Un visitador de nuestro sitio había pedido información acerca de la gloria accidental del paraíso. Luego escribió…
Disculpe si especifico más al respecto, ¿entonces por que Santo Tomás en la cuestión 89, primera parte, en relación al hombre, sobre “cómo puede conocer el alma separada del cuerpo” en el artículo 5 dice: Así como alguien de baja estatura corporal puede aventajar al que es mayor que él, así también, nada impide que aquél posea en la vida futura un hábito científico que no posea éste. Esto, sin embargo, apenas significará nada en comparación con otras prerrogativas que los más virtuosos tendrán.
Aún más: a la tesis 3 da la siguiente “Solución a las dificultades”: “Las dos ciencias son conceptualmente distintas. Por lo tanto, nada puede concluirse”.
Por fin, siempre en la cuestión 89, artículo 3, en la solución 4 dice: “El conocimiento que se adquiere en este mundo mediante el estudio, es propio y perfecto; aquel, en cambio, es confuso. No se sigue, pues, que entregarse al estudio sea vano.”
La verdad es que me resulta difícil conciliar estos pasajes con la idea que una mayor gloria accidental consista también en un mayor conocimiento. ¿No se puede acaso suponer que mientras más grande es la gloria accidental, mayor es el grado de bienaventuranza que se obtiene por el conocimiento, más que mayor es la claridad con la que se ven las cosas que no son Dios?
Le he dicho todo, disculpe si soy detallista.
Muchas gracias
FB
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Respuesta del sacerdote
Muy querido,
1. Santo Tomás en la mencionada cuestión de la Suma teológica habla del conocimiento del alma separada, independientemente del estado en que pueda hallarse.
Se trata de un conocimiento natural, que puede ser también “confuso”.
De este tipo de conocimiento, ya había hablado también el filósofo pagano Aristóteles.
Pero esta todavía no constituye la bienaventuranza accidental.
2. Hay que recordar que la bienaventuranza de la que hablamos es una realidad sobrenatural. Es la visión beatífica de Dios. Es ese estado de vida en el que nada falta.
Cada uno gozará de él según su propia capacidad, por lo cual los santos más pequeños no tendrán envidia de los más grandes. Es más, se alegran que Dios se entregue a algunos de forma más grande porque es infinitamente amable.
3. Al comentar Hebr 12, 22-23 que dice: “Ustedes, en cambio, se han acercado a la montaña de Sión, a la Ciudad del Dios viviente, a la Jerusalén celestial, a una multitud de ángeles, a una fiesta solemne, a la asamblea de los primogénitos cuyos nombres están escritos en el cielo”, Santo Tomás dice: “En la gloria celestial hay dos cosas que alegrará muchísimo a los bienaventurados, y es la fruición de la divinidad y la comunión con los santos.
En efecto poseer un bien no es hermoso si no se lo disfruta junto a los demás, como dice Boecio y el salmo 133,1 “¡Qué bueno y agradable es que los hermanos vivan unidos!”
4. De ahí que es correcta la distinción entre la bienaventuranza esencial y la accidental de la que hablan los teólogos.
La bienaventuranza esencial consiste en poseer a Dios mediante la visión beatífica.
La bienaventuranza accidental, además del gozo de los bienes que no son Dios, consiste en conocimientos infusos que se nos dan porque se ve directamente en la mente de Dios.
5. Santo Tomás en la mencionada cuestión (artículo 8), escribe: “En cuanto a las almas de los bienaventurados… Pues a lo dicho, Gregorio añade: “Lo cual no ha de pensarse de las almas santas, porque de quienes interiormente ven la claridad de Dios omnipotente no puede creerse en modo alguno que ignoren algo exterior”. (…).
Parece más probable, siguiendo la opinión de Gregorio, que las almas de los bienaventurados, que ven a Dios, conocen todo lo que aquí sucede, porque son iguales a los ángeles” (Suma teológica, I, 89, 1).
Como puede verse, en el paraíso no hay conocimiento confuso.
6. Acerca del conocimiento de los difuntos Santo Tomás dice: “Los muertos, considerada su condición natural, desconocen lo que sucede en este mundo y, sobre todo, los movimientos interiores del corazón. Pero a los bienaventurados, como dice San Gregorio se les manifiesta en el Verbo lo que les conviene conocer de nuestras cosas, e incluso de cuanto se refiere a los movimientos internos del corazón. Con todo, lo que cuadra mejor con su excelencia es que conozcan las peticiones a ellos dirigidas de palabra o mentalmente. Y por eso se enteran, porque Dios se las da a conocer, de las peticiones que les hacemos” (Suma teológica, II-II, 83, 4, ad 2).
7. Entre los bienes de la gloria accidental conoceremos también la excelsa santidad de la Virgen, superior a la de todos los ángeles y santos juntos, la multitud de ángeles y de santos, la conciencia de los peligros superados, veremos las victorias logradas y gozaremos de la liberación de todo mal y de la certeza perfecta de poseer la felicidad. Esto es lo que corresponde según Apocalipsis 14, 13: “Luego escuché una voz que me ordenaba desde el cielo: «Escribe: ¡Felices los que mueren en el Señor! Sí –dice el Espíritu– de ahora en adelante, ellos pueden descansar de sus fatigas, porque sus obras los acompañan»”.
Con el deseo de que alcances un grado muy alto de visión beatífica y de gloria accidental, te bendigo y recuerdo en la oración.
Padre Angelo
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