Buenos días Padre Angelo,
desde ya le doy gracias por tener la gentileza de leer esta carta.
Le escribo porque cuando me preguntan acerca de la violencia que se encuentra en el Antiguo Testamento y del rol de Dios cuando además la ordena, la verdad es que no sé qué responder exactamente.
¿Cómo tendríamos que interpretar las leyes y órdenes atribuidas a Dios que no solamente permiten el uso de la violencia feroz y de una justicia basada en el ojo por ojo, diente por diente, en vez del perdón y la compasión, sino que hasta promueven atrocidades y barbaridades contra los pueblos enemigos de Israel, hasta llegando a hablar de exterminio?
Nosotros que seguimos a Cristo, ¿cómo podemos conciliar esta descripción de Dios con la del amor y la misericordia que nos reveló Su Hijo?
¿Podemos tal vez afirmar que los israelitas, aprovechando su relación privilegiada con Dios, le atribuyeron esas prerrogativas para justificar sus violencias y atrocidades; o bien todo eso, aun en su dureza, forma parte de un designio divino que tiene por objeto alcanzar nuestro bien por caminos que no conocemos?
¿Cuál habría podido ser el designio de Dios para todas las víctimas?
Le agradezco nuevamente su atención y que Dios le guarde siempre.
Riccardo
Respuesta del sacerdote
Querido Riccardo,
1. al leer el Antiguo Testamento hay que tener en cuenta ante todo dos cosas:
La primera: la revelación de Dios es progresiva.
La segunda: muy a menudo es utilizado un lenguaje antropomórfico, por lo que refiriéndose a Dios, éste es representado de forma humana: un Dios que se enoja, un Dios que cambia de idea y se arrepiente, un Dios que manda exterminar poblaciones enteras, comprendidas las mujeres y los niños.
2. En relación con la revelación progresiva, hay que tener presente que Dios se expresa de tal modo que pueda ser comprendido por aquellas poblaciones todavía bastante primitivas.
Muy a menudo se narran hechos del todo inmorales como si fueran la cosa más lógica de este mundo.
Mientras que el significado más hondo demuestra que cuando el hombre se aleja de Dios se degrada a tal punto que toma el mal por bien.
Sobre esta humanidad, Dios se inclina, y gradualmente (he aquí la revelación progresiva) la lleva a la salvación.
3. Además hay que considerar el género literario de los escritos veterotestamentarios, en particular el del lenguaje antropomórfico.
Así, por ejemplo, acerca del pecado original leemos que “el Señor Dios llamó al hombre y le dijo: «¿Dónde estás?»”(Gn 3,9). ¿Acaso no lo sabía? Dios es omnisciente. Se usa este lenguaje porque el hombre toma conciencia de su error.
De la misma manera: «¿Y quién te dijo que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol que yo te prohibí?» (Gn 3,11).
4. En relación con la construcción de la torre de Babel leemos que “el Señor bajó a ver la ciudad y la torre que los hombres estaban construyendo” (Gn 11,5). Aquí es más que evidente el lenguaje antropomórfico: Dios baja como si fuera un hombre para ir a ver cómo se comportaba la gente.
Lo mismo ocurre con los pecados de Sodoma y Gomorra: «debo bajar a ver si sus acciones son realmente como el clamor que ha llegado hasta mí. Si no es así, lo sabré» (Gn 18, 21).
Con este lenguaje Dios aparece como quien pregunta, pero la finalidad apunta a que el hombre tome conciencia del mal que ha cometido.p
5. Vale lo mismo para el asunto de las guerras. Se pone en boca de Dios el mandato de la guerra y su voluntad de exterminar a la población.
¿Cómo puede ser tal cosa?
Hay que recordar que por entonces estaba vigente la ley del talión, que rezaba así: “Vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie” (Dt 19,21).
La ley del talión que para nosotros es horrenda, era ya una mitigación comparada con las barbaridades anteriores, cuando el mal sufrido se vengaba siete veces y aun más, como se puede notar por estas afirmaciones: «el que mate a Caín deberá pagarlo siete veces» Gn 4,15). Y : «Caín será vengado siete veces, pero Lamec lo será setenta y siete» (Gn 4, 24).
La ley del talión, no solo se aplicaba a los individuos, sino también a la colectividad.
6. En Ezequiel hasta se llega a decir que Dios dijo: «Incluso, llegué a imponerles preceptos que no eran buenos, y leyes que no dan la vida» (Ez 20, 25).
La Biblia de Jerusalén comenta: “La teología primitiva atribuye a Yahvé las instituciones y deformaciones de las que en realidad son responsables los hombres. Parece que aquí Ezequiel se refiere a la prohibición de ofrecer a los primogénitos (Ez 22, 28-29), que los israelitas a menudo interpretaron con un materialismo escandaloso”. (Traducido por el traductor).
7. Finalmente hay que decir algo respecto a relatos que son solo aparentemente históricos.
A comienzos del siglo pasado se pidió a la Pontificia Comisión Bíblica que estudiara si acaso en la Sagrada Escritura existen relatos que son solo aparentemente históricos.
La Pontificia Comisión Bíblica respondió a esto el 23 de junio de 1905.
Sintéticamente así lo exponen E. Galbiati y A. Piazza: “Por supuesto la Comisión ha dicho que semejante conjetura no se puede admitir como principio general aplicable indiscriminadamente a todos los libros históricos de la Biblia. Esta respuesta está plenamente justificada también desde el punto de vista estrictamente científico y metodológico.
El principio desaprobado habría de hecho solucionado ya desde el principio cualquier dificultad de tipo histórico, dispensando de llevar a cabo una investigación más profunda de la cuestión.
Sin embargo en su prudencia, la Comisión, no excluyó que pueda haber algún raro caso en el que “el hagiógrafo no haya querido relatar una verdadera y propia historia, sino que bajo la apariencia de una historia ha dado vida a una parábola o alegoría o haya querido dar un sentido diferente al significado literal o histórico de las palabras”. Solo que era necesario que esa intención del autor inspirado estuviera sólidamente argumentada” (Páginas difíciles del Antiguo Testamento, pp.53-54).
Jesucristo superó la ley del talión, sobre todo al decir en el sermón de la montaña los célebres: “Habéis oído que se dijo… pero Yo os digo”.
Por lo tanto muchas realidades del Antiguo Testamento hay que leerlas recordando lo que San Agustín decía acerca del Génesis: “Es el libro de la paciencia de Dios con nosotros”
Te bendigo, te deseo todo bien y te recuerdo en la oración.
Padre Angelo
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