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Querido Padre Angelo,
estoy felizmente casado desde hace 25 años con mi esposa, tenemos 4 hijos y vivimos cristianamente nuestro matrimonio.
Hablando con mi esposa hemos discutido acerca de si el almor es un sentimiento exclusivo y qué se entiende con ello.
Sorprendentemente mi esposa me dice que el amor no debe ser exclusivo sino abierto a todos como ocurre con la luz del sol para la tierra. Que solo en el amor esponsal hay exclusividad. También es posible enamorarse de más personas y en esto no habría nada malo, basta que se permanezca fiel al proprio cónyuge.
He aquí el tema: desearía saber si esto es correcto y qué se entiende en la Iglesia por fidelidad conyugal y si esto implica también vigilar sobre nuestros sentimientos hacia “terceros” y no solamente en referencia a la fidelidelid sexual.
Yo personalmente he vigilado siempre en ese sentido para no quedar atrapado en lo que me habría colocado sobre un plano inclinado…
Le agradezco desde ya por el servicio que cumplen como brújula espiritual en un mundo en donde la familia navega en un mar tempestoso…
Rece por nosotros y por nuestros hijos…


Muy querido.
1. Me parece que puedo decir que tu esposa en parte tenga razón y en parte no. Cuando dice que el amor debe estar “abierto a todos como ocurre con  la luz del sol para la tierra” tiene razón si se refiere a aquella realidad que desde el punto de vista humano se llama solidaridad y desde el punto de vista cristiano llamamos caridad.
La solidaridad es esa unidad de benevolencia y comprensión que une a todos los hombres entre sí en virtud de la propia naturaleza y sobre todo gracias a la ayuda recíproca que se dan en todos los ámbitos de la vida.
Así como ningún ser tiende a la propia destrucción, así también es para la sociedad. También ella tiende a su autoconservación.
Esta solidaridad nace de la observación de las más genuinas tendencias humanas de convivencia, en que lo más instintivo y proprio de los hombres es ayudarse mutuamente, quererse, colaborar y estrechar amistad.
Este tipo de solidaridad no debe tener confines.

2. En ámbito cristiano la solidaridad recibe un nuevo empuje de la caridad que es el amor con el que Dios ama a todos los hombres.
Por cierto también la caridad es un amor universal, que supera los eventuales límites de la solidaridad que en ocasiones puede expresarse de manera errada, como ser la solidaridad de un grupo o de una nación en contra de otro grupo o de otra nación.
La caridad tiene el poder de hacer caer las posibles reservas que podrían impedir nuestra benevolencia hacia los demás y en especial hacia los enemigos.
La caridad no excluye a nadie, ni siquiera a los pecadores, tampoco a los enemigos y perseguidores. Es por eso que quien ama con caridad ama con el corazón de Dios que sigue amando a todos sin cesar, aun a aquellos que lo odian o lo persiguen.

3. Además de este amor que podríamos llamar general y que se expresa con varias tonalidades según la proximidad y las deudas de gratitud, existe el amor esponsal.
Pablo VI en la encíclica Humanae vitae describió la naturaleza de este nuevo tipo de amor enumerando cuatro características propias.
Es primeramente un amor plenamente humano, es decir sensible y espiritual:
Es además un amor total, es decir una forma peculiar de amistad personal.
Es asimismo amor fiel y exclusivo hasta la muerte,
Es en fin amor fecundo, que no se agota en la comunión de los cónyuges.

4. Hay que recordar que aquí Pablo VI por amor conyugal no se refiere sencillamente a la intimidad conyugal, sino al amor, es decir esa forma tan singular de amistad que existe entre los esposos.La exclusividad de esa forma de amistad  nace por el hecho que en el día de las bodas cuando se expresa el consentimiento conyugal, se donan totalmente entre sí,
Es así pues, que la totalidad en su elemento afectivo implica que esa intensidad esté reservada exclusivamente a la pareja.
Los antiguos decían que amans non patitur consortium in amato, esto es, aquel que ama no soporta intrusión ajena en los afectos.
Éstos en su totalidad son exclusivos.
En su totalidad se donan al proprio cónyuge.
Y una vez que han sido donados o prometidos no pueden darse a ningún otro con la misma intensidad.
Esta exclusividad matrimonial dice de hecho al proprio esposo:  “Tú me bastas”. De modo que no se buscan otros.

5. Por lo tanto si por enamoramiento se entiende perderse por una persona, en el matrimonio ese perderse es un derecho proprio y exclusivo  de los esposos. Se lo han prometido, se lo han dado.
Desde el día de la boda se convirtió contemporáneamente en un deber y un derecho.

6. Es por eso que puede darse un adulterio espiritual cuando se permite que el corazón se enamore de otro que no sea el proprio cónyuge.
Jesús dijo que quien mira a una mujer deseándola en su corazón, ya comete adulterio.
Es aquí que Jesús recuerda que no existe tan solo un adulterio material.
El enamoramiento por otra persona conduce inevitablemente a una tensión menor por el proprio esposo y por la propia familia.
Además –como estamos hechos por alma y cuerpo- el enamoramiento y el estar cautivados por otras personas es inevitable que lleve a exteriorizar de alguna manera esa pasión.
Y no hace falta decir donde esa pasión puede llevar.
Es suficiente recordar que eso es todo lo contrario a lo que fue prometido en el día de las bodas.

Te deseo todo bien, y ante el Señor te recuerdo junto a tu hermosa familia y te bendigo. Padre Angelo