Estimado Padre,
Llevo siguiéndole desde hace mucho tiempo y de verdad espero que pueda resolver esta inquietud. Empiezo diciendo que estoy convencido de que nuestra Santa Madre Iglesia nunca falla, sobre todo al respecto de la liturgia, quisiera que me aclarara una duda que tengo sobre la Santa Misa y que me distrae cada vez (porque me empuja a buscar una explicación que no tengo). Cuando se reza el agnus, se dice que Él “quita los pecados del mundo”. Ahora, ¡me parece que ni en una fracción de segundos se puede afirmar que en el mundo no hay pecados! Si la frase fuera correcta así, deberíamos deducir que el Señor es bastante ineficaz (¡perdóneme por la blasfemia!). ¿No es una traducción equivocada del tollis, que en cambio querría decir lleva consigo (para llevarlos al Padre e invocar su clemencia)? Estamos en la culminación del Sacrificio, en el Calvario: el Señor está a punto de ser sacrificado de forma incruenta. Gracias a Su historia, ahora podemos deponer en sus Llagas gloriosas nuestros abundantísimos pecados antes de la Consagración. De esta manera, tollis tendría todo su sentido. Sé perfectamente que el anuncio viene de Juan el Bautista: precisamente porque estaba llegando por él, él anuncia que pronto el Señor quita(rà) los pecados del mundo abriéndonos el Paraíso (es una certeza, pues puede permitirse utilizar el presente). Le agradezco desde ahora.
Oremus pro invicem,
Luca (Luxemburgo)
Respuesta del sacerdote
Querido Luca,
1. Santo Tomás en el verso del Evangelio de Juan en el que el Bautista “Juan a Jesús que venía a él, y dijo: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1, 29; Reina-Valera 1960) comenta: “He aquí el cordero de Dios que quita, o sea borra, el pecado del mundo”.
Dicho efecto bajo la ley no se podía obtener ni con el cordero ni con otros sacrificios; porque como dice el Autor de la carta a los Hebreos: “porque es imposible que la sangre de toros y chivos quite los pecados” (Hebreos 10, 4). Esta sangre quita, o sea, borra los pecados del mundo: «Borra todas las faltas», como dice el profeta Oseas (14, 3).
2. Sigue Santo Tomás: “O quitar en el sentido de llevar consigo los pecados de todo el mundo; porque como ha escrito San Pedro llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo (1 Pedro 2, 24; Reina-Valera 1960); o como dice Isaías “llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores” (Isaías 53,4; Reina-Valera 1960).
3. Por lo tanto, como enseña Santo Tomás, puede haber ambas traducciones, especialmente porque el verbo griego airòn (en gerundio) que se lee en el Evangelio de Juan significa tanto coger como quitar.
4. La traducción latina del Evangelio utiliza el verbo tollo, que significa quitar, borrar.
5. Tú escribes: “Estamos en la culminación del Sacrificio, en el Calvario: el Señor está a punto de ser sacrificado de forma incruenta…”. En realidad el Señor ya se ha sacrificado. Lo hizo de una vez por todas como nos recuerda la carta a los hebreos (cfr. Hebreos 7, 27). En el momento de la Consagración Él nos presenta su sacrificio.
6. Tú observas: ¿si quitas los pecados, por qué los pecados permanecen? Jesús en calvario ha reparado todos los pecados en su sangre, los pecados de toda la humanidad del pasado, del presente y del futuro. Lo hizo de una vez por todas. Tú dices: pero los pecados permanecen. Sí, permanecen porque su sacrificio comunica sus efectos solo a los que se arrepienten y a los que se abren a su eficacia. Diferentemente, por desgracia, es inválido.
7. Acerca del hecho de que quita al presente los pecados a los que se arrepienten he aquí lo que escribe un antiguo comentador de la Sagrada Escritura, Teofilacto, del que Santo Tomás tiene mucho en cuenta, con respecto al verso en cuestión: “No dice que va a quitar; sino que quita el pecado del mundo, como si él estuviera haciendo eso siempre; de hecho no lo quitó solamente en el momento de padecer, sino también desde entonces hasta el momento presente, sin ser continuamente crucificado: de hecho Él ofreció un solo sacrificio por los pecados, pero con el cual Él purifica continuamente”. Santo Tomás menciona estas palabras de Teofilacto comentando el verso: Él quita el pecado del mundo (cfr. Catena aurea, Evangelio según Juan 1,29; editado por el traductor).
8. Así pues es correcta la observación cuando dices que prefieres la traducción: he aquí Él que lleva consigo los pecados del mundo. Pero no es correcto decir que traducir “he aquí Él que quita el pecado del mundo” es equivocado. Porque de hecho Jesús ya llevó consigo todos nuestros pecados de una vez por todas, pero ahora los quita a los que se arrepienten y se abren a la eficacia de su sacrificio, sobre todo a través de la confesión sacramental.
¡Gracias con todo mi corazón por el Oremus pro invicem! (Recemos recíprocamente). Por mi parte ya te lo aseguro porque pronto voy a bajar para celebrar la Santa Misa. Pero lo voy a hacer luego también. Te deseo todo el bien y te bendigo.
Padre Angelo
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