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Pregunta

Querido Padre Angelo,

Soy un joven de 23 años …

Del mismo modo (a lo que te preguntaba en la primera parte del correo) me gustaría saber qué piensa ud. de toda la cuestión (antigua, nueva…) sobre la historicidad de Jesús y la originalidad y transmisión de los Evangelios, y hasta qué punto recuperan el mensaje original de Jesús. Por último, me gustaría saber lo qué ud. opina de la visión según la cual los profetas se reducen simplemente (aspecto sin embargo presente) y llaman al pueblo judío, a respetar la Ley, pero simplemente actualizando a las situaciones contingentes el mensaje de la Torá, excluyendo en cambio su valor como predicción de acontecimientos futuros (un profesor de Sagrada Escritura explicaba cómo la profecía de Isaías relativa a la virgen que concebirá un hijo, a la que se refiere Jesús, no tenía este valor en la mente del Profeta).

Tengo la impresión de que en cierta teología se tiene miedo en abrir la mente al poder de la acción divina y en cambio se detiene en una lectura justamente racional pero con poco aporte de fe. Casi como si el hombre quisiera forzarse a explicar aspectos del Misterio que sólo pueden ser captados en parte por el hombre en su vida terrenal.

¿Qué piensa usted, padre? Desgraciadamente, esta situación me está poniendo un poco en crisis porque me parece que he construido mi camino tras el encuentro con Cristo sobre bases que ahora me parecen ilusorias y están distorsionadas. Le pido que rece por mí, para que comprenda aún más profundamente la vocación que el Señor ha elegido para mí.. Yo también prometo una oración de corazón por usted y por lo que le es querido.

Que Dios le bendiga y le guarde siempre.


Respuesta del sacerdote

Querido amigo,

En el último siglo algunos autores, especialmente del ámbito protestante, han comenzado a distinguir al Jesús histórico (su vida y obras) del Jesús de la fe, que sería el anunciado por los Apóstoles y la Iglesia.

Algunos, como el protestante Bultmann, dicen que hay una discontinuidad sustancial.

2. El problema surge del hecho de que los cuatro evangelistas no son unánimes a la hora de presentar ciertos acontecimientos de la vida de Jesús. Algunos narran hechos – incluso importantes – que los otros evangelistas parecen desconocer o al menos omitir.

Por eso, varios autores presentan criterios para verificar la historicidad del relato.

Por ejemplo, si el hecho es recordado por todos, es una prueba de su veracidad sustancial.

O si el acontecimiento narrado es una reacción a la mentalidad común, se acuerda que la Iglesia difícilmente habría inventado la narración de un acontecimiento si hubiera sido motivo de rechazo o persecución.

3. No quiero meterme en los asuntos de los eruditos bíblicos, en parte porque no tengo su experiencia.

Sin embargo, hay que recordar que sin el apoyo de una buena teología (en la que se manifieste también el sensus fidei) los biblistas pueden llegar a conclusiones erróneas.

Me limito a observar algunas cosas.

4. La primera y más importante es que aceptamos los Evangelios como Palabra de Dios, escritos por inspiración divina y que gozan de inerrancia.

Por tanto, creemos que todo lo escrito en los Evangelios corresponde a la verdad, a lo que realmente ocurrió.

El testimonio de Dios que los creyentes tienen en sus corazones (cf. 1 Jn 5:10) es superior a todo testimonio o certeza humana (cf. 1 Jn 5:9).

5. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma: «La fe es cierta, más cierta que todo conocimiento humano, porque se funda en la misma Palabra de Dios, que no puede mentir.

Sin duda, las verdades reveladas pueden parecer oscuras para la razón y la experiencia humanas, pero «la certeza que da la luz divina es mayor que la que ofrece la luz de la razón natural» (Santo Tomás, Suma Teológica, II-II, 171, 5, ad 3). «Diez mil dificultades no hacen ni una duda” (J. H. Newman, Apologia pro vita sua)» (CIC 157).

6. Si los Evangelios nos presentan la vida y la predicación de Jesús como «los acontecimientos que se cumplieron entre nosotros, tal como nos fueron transmitidos por aquellos que han sido desde el comienzo testigos oculares y servidores de la Palabra» (Lc 1,1-2), no tenemos ninguna razón para afirmar que no tuvieron lugar, que sólo son una forma de decir para transmitir un mensaje.

7. Pero llegando a la transmisión del mensaje, lo que es único en Cristo es precisamente esto: que a diferencia de todos los demás fundadores de religiones, que presentan un camino al más allá o al cielo, él presenta en cambio como camino a sí mismo, su vida, su persona, sus palabras.

No dijo: «Anuncio un camino». Pero él dijo: «Yo soy el Camino» (Jn 14,6).

Por eso Santo Tomás de Aquino puede decir que «toda acción de Cristo es una enseñanza para nosotros» (Suma Teológica, III, 40, 1, ad 1; Comentario al Evangelio según San Mateo 14, 23).

8. Por el contrario, no se trata de copiar en nosotros los sentimientos de Cristo, sino que estamos llamados a estar unidos a él como los sarmientos a la vid (Jn 15,5), a vivir no sólo con él, sino en él: «El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer» (Jn 15,5).

Nunca se le ocurriò a Mahoma decir a su posteridad: «Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto…» (Jn 15,5).

Sabía muy bien que se convertiría en un hombre muerto, un hombre que pertenece al pasado.

9. De nuevo: en otras religiones la figura del fundador desaparece. Lo que cuenta es el mensaje.

En cambio, en Cristo se identifican su persona, su vida y su mensaje.

La palabra está en función de su persona.

10. En otras religiones, para dar credibilidad a su mensaje, los fundadores hacen referencia a una visión, a una revelación particular, que habría marcado su vocación y el inicio de su misión.

En Cristo, nada de eso: ninguna visión, ninguna revelación, porque la Revelación es Él mismo, su persona y su vida.

11. En la propia Sagrada Escritura, como también en otras religiones, podemos observar que nadie nace profeta.

Todo el mundo se convierte en profeta como resultado de una llamada, quizás incluso desde el vientre materno, como le ocurrió a Jeremías. Pero todos son llamados.

Jesús no necesita una llamada particular. Es un profeta, es la manifestación de Dios con nosotros desde el primer momento de su existencia.

En su bautismo se manifiesta delante de todos con un testimonio directo del Padre y comienza públicamente su misión.

Pero no empieza desde ese momento a ser algo que no era antes.

12. Muchas discusiones de muchos biblistas del siglo XX le dejan a uno completamente indiferente.

No tocan la fe que no tiene como objeto simplemente el mensaje de Jesús, sino su persona, su vida de comunión con nosotros y la nuestra con Él.

13. Por lo tanto, lo que escuchas en la escuela no debe socavar en lo más mínimo lo que has construido desde tu encuentro con Cristo.

Sigue viviendo una relación real, personal y presente entre tú y Cristo, es más, entre Cristo y tú, porque la iniciativa es siempre suya.

Que tu vida consista no sólo en adherirse al mensaje de Cristo, sino en adherirse a Cristo, que no tardes en sentir que Él lo es todo para ti.

Él es tu luz, sí, pero también es tu Esposo, es tu Amigo.

Él es ese Esposo que no se contenta con estar a tu lado, sino que vive personalmente dentro de ti, en tu corazón y en tu mente. Lo sientes, incluso ahora mientras me lees.

Rezo por ti con mucho gusto y para que comprendas cada vez más profundamente la vocación que el Señor tiene para ti.

Te agradezco mucho tu promesa de rezar por mí y todo lo que más aprecio.

Te agradezco las preguntas que me has hecho, te deseo todo el bien y te bendigo.

Padre Angelo