Buenas tardes Padre,
quisiera pedirle si me puede explicar la diferencia entre estas dos importantes oraciones: el Confiteor (que rezamos en Misa) y el Pésame (en el confesionario)?
Quisiera saberlo porque quisiera saber cuando es mejor orar con una u otra en mis momentos personales de oración: entender el verdadero significado me ayudaría a recurrir a ellas de forma adecuada.
Gracias por su amabilidad, 

Stefano

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Respuesta del sacerdote

Querido Stefano, 

1. son dos oraciones por las que se pide perdón.
Las dos son hermosas, pero tienen características diferentes.

2. El Confiteor tiene un alcance eclesial. Recuerda que somos deudores hacia toda la Iglesia, ya sea de la que peregrina en la tierra ya sea de la celestial.
De la que peregrina en la tierra porque con nuestros pecados la hemos privado de una fuente de gracia y en su lugar hemos preferido colocar algo que la contamina.
El santo Papa Juan Pablo II en la exhortación post sinodal Reconciliatio et poenitentia quiso evidenciar este aspecto con estas palabras: “reconocer que, en virtud de una solidaridad humana tan misteriosa e imperceptible como real y concreta, el pecado de cada uno repercute en cierta manera en los demás. Es ésta la otra cara de aquella solidaridad que, a nivel religioso, se desarrolla en el misterio profundo y magnífico de la comunión de los santos, merced a la cual se ha podido decir que «toda alma que se eleva, eleva al mundo». A esta ley de la elevación corresponde, por desgracia, la ley del descenso, de suerte que se puede hablar de una comunión del pecado, por el que un alma que se abaja por el pecado abaja consigo a la Iglesia y, en cierto modo, al mundo entero. En otras palabras, no existe pecado alguno, aun el más íntimo y secreto, el más estrictamente individual, que afecte exclusivamente a aquel que lo comete. Todo pecado repercute, con mayor o menor intensidad, con mayor o menor daño en todo el conjunto eclesial y en toda la familia humana” (RP 16).

3. Nos confesamos también ante la Iglesia celestial, ante los habitantes del paraíso, pues con el pecado no hemos tenido en cuenta sus inspiraciones, su ayuda, su intercesión.
Como prueba de ello se dice “Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor”.
En la fórmula anterior se acusaban los pecados a  Dios todopoderoso, a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado S. Miguel Arcángel, al bienaventurado S. Juan Bautista, a los santos Apóstoles S. Pedro y S. Pablo, a todos los santos …
Era una humilde confesión ante todo el paraíso.

4. Además el Confiteor recuerda los diferentes tipos de pecados en que podemos caer: “en pensamientos, palabras, obras y omisión».
Cuando alguien acude a confesarse e ingenuamente dice que no sabe de qué confesarse, sería suficiente detenerse un instante y pensar en los pecados cometidos con nuestro pensamiento, con nuestras palabras y con nuestras omisiones.
No hablo de obras, porque alguien podría decir: gracias a Dios en mi vida no hay pecados graves.
Pero en la vida de todos en cambio, sí que hay pecados con el pensamiento, las palabras y las omisiones.
El gran San Ambrosio en la oración antes de comulgar decía: “Misericordioso Señor Jesucristo, yo pecador, para nada presumiendo de mis propios méritos, sino confiando en tu misericordia y bondad, temo y tiemblo de acercarme a tu mesa dulcísima. Tengo el corazón y el cuerpo manchado por muchos pecados, la mente y la lengua no custodiada con cuidado…”.
Si San Ambrosio que era un santo se acusaba de no haber tenido especial cuidado de su mente y de su lengua, ¿qué deberíamos decir nosotros pobres pecadores?
Desafortunadamente, miserias, por lo menos veniales, las hay todos los días.

5. El pésame que decimos durante el sacramento de la confesión, tiene como finalidad la de conducir al penitente a que manifieste un verdadero dolor por sus propios pecados.
Hay dolor verdadero no solamente cuando se los detesta porque con ellos merecimos los castigos de Dios (a decir verdad son autocastigos, porque con el pecado nosotros mismos abrimos la puerta a nuestro enemigo que llega para robar, matar y destruir, cfr. Jn 10,10), sino mucho más porque hemos rechazado el amor de Dios, “a un Dios tan bueno y tan grande como Tú”, prefiriendo el de nuestro enemigo.

6. En esta oración, además, manifestamos la consecuencia más hermosa de nuestro arrepentimiento: “propongo firmemente no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado”.
Si esta promesa es sincera, se hará todo lo posible para hallar los medios para no volverlos a cometer.

 7. Es sincera por el propósito de “evitar las ocasiones próximas de pecado”.
Las ocasiones próximas de pecado son por ejemplo las situaciones que favorecen un comportamiento pecaminoso, como pueden ser la convivencias prematrimoniales y también las convivencias de otro tipo.

Con el deseo  de la liturgia, te bendigo y recuerdo en la oración.

Padre Angelo

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