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PREGUNTA 

Hola Padre Angelo,

Aprovecho de nuevo su disponibilidad para una pregunta sobre la confesión.

Para que el sacramento tenga validez además de decir todos los pecados graves cometidos (los veniales son recomendables, pero no obligatorios) se requiere el arrepentimiento y la intención de no cometer más pecados.

¿Esta intención se aplica también a los pecados menores (veniales) o sólo se refiere a los pecados mortales?

Se lo pregunto porque a veces me ha pasado que me he confesado bien, aunque sabiendo en mi corazón que pronto cometería otra pequeña falta.

En su opinión, ¿es válida la confesión en este caso?

Gracias Padre por la paciencia que siempre muestra al responder a mis preguntas.

En espera de su respuesta le saludo cordialmente.

RESPUESTA DEL SACERDOTE

Querido,
1. Siendo la confesión el signo sacramental de nuestro retorno a Dios, se requiere siempre la intención de no pecar más.

El propósito consiste en «la voluntad deliberada de no pecar más» (Concilio de Trento, sesión 14,4) y fluye de la naturaleza misma del arrepentimiento o contrición, que considera el pecado como un mal que debe ser eliminado y evitado.

2. La intención implícita, contenida en el arrepentimiento o la contrición, es suficiente.

La voluntad de no pecar más debe extenderse a todos los pecados mortales, porque separan de Dios.

3. No es necesario hacer un propósito especial para cada pecado individual. La voluntad general de evitarlos para siempre es suficiente.

4. Dado que es casi imposible hacer un propósito efectivo para todos los pecados veniales individuales, los teólogos morales sugieren que nos comprometamos por lo menos con uno, para que el sacramento sea el signo visible de nuestro regreso a Dios.

5. El propósito debe ser verdadero y, por lo tanto, no está sujeto a condiciones.

También debe ser firme, es decir, estar firmemente anclado, a pesar del temor a ciertos males. Esto no excluye la duda, el miedo e incluso una cierta expectativa de que, en el futuro, sobre la base de la propia inconstancia y fragilidad, se pueda volver a caer.

Pero esto no significa que haya que dudar de que la intención no era auténtica.

Porque «como el que entonces se sienta corre de verdad, así el que después vuelve a caer en el pecado puede arrepentirse de verdad» (Santo Tomás, Suma Teológica, III, 84, 10, 4).
En cualquier caso, debe ir acompañada de la confianza de que, con la ayuda de Dios, se pueden superar todas las dificultades.

No debe ser meramente platónico, sino efectivo. Esto requiere que se busquen medios para evitarlo.

6. El gran teólogo moralista dominicano de la primera mitad del siglo XX, Dominik Prümmer, escribió: «Si el penitente confiesa sólo los pecados veniales o en todo caso la materia libre (como los pecados mortales ya remitidos) para la validez del sacramento, así como se requiere un verdadero arrepentimiento o contrición, también se requiere una verdadera intención, que debe extenderse

– o a todos los pecados mortales que hay que evitar,

– o a un solo pecado venial que hay que evitar,

– o para enmendar cierta especie de pecados, como los pecados de la lengua,

– o para evitar todos los pecados veniales deliberados,

– o al menos disminuir la frecuencia de los pecados veniales» (Manual theologiae moralis, III, 356).

Te recuerdo al Señor y te bendigo.
Padre Angelo


Traducido por SusannaF