Estimado Padre,
mi pregunta es: ¿cuál es la diferencia entendida como “resultado” (pido disculpas por el término un tanto expeditivo pero no se me ocurre otro) entre una indulgencia plenaria obtenida para aplicarla a un difunto (por ejemplo ahora en tiempo pascual) y encargar por él la serie de 30 misas gregorianas?
Cordialmente saludo
Guido
Risposta del sacerdote
Querido Guido,
1. la diferencia es enorme.
La primera es que la Santa Misa es un sacramento, una acción divina, en cambio la indulgencia es una acción humana que se podría colocar en la categoría de los sacramentales.
2. La diferencia entre las dos realidades es la siguiente: la eucaristía produce siempre su efecto independientemente de las disposiciones del sujeto que celebra o participa.
El celebrante principal de los sacramentos siempre es Jesucristo. Por eso todo sacramento es un acto divino.
El ministro está asociado a Él como mediador y dispensador de los bienes divinos.
Pero quien obra todo es el Señor.
En cambio el efecto de la indulgencia depende de la disposición de los fieles.
3. El Catecismo de la Iglesia Católica recuerda estas verdades con estas palabras: Tal es el sentido de la siguiente afirmación de la Iglesia : “los sacramentos obran ex opere operato («por el hecho mismo de que la acción es realizada»), es decir, en virtud de la obra salvífica de Cristo, realizada de una vez por todas. De ahí se sigue que «el sacramento no actúa en virtud de la justicia del hombre que lo da o que lo recibe, sino por el poder de Dios». En consecuencia, siempre que un sacramento es celebrado conforme a la intención de la Iglesia, el poder de Cristo y de su Espíritu actúa en él y por él, independientemente de la santidad personal del ministro. Sin embargo, los frutos de los sacramentos dependen también de las disposiciones del que los recibe” (CIC 1128).
La indulgencia en cambio, tiene un efecto que esencialmente depende de las disposiciones de quien actúa. Dicho en lenguaje teológico: ex opere operantis.
4. Junto con la gracia santificante, con los sacramentos se comunica también la gracia sacramental, que es una fuerza sobrenatural especial que ayuda a vivir según las exigencias del sacramento recibido.
En la eucaristía la gracia sacramental es esa fuerza sobrenatural que ayuda a vivir en una actitud de entrega, es más, de inmolación, a la manera de Cristo crucificado, y en comunión con todos.
En la indulgencia no actúa ninguna gracia sacramental.
5. Justamente porque es primeramente acción de Cristo, la Santa Misa tiene en sí misma una eficacia cierta y universal.
Produce un fruto de adoración y alabanza, de expiación de los pecados e imploración de gracias ofrecidas a Dios de parte de toda la humanidad y se derrama sobre toda la Iglesia, sobre la que está en el Cielo, en la tierra, y en el purgatorio.
Y esto se da siempre, por más que la intención del sacerdote y de quienes la ofrecen sea solo la de aplicar el sacrificio de Cristo a una persona determinada.
La Misa produce siempre este efecto, aunque el celebrante y los fieles estuvieran en pecado mortal.
La indulgencia plenaria produce su efecto solamente si quien quiere obtenerla está en gracia.
6. Es más, además del estado de gracia, para obtener la indulgencia plenaria es necesario repudiar el pecado, incluso al venial.
Ahora bien, no es fácil mover el alma hacia semejante sentimiento. Probablemente no son muchos los que obtienen la indulgencia plenaria aun si llevan a cabo todo lo establecido.
7. Hay que destacar además, que en la celebración de la Misa sin lugar a dudas, existe implicación mayor de la que existe en la obra indulgenciada.
Todas las acciones de la Misa, desde pedir perdón a escuchar la palabra de Dios, que de por sí es purificadora, desde el ofertorio a la consagración y por fin a la Comunión, los fieles se unen en un creciendo, siempre más a Jesucristo y de forma más pura.
Se trata de una acción tan santificante que se podría decir que la diferencia que hay entre la Misa y obtener una indulgencia plenaria, es la misma que existe entre el sol en toda su potencia y uno solo de sus rayos.
Sí, es cierto que un solo rayo de sol puede tener un poder enorme, pero es todavía infinitesimal respecto al del sol.
Y si se trata de un ciclo de 30 Misas, gregorianas, la diferencia se hace mucho más patente.
8. Por fin, las indulgencias, como todos los sacramentales, tienen por objeto preparar a que los hombres puedan recibir el fruto de los sacramentos y el de santificar las varias circunstancias de la vida.
Las indulgencias no son prácticas alternativas a los sacramentos, pero están en función de ellos porque no se puede recibir indulgencia plenaria sin confesión ni Santa Comunión.
Por otro lado, la indulgencia plenaria no tiene otra fuente fuera del sacrificio de Cristo, presente en el altar.
Es un efecto suyo y no una fuente paralela.
Con el augurio de que te santifiques siempre más ya sea mediante la indulgencia plenaria y más aún participando de la celebración de la Santa Misa, te bendigo y te recuerdo en la oración.
Padre Angelo

