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Estimado Padre Angelo,
Es de veras un gusto poderle enviar este correo electrónico. Es la primera vez que lo hago y he decidido molestarle confiando en su enorme e infinita disponibilidad la que  siempre manifiesta al responder a los visitadores de este sitio web.
Mi nombre es Marcello,  tengo 42 años.
No estoy casado ni tampoco de novio en este momento de mi vida. Además no me avergüenza decir que soy virgen, Todo lo contrario.
Aunque tuviera una novia, nunca cedería a tener una relación sexual antes del Sacramento del matrimonio.
Le confieso que me gustaría muchísimo poder formarme una familia y tener hijos, pero desgraciadamente estoy desocupado y no puedo pensar en dar un paso en esa dirección.
Por otro lado, para casarse, hace falta una mujer, que de momento no he hallado en mi vida.
Pero no es este el argumento que quiero tratar con Usted y no quiero hacerle perder tiempo. Lo que me aflige es la masturbación.
Como le decía, yo nunca tuve relaciones sexuales. El Catecismo de la Iglesia Catolica es muy claro al respecto. También sé muy bien la diferencia entre un pecado mortal y uno venial. En el Catecismo leo: “Por masturbación debe entenderse la excitación voluntaria de los órganos genitales con el fin de obtener un placer venéreo”.
Muchas veces me encuentro en una situación diferente,
He aquí mi duda:
Yo no transcurro el tiempo en la pornografía o intentando excitarme para provocar el orgasmo, más bien me ocurre que la excitación irrumpe de sorpresa, cada tanto, y no se me quita hasta que no se produce una eyaculación espontánea, y en otras ocasiones con la colaboración de mis manos.
Tampoco tengo malos pensamientos y mi relación con las mujeres es estupenda, basado en la buena educación. Por otro lado si dejo pasar muchos días en este estado, comienzo a sentir molestias físicas localizadas a nivel genital (no son propiamente dolores).
Cada tanto advierto la necesidad de eliminar todo, como cualquier persona siente la necesidad de ir al baño.
La pregunta directa es esta: este modo de eliminar ese material sexual en exceso (porque me parece que de eso se trata) sin buscarlo voluntariamente (si bien muchas veces debo usar las manos), ¿qué tipo de pecado es? ¿Es mortal o venial? ¿O de hecho no es pecado?

Un importante obispo italiano, (muy conocido a nivel nacional), durante una Confesión, me aseguró que NO es pecado eliminar ese material sexual de esa manera.
Le comento que casi nunca, tengo poluciones nocturnas.
Quisiera que me diera su parecer al respecto, Padre Angelo, porque no obstante rece todos los días, me confiese todas las semanas o cada 15 días, no quisiera comulgar corriendo el riesgo de cometer un sacrilegio.
Gracias Padre por su respuesta que le pido, por favor, me envíe de forma particular. Luego si a usted le parece, publíquela en el sitio.
Le asuguro mis oraciones por Usted y por todos los sacerdotes que llevan a cabo su labor con tanta delicadeza, amor y respeto hacia todas las personas.
Un fuerte abrazo.
Marcello.


Querido Marcello
1- Comienzo con algunas declaraciones del Magisterio de la Iglesia. El S. Oficio ante la pregunta: “¿Es lícita la masturbación provocada directamente con el objeto de obtener esperma para descubrir la enfermedad contagiosa “blenorragia”y si fuera posible curarla?” ha contestado “no” (DS 3684).
2-Pío XII seguidamente dijo: “Por otro lado está demás observar que el elmento activo no puede jamás ser provocado legítimamente mediante un acto contra la naturaleza” (29.9.1949).
3- En el 1956 el mismo Pontífice, en un discurso pronunciado el 19 de mayo de 1956, acerca de la esterilidad conyugal e inseminación artificial, recordaba a los biólogos la prohibición de llevar a cabo análisis en esperma obtenido mediante masturbación.
De forma muy detallada y exacta dijo: “El hecho de obtener esperma humano por medio de la masturbación apunta directamente al pleno ejercicio natural de la potencia humana de generar.
En este ejercicio indebido yace la violación intrínseca de la regla moral. De hecho, el hombre no tiene derecho alguno a ejercer el poder sexual por el mero hecho de haberlo recibido de la naturaleza.
Al hombre, en efecto (a diferencia de lo que se da en los demás animales que carecen de razón), el derecho y el poder de ejercer de esta facultad le son dados únicamente en el matrimonio válidamente contraído, y están comprendidos en el derecho matrimonial dado y aceptado con el matrimonio mismo.
Por lo tanto, queda claro que para el hombre, por la sola razón que ha recibido de la naturaleza la aptitud sexual, posee únicamente el poder y el derecho de contraer matrimonio.
Sin embargo este derecho, en su objeto y en su amplitud, está determinado por la ley natural, y no por la voluntad del hombre.
En virtud de esta ley natural, el hombre tiene el poder y el derecho a ejercer la capacidad sexual, directamente buscada, solamente en el ejercicio del acto conyugal según lo norma y prescribe la misma naturaleza.
Fuera del acto natural, tampoco en el mismo matrimonio es lícito el ejercicio pleno de este poder sexual.
Estos son pues los límites dentro de los que la naturaleza circunscribe el derecho del que se ha hablado y su ejercicio. Por el hecho que el pleno ejercicio del poder sexual queda circunscripto en el límite absoluto del acto conyugal, este mismo poder es intrínsecamente adecuado para alcanzar plenamente la meta natural del matrimonio (que no es sólo la procreación, sino también la educación de los hijos), y su ejercicio queda ligado a la finalidad en cuestión.
Estando así cosas, la masturbación está completamente descolocada respecto a la mencionada capacidad natural de ejercer plenamente el poder sexual, y por tanto también descolocada de la relación establecida por la naturaleza.
Así pues la masturbación carece de todo derecho y es contraria a las leyes naturales y morales, aunque se proponga perseguir fines justos y no reprochables. Todo lo dicho hasta aquí acerca de la malicia intrínseca de cada ejercicio del poder de generar fuera del acto conyugal natural, vale igualmente sea que se trate de personas unidas en matrimonio que de personas no casadas, sea que el pleno ejercicio del aparato genital proceda del hombre o de la mujer, o de ambos actuado de común acuerdo; sea que se dé mediante contacto manual o por interrupción del acto conyugal.
Se trata de hecho, siempre de un acto contrario a la naturaleza e intrínsecamente malo.”
4-Poco antes, siempre en el mismo discurso había dicho: “Mas estos mismos actos han de ser reprobados aun cuando graves motivos parecen eximirlos de culpa, como ser: los cuidados ofrecidos a aquellos que sufren de una excesiva tensión nerviosa o de espasmos anormales; el examen microscópico de esperma infectado por bacterias de origen venérea o de otro origen; el análisis de los diferentes componentes comunes del esperma orientado a distinguir los elementos vitales, su número, cantidad, forma, vigor, aspecto y otros varios caracteres.”
5- Tú has escuchado la sentencia de un obispo importante. No obstante eso, no te sientes seguro y no estás en paz. Esto significa que por ti mismo adviertes que hay algo que desentona.
6- Yo respeto la sentencia de ese importante obispo.
Pero, después de haber escuchado al Magisterio y viendo la incertidumbre que adviertes, yo en tu lugar  optaría por la solución más segura, es decir la confesión sacramental. A ti esto no te cuesta demasiado ya que tienes la loable costumbre de confesarte con frecuencia.
7- Además indudablemente la confesión sacramental te estimularía a superar las inevitables tentaciones que en tu caso se verían neutralizadas a causa del vaciamiento voluntario. Con la excusa de eliminar el exceso te eximirías de luchar. Pero sin lucha no hay virtud verdadera.
8-Esta es mi opinión, que te empuja a tomar el camino más seguro y te alienta a vencer en la lucha.
9-Te agradezco de corazón por las oraciones que aseguras en favor de todos los sacerdotes.Te agradezco también por la delicadeza con la que me has escrito y por la confianza.
Te recuerdo de buen grado al Señor y te bendigo.
Padre Angelo.