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Pregunta

Buenos dias, 

He leído los textos de Nietzsche de génesis de la moral y otros más. Un argumento muy importante es el de la mala conciencia. 

Me pregunto cómo la iglesia afronta este tema. Intento exponer mi pensamiento y alguna pregunta… siéntase libre de contestarme como quiera. 

La mala conciencia es el fundamento del sentimiento cristiano? Me enteré de esto a partir de muchos “malos” pensadores. Que la religión sea la solución a una mala conciencia, un narcótico – como decía Marx.

Pero yo creo que la mala conciencia es dañosa para la vida cristiana, porque mira al pasado, a lo vivido, mientras que nosotros tenemos que mirar a la eternidad y a la vida así como a la muerte. 

Si pensáramos cada día en la muerte y al juicio, no pecaríamos fácilmente y sería mucho más difícil para Satanás poner en acción circunstancias adversas a nuestra natural tendencia a responder a la gracia santificante.

Leyendo el texto de Nietzsche, tengo muchas dudas. En sustancia, ¿qué es lo que enseña la doctrina de la iglesia respecto a la conciencia? ¿Qué es esto? ¿Por qué nos hace sentir juzgados? ¿Este juicio es guiado por almas buenas o malas (en la interpretación Ignaciana)?

Además, quería empezar a leer las obras de Santo Domingo, además de las de los filósofos más “rebeldes”. ¿Puede aconsejarme cómo empezar este estudio autónomamente?

Gracias por su servicio de fe.

Quedando en comunión de oración.

Stefano


Respuesta del sacerdote

Querido Stefano

  1. No se puede comprender esta idea de Nietzsche, excepto dentro del contexto, es decir que su padre era un pastor protestante luterano y que él respiró ese clima. Ahora los protestantes niegan que la gracia santificante transforme al hombre. Lutero decía que el hombre con el pecado original está totalmente corrupto y haga lo que haga, peca mortalmente. Se salva solamente porque descubre que Cristo ha expiado en su lugar. Así que para salvarnos es necesario apelar a nuestra conciencia, que siempre e inevitablemente nos condena e invoca la salvación por los méritos de Jesucristo. Estas las palabras de Lutero: pecca fortiter (peca intensamente) sed crede fortius (pero cree aún màs intensamente). Nunca será nuestra conciencia la que nos salva, sino la fe en Cristo.
  2. Ahora es verdad que solamente la fe en Cristo nos salva, pero esta fe no es el puro conocimiento de  que Dios ha cambiado su designio de condena hacia nosotros en virtud de los méritos de Jesucristo, sino que  es una fe seguida por las obras y la caridad. Porque, como nos recuerda la Escritura, aunque “tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada” (1 Cor 1,13).
  3. La Sagrada Escritura recuerda siempre que un germen de Dios permanece en nosotros (1 Gv 3,9). Este germen de Dios no nos deja en nuestros pecados, sino que nos transforma  interiormente. Como dice siempre la Escritura, nos vuelve “nueva criatura” (Gal 6,5). Esto – sin tener la menor intención de decir “sigue pecando, pero cree de manera siempre más fuerte” – pide una renovación interior, la que por la cual la Sagrada Escritura dice que hay que “renunciar a la vida que llevaban, despojándose del hombre viejo, que se va corrompiendo por la seducción de la concupiscencia” y “renovarse en lo más íntimo de su espíritu” de vuestra mente y “revestirse del hombre nuevo, creado a imagen de Dios en la justicia y en la verdadera santidad” (Ef 4, 22-24)
  4. La conciencia cristiana no se alimenta simplemente con el recuerdo de nuestras culpas, sino con el empeño hacia la santificación que llama a cada hombre a volverse totalmente conforme a Cristo. Si por una parte nos reprende por el mal cometido, por la otra incita a cumplir el bien, a renovarse, a santificarse. De igual manera Orígenes, escritor cristiano del tercer siglo, decía que la conciencia es “el espíritu que corrige y el pedagogo que acompaña al alma para alejarla del mal y ligarla al bien” (Super Epist. Rom 2, 15)
  5. La génesis de la conciencia se encuentra en una suerte de luz intelectual por la cual el hombre descubre una regla que lo conduce al bien y lo aleja del mal. Es el Concilio Vaticano II que habla así cuando dice: “En lo más profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley que él no se dicta a sí mismo, pero a la cual debe obedecer y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, advirtiéndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal: haz esto, evita aquello. Porque el hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual será juzgado personalmente. La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquélla. Es la conciencia la que de modo admirable da a conocer esa ley cuyo cumplimiento consiste en el amor de Dios y del prójimo.” (Gaudium et spes 16).
  6. Por eso, la mala conciencia no es el fundamento del sentimiento cristiano. Más bien, será el fundamento del sentir de los protestantes, de los luteranos. Pero es un sentir erróneo, aun solamente desde un punto de vista racional, natural.
  7. Me dices que tienes intención de  leer los escritos de Santo Domingo. Pero Santo Domingo no nos ha dejado ningún escrito. Puedes encontrar su pensamiento en una de las manifestaciones más grandes de su obra, el Orden de los Predicadores. Y bien, la expresión más bonita del pensamiento de Santo Domingo y también la síntesis de su espiritualidad puedes encontrarla en Santo Tomás de Aquino. 

Con el augurio que puedas saciarte y nutrirte con esta sólida y santificante doctrina, te recuerdo al Señor y te bendigo.

Padre Angelo