

Entonces, según Usted, si tengo la duda de haber cometido un pecado mortal por ejemplo el viernes o durante el fin de semana, ¿puedo confesar el pecado en los días siguientes y comulgar de todas formas? ¿O sería mejor evitarla totalmente? 

Gracias


Querida,

Son dos las preguntas que me pones.

1. La primera tiene que ver con la posibilidad de comulgar con el propósito de confesar un pecado mortal dentro de ocho o diez días. Esta posibilidad no está contemplada en ningún lado porque la Sagrada Escritura es muy clara: «Por eso, el que coma el pan o beba la copa del Señor indignamente tendrá que dar cuenta del Cuerpo y de la Sangre del Señor. 

Que cada uno se examine a sí mismo antes de comer este pan y beber esta copa; porque si come y bebe sin discernir el Cuerpo del Señor, come y bebe su propia condenación. Por eso, entre ustedes hay muchos enfermos y débiles, y son muchos los que han muerto» (1 Cor 11,27-30).

2. En referencia a esto, Juan Pablo II en la encíclica Ecclesia de Eucharistia escribió: «La integridad de los vínculos invisibles es un deber moral bien preciso del cristiano que quiera participar plenamente en la Eucaristía comulgando el cuerpo y la sangre de Cristo. El mismo Apóstol llama la atención sobre este deber con la advertencia: “Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa” (1 Co 11, 28)». 

San Juan Crisóstomo, con la fuerza de su elocuencia, exhortaba a los fieles: «También yo alzo la voz, suplico, ruego y exhorto encarecidamente a no sentarse a esta sagrada Mesa con una conciencia manchada y corrompida. Hacer esto, en efecto, nunca jamás podrá llamarse comunión, por más que toquemos mil veces el cuerpo del Señor, sino condena, tormento y mayor castigo».

Precisamente en este sentido, el Catecismo de la Iglesia Católica establece: “Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar”.

Deseo, por tanto, reiterar que está vigente, y lo estará siempre en la Iglesia, la norma con la cual el Concilio de Trento ha concretado la severa exhortación del apóstol Pablo, al afirmar que, para recibir dignamente la Eucaristía, «debe preceder la confesión de los pecados, cuando uno es consciente de pecado mortal”». (Ecclesia de Eucharistia 36).

3. En el canon 916 del Código de Derecho Canónico figura una excepción: «Quien tenga conciencia de hallarse en pecado grave, no celebre la Misa ni comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental, a no ser que concurra un motivo grave y no haya oportunidad de confesarse; y en este caso, tenga presente que está obligado a hacer un acto de contrición perfecta, que incluye el propósito de confesarse cuanto antes».

Los dos hechos han de pasar juntos: hay que tener un motivo grave y tiene que faltar la oportunidad de confesarse

Ahora no hay un grave motivo de comulgar cuando se acude a Misa. 

Además, ¿dónde no hay oportunidad de confesarse? Tenemos el tiempo para hacer de todo, pero no queremos encontrarlo para confesarnos.

4. De todas formas, siempre se requiere la contrición perfecta, es decir un verdadero arrepentimiento de los pecados que permita a la gracia de llegar hasta nosotros hasta antes de la confesión. Porque la Santa Comunión nunca se puede tomar si se ha cometido un pecado mortal. En este caso, ya no sería Comunión, sino «condena, tormento y mayor castigo» como dice San Juan Crisóstomo.

5. Esta excepción es más por el sacerdote en el caso de que se encuentre en pecado mortal, porque por él hay el grave motivo de tener que celebrar la misa para los fieles que acuden.

Para los fieles, ¿cuándo sería el grave motivo?

En el pasado se decía que era cuando un sacerdote no estaba y se necesitaba tomar la Eucaristía. O también cuando una persona está a punto de recibir la Santa Eucaristía y se acuerda haber cometido un pecado grave. En este caso volver atrás sería motivo de confusión y vergüenza entre los fieles. 

6. La segunda pregunta es diferente porque me preguntas: en el caso de que una persona tenga la duda de haber cometido un pecado grave…

Pues, como deberíamos todos confesar los pecados mortales cometidos (y se supone que se hayan cometido con consciencia cierta), si no hay la certeza de haber cometido un pecado mortal en si no habría tampoco la obligación tan estricta a confesarse.

Sin embargo, ya que la situación de duda no es óptima porque nos exponemos a comulgar de forma indigna, todos los teólogos convienen en el exhortar a la confesión. 

Santo Tomás precisaría que, si una persona está segura del pecado cometido, pero tiene la duda si es mortal, tiene que confesarlo ya que tiene la duda.

«Sin embargo él no tiene que afirmar que su pecado es mortal, sino hablar de forma dubitativa, dejando el juicio al sacerdote que tiene que distinguir entre “lepra y lepra”» (Dt 17,8)” (cfr.

Somma Teologica, Suppl. 6,4, ad 3).

7. En caso de duda, si una persona se abstiene de comulgar es algo positivo. Muchas personas de principios lo hacen. Pero si se toma la Santa comunión no se puede decir que haya cometido un pecado grave. 

En este caso sirve lo que dice Santo Tomás, es decir que cuando hay duda de que un pecado sea mortal, hay que confesarlo.

Con la esperanza de que estés siempre atenta a la hora de tomar la Santa Comunión con las justas disposiciones para sacar lo mejor de ésta, rezo por ti y te bendigo.

Padre Angelo