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Gentilísimo Padre Angelo:

Últimamente percibo como una laceración en la Iglesia entre quienes quieren permanecer fieles a toda costa a las enseñanzas del Papa y quienes, en cambio, cuestionan algunas de sus declaraciones o posiciones.

Últimamente me he tomado la molestia de leer algunos de los documentos e intervenciones más discutidos del Papa y me parece que en la mayoría de los casos no diga nada herético o revolucionario.

Más bien, me parece que, a veces, subraya demasiado algunos aspectos de la moralidad en detrimento de otros, lo que efectivamente da lugar a cierta confusión.

Sin embargo, creo que cualquier persona con un mínimo de rectitud y una vida de fe puede evitar esta confusión con seguridad.

Todo lo dicho sigue siendo una cuestión fundamental que no me queda clara. 

“Si en el futuro fuera elegido un Sumo Pontífice que por diversos motivos escandalizara, enloqueciera, declarara cosas contra el dogma y la moral o cosas similares, cómo se podrían limitar los daños a la Iglesia y a los fieles individuales. ¿Existe también una limitación jurídica en estos casos?”

¿Es correcto y acorde con la Tradición afirmar que la obediencia al Papa siempre es debida, independientemente de lo que diga? ¿No fue un poco exagerado en el pasado subrayar la infalibilidad papal cuando representaba una barrera para las ideas modernistas sin considerar que en el futuro los riesgos podrían invertirse? En definitiva, ¿no se trata de aclarar mejor en qué sentido el Papa es infalible y esto sobre todo en la percepción de los fieles comunes?

Gracias y buen día.

Bruno

Querido Bruno,

1. De hecho, hay una cierta desorientación en la Iglesia.

Hay quienes afirman una tesis y quienes afirman lo contrario.

Se puede tener la impresión de que todo se reduce a una opinión personal.

2. Sin embargo, también es cierto que se ha reiterado varias veces también en este pontificado que la doctrina no cambia.

Por otro lado, ¿cómo podría decirse lo contrario?

La doctrina de la Iglesia no es de la Iglesia.

Es una doctrina recibida de Arriba y sancionada con la ayuda del Espíritu de la verdad, como dice la Sagrada Escritura, es decir, del Espíritu Santo, como Nuestro Señor ha garantizado.

3. Dado que el Evangelio y la doctrina no cambian, se deduce que todas las intervenciones de carácter magisterial deben leerse en continuidad con el Evangelio y con la doctrina.

Juan Pablo II en Veritatis Splendor dijo que “el desarrollo de la doctrina moral de la Iglesia es semejante al de la doctrina de la fe.”

Las palabras pronunciadas por Juan XXIII con ocasión de la inauguración del Concilio Vaticano II (11 octubre 1962) también se aplican a la doctrina moral: “Esta doctrina (la doctrina cristiana en su integridad) es, sin duda, verdadera e inmutable, y el fiel debe prestarle obediencia, pero hay que investigarla y exponerla según las exigencias de nuestro tiempo. Una cosa, en efecto, es el depósito de la fe o las verdades que contiene nuestra venerable doctrina, y otra distinta es el modo como se enuncian estas verdades, conservando, sin embargo, el mismo sentido y significado” (VS, nota 100)

Nuevamente en Veritatis Splendor, Juan Pablo II reitera el mismo concepto citando una declaración de Pablo VI: “Se debe evitar el inducir a los fieles a que piensen diferentemente, como si después del Concilio ya estuvieran permitidos algunos comportamientos, que precedentemente la Iglesia había declarado intrínsecamente malos. ¿Quién no ve que de ello se derivaría un deplorable relativismo moral, que llevaría fácilmente a discutir todo el patrimonio de la doctrina de la Iglesia?” (VS, nota 131).

4. Por eso estoy de acuerdo contigo cuando escribes: “Sin embargo, creo que esta confusión puede ser fácilmente evitada por cualquier persona con un mínimo de rectitud y una vida de fe”.

Salvo que algunos insisten en que también hay que cambiar radicalmente la forma de interpretar lo que se ha creído y vivido hasta ahora.

Entonces, al dejar las palabras de la Doctrina como están, pretenden cambiar radicalmente su significado.

Aquí es donde se genera la confusión.

Porque sin duda hay que avanzar en la profundización del depósito de la fe, pero como dijo Papa Juan, haciéndose eco de una declaración de Vicente de Lérins, padre de la Iglesia del siglo V: “conservando el mismo sentido y significado para ellos”. (eodoem tamen sensu eademque sententia).

De modo que la doctrina no puede cambiar ni siquiera en su significado e interpretación.

De lo contrario se anuncia un Evangelio y una Doctrina diferente a la que hemos recibido.

5. Me dices que una pregunta fundamental no te queda clara: “Si en el futuro fuera elegido un Sumo Pontífice que por diversos motivos escandalizara, enloqueciera, declarara cosas contra el dogma y la moral o cosas similares, cómo se podrían limitar los daños a la Iglesia y a los fieles individuales. ¿Existe también una limitación jurídica en estos casos?”

Mi respuesta es simple: lo que tú planteas es imposible porque Cristo garantizó a Pedro y a sus sucesores: “Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te dará las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo” (Mt 16: 18-19).

Y otra vez: “Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido poder para zarandearlos como el trigo, pero yo he rogado por ti, para que no te falte la fe. Y tú, después que hayas vuelto, confirma a tus hermanos” (Lc 22, 31-32).

Por lo tanto, sabemos por fe, porque Jesús lo garantizó, que lo que planteas es imposible.

Nuestra certeza proviene de la fe.

Por eso no hay normas que prevean un Papa que enloquezca o proponga una doctrina diferente, que se convierta en hereje …

Repito: es una cuestión de fe.

Las medidas que planteas como hipótesis provienen de la prudencia humana.

Aquí, sin embargo, es necesario confiar en lo que Jesucristo garantizó.

6. También escribes: “¿Es correcto y acorde con la Tradición afirmar que la obediencia al Papa siempre es debida, independientemente de lo que diga?” No es justo y ni siquiera la Tradición lo dice. 

Al Magisterio del Papa se debe obediencia cuando habla de manera solemne (ex cathedra; es siempre Magisterio definitorio) y también en su Magisterio ordinario. 

Sin embargo, en el Magisterio ordinario hay que distinguir un Magisterio definitivo, que en realidad tiene que ver con un Magisterio infalible, de un Magisterio auténtico, al que se debe dar respeto de mente y voluntad, pero que al menos en algunos casos deja un margen de discusión. 

Además, no todas las palabras que salen de la boca del Papa son Magisterio. 

Son Magisterio las que expresa como maestro en la fe. 

7. Además, el alcance del Magisterio está bien definido: no se relaciona con todas las cuestiones, sino solo con aquellas que tienen referencia a la fe y la moral.

Cabe señalar también que el Magisterio habla de la irreformabilidad de las proposiciones afirmadas por Élmás que de la infalibilidad del Papa.

8. Por fin, dices: “¿No fue quizás un poco exagerado en el pasado señalar la infalibilidad papal cuando representaba una barrera para las ideas modernistas sin considerar que en el futuro los riesgos podrían invertirse?».

En otras palabras, estás aludiendo a un hecho que no tendría precedentes en la historia del Magisterio. Hasta ahora, el Papa siempre ha sido el custodio de la doctrina, fue el primero en dar ejemplo en la preservación del depósito de la fe.

Si bien nunca se ha planteado la hipótesis contraria, es decir, que el Papa es el primero en impulsar un pensamiento heterodoxo.

Sin embargo, repito que esto es imposible.

9. En la obediencia al Magisterio y el respeto de la mente y la voluntad, es necesario tener presente cómo se expresa el Papa.

Esto es evidente en particular por la autoridad del documento y por la forma en que enseña.

En no pocos documentos del actual Pontífice, el estilo es el del Buen Pastor, y por tanto de carácter pastoral que indica, que aconseja, que invita a explorar, que alienta.

Es el mismo Papa quien propone diferentes soluciones según los continentes y contextos.

Sus intervenciones son más innovadoras en su aplicación que en los principios, que permanecen inmutables.

10. En fin preguntas: “En definitiva, ¿no es necesario aclarar mejor en qué sentido el Papa es infalible y esto sobre todo en la percepción de los fieles comunes?».

Creo que los mismos fieles entienden con bastante claridad cuando el Papa expresa sus opiniones personales especialmente en áreas que no son de fe o moral y cuando en cambio enseña doctrina.

Y esto ocurre no tanto por la habilidad de los fieles sino por el sensus fidei del pueblo cristiano, que es un don particular del Espíritu Santo.

En otras palabras, generalmente entienden cuándo se debe la obediencia de la fe y cuándo no, como sucede por ejemplo al leer una entrevista con el Papa.

Te agradezco la pregunta que me hiciste y espero que las respuestas que te he dado hayan aclarado varias cosas relacionadas con nuestra fe, en particular con la relacionada con el Magisterio de Pedro y sus sucesores.

Te recuerdo al Señor y te bendigo.

Padre Angelo


Traducido por Alessandra Pelizzaro