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Pregunta

Querido Padre Angelo,

Creo que usted ya habrá abordado el tema varias veces, no obstante le pido una respuesta aclaratoria sobre el libro del Génesis.

La historia de Adán y Eva es:

– una historia real, contada en el género mitológico, es decir: hubo el primer hombre y primera mujer, y fue contada en el estilo mencionado;

– una historia funcional, en el sentido de que Adán y Eva sirven para simbolizar la creación de la humanidad por parte de Dios.

He notado que hay diferentes interpretaciones en la esfera eclesial y me pregunto si en la esfera doctrinal:

– hay una respuesta unívoca;

– hay diferentes interpretaciones y son todas aceptables.

En cuanto a la teoría evolutiva (el hombre desciende del mono…) y la compatibilidad con la visión católica, las dos cosas me parecen poco compatibles, ya que la existencia del alma humana plantea la cuestión de cuándo se infundió, es decir, en qué momento de la evolución. Entiendo que si admitimos que la teoría evolutiva es compatible, entonces deberíamos preguntarnos en qué momento se infundió el alma humana, ya que esta no es fruto de la evolución. Entonces: ¿cuál es el momento?

¿Podría pensarse que este momento tal vez coincida con la creación mencionada en el Génesis?

Supongo que sólo en este caso la hipótesis evolutiva puede encajar con la doctrina católica.

Gracias, recuérdame en la oración. Yo también lo haré.

Antonio


Respuesta del sacerdote

Querido Antonio,

1. Enseguida debemos dejar claro que el libro del Génesis (en sus primeros capítulos) no tiene por objeto proporcionar una descripción científica del comienzo del mundo y de la humanidad.

Por lo tanto, está enteramente fuera de lugar buscar documentación histórica de estos eventos, que para un creyente son indisputables.

2. Lo que el Génesis pretende, a través de un lenguaje religioso y arcaico, son algunas grandes afirmaciones, como la creación, por un solo Dios,  de todas las realidades visibles e invisibles (en contra de todas las formas de politeísmo y maniqueísmo), y que en el momento de la aparición del hombre hubo una nueva intervención por parte de Dios, creador del alma espiritual.

3. Hasta este punto, las explicaciones evolutivas no chocan con la creación del alma espiritual.

Suponiendo que el hombre desciende del mono, no hay obstáculo para que haya habido varios monos que, en un período de tiempo más o menos largo, evolucionaron hasta convertirse en especies superiores, y que Dios los transformó en miembros de la especie humana mediante la creación del alma espiritual.

4. El problema central, en mi opinión, está relacionado con la transmisión del pecado original.

Pero esta es una verdad de carácter esencialmente teológico.

La ciencia nunca podrá probar que hubo un pecado original en el principio. Eso está fuera de su alcance.

5. El problema es el siguiente: si en el momento del pecado original hubiera habido más parejas, o personas, aparte de los dos que cometieron el pecado, no habría sido justo que los demás sufrieran las mismas consecuencias.

Al contrario la explicación se vuelve creíble y aceptable, si todos descendemos de una sola cepa.

6. Esta contingencia nos obliga a creer que inicialmente hubo dos personas, los primeros seres humanos, de los que descendió toda la humanidad.

Pero repito: esta no es una afirmación científica, sino de fe.

San Pablo, en su discurso en el Areópago, está convencido de ello cuando dice: «El hizo salir de un solo principio a todo el género humano para que habite sobre toda la tierra,[…]» (Hechos de los Ap. 17:26).

7. Me dices que la teoría evolutiva (el hombre desciende del mono…) parece poco compatible con la visión católica porque no se sabría en qué momento de la evolución se infundió el alma humana.

No me parece que este sea el factor discriminatorio, sobre todo porque, con la creación del alma humana, Dios le dio al hombre gracia y dones preternaturales.

Esto también es de fe.

Ciertamente el alma espiritual no es el resultado de una evolución. Pero nada impide que Dios elija un organismo particularmente evolucionado para transformarle en hombre.

Tampoco hay que olvidar que la gracia, en sí misma, ha perfeccionado aún más la naturaleza.

Te agradezco tu oración, que voy a corresponder cordialmente.

Mientras tanto, te saludo y te bendigo.

Padre Angelo


Traducido por Riccardo Mugnaini

Revisado por María B. Carrera