Buenos días Padre Angelo,
le escribo nuevamente pues me ha surgido una duda de conciencia que no sé cómo solucionar.
Una amiga me ha pedido que sea su madrina de confirmación y yo acepté con la condición de que hiciera un camino serio, ya que lo que la movía era la de querer ser madrina de bautismo de su sobrino, y para mí esto no es un motivo adecuado para pedir este sacramento.
Ella hizo un camino en una parroquia, pero sigue viviendo en una condición de pecado mortal más o menos pública (no tiene ni la más remota idea de vivir la castidad prematrimonial).
Yo ahora me encuentro ante una situación de grave conflicto, porque la parroquia en la que ella hizo su camino, la ha admitido para recibir la Confirmación y el 28 de enero recibirá el sacramento, pero a mí me parece absolutamente sacrílego.
Por eso quisiera rechazar este compromiso.
Mi padre espiritual me dice que sin embargo muy probablemente lo mismo recibirá el sacramento y de este modo, sería mejor que yo fuera su madrina para que después de haber recibido el sacramento pueda acompañarla a cumplir un camino más serio. Sin embargo yo no puedo no pensar que en realidad estoy contribuyendo a hacer algo equivocado que mi conciencia se rehúsa de aceptar.
Por supuesto que intenté que mi amiga comprendiera la importancia de todo esto, pero ella parece todavía inmadura desde el punto de vista de la fe y no entiende a fondo el asunto, aunque de alguna manera un acercamiento al Señor se esté verificando.
¿Qué me aconseja?
Gracias
Valentina
Respuesta del sacerdote
Querida Valentina,
1. para poder recibir el sacramento de la confirmación es necesario estar en gracia de Dios.
Para recuperar el estado de gracia en caso de haberlo perdido con el pecado mortal (y en el caso que mencionas, de eso se trata) se hace necesaria la confesión sacramental.
2. Tu amiga tendría que saber que para recibir la confirmación es necesario confesarse pues de lo contrario, aunque el sacramento es igualmente válido porque imprime el carácter que es un sello indeleble, cometería un sacrilegio.
3. Tú insiste sobre este hecho: que antes de recibir la confirmación prometa confesarse.
Es más, si puedes y pareciera útil, acompáñala tú misma.
4. A partir de aquí la responsabilidad caerá completamente sobre el confesor.
Será él quien le dirá si podrá recibir la confirmación, y será él quien le concederá o negará la absolución.
5. Si la absolverá, tú podrás ser su madrina.
Si le negará la absolución, le dirás que no puedes acceder a su pedido.
Sin embargo se puede confiar en la capacidad del sacerdote de encender en ella por lo menos el deseo de renovar su vida en Cristo.
6. Mientras te aconsejo que reces mucho para que el Espíritu Santo ilumine al confesor e ilumine también a tu amiga.
Dios que puede hacer surgir de las piedras, hijos de Abraham (Mt 3, 9), puede tocar en esa confesión también el corazón de tu amiga.
7. Por lo tanto, ten confianza en la acción renovadora de Dios.
Le abriremos la puerta sobre todo con la oración y el sacrificio.
A tu oración con gusto uno la mía por ti, por ella y a ambas bendigo.
Padre Angelo
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