En una sucesiva parte de su mail, Bryan expone cuatro interrogantes al padre Angelo.
A continuación sigue la respuesta.
Respuesta del sacerdote
Querido Bryan,
1. A la primera pregunta: “Padre, ¿cuáles son los pasajes bíblicos por los que podemos saber que los santos y los ángeles pueden escuchar nuestras súplicas y oraciones?” respondo con esta afirmación de Nuestro Señor: «Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial» (Mt 18,10).
Si nuestros ángeles ven siempre en la mente del Padre celestial, no hay razón para negar que el Padre no les conceda que vean nuestros pedidos y le presenten su intercesión.
Además Nuestro Señor, si bien en otro contexto, dijo: «En la resurrección ni los hombres ni las mujeres se casarán, sino que todos serán como ángeles en el cielo» (Mt 22, 30).
Puesto que los santos ven en la mente de Dios como los ángeles, es legítimo pensar que el Señor les conceda que vean nuestros pedidos y ofrezcan con gusto su intercesión.
Acerca de nuestra capacidad de ver directamente en la mente de Dios habló también San Pablo cuando dijo:
“Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí” (1 Cor 13,12).
2. Sobre la intercesión de los Santos tenemos también una clara referencia en el Antiguo Testamento. En Mac 15, Judas Macabeo relata “un sueño totalmente fidedigno, que los alegró a todos. Él había visto lo siguiente: Onías, el que había sido Sumo Sacerdote, hombre cabal, de trato modesto, de carácter afable, de hablar mesurado, ejercitado desde niño en todas las prácticas virtuosas, oraba con los brazos extendidos por toda la comunidad de los judíos.
Luego apareció también un personaje que se destacaba por sus cabellos blancos y su prestancia, revestido de una dignidad soberana y majestuosa.
Entonces Onías tomó la palabra y dijo: «Este es Jeremías, el profeta de Dios, que ama a sus hermanos, y ora sin cesar por su pueblo y por la Ciudad santa».
Después Jeremías extendió su mano derecha y entregó a Judas una espada de oro, diciendo mientras se la daba: «Recibe esta espada santa como un don de Dios: con ella destruirás a tus enemigos»” (2 Mac 15,11-16).
Si Jeremías entregó a Judas una espada de oro para combatir, quiere decir que sabía lo que precisaba.
3. Acerca de la segunda pregunta: ¿por qué conviene la asunción de María al cielo?
El primer motivo estriba en que la muerte entró en el mundo a causa de la envidia del diablo.
Puesto que la Virgen siempre fue toda santa, convenía que su condición fuera semejante a la de nuestros progenitores antes del pecado original, quienes al final de sus días habrían ido directamente al cielo, con alma y cuerpo.
En segundo lugar, puesto que la Virgen participó de forma singular en la Redención de Cristo (esto es participando como la nueva Eva) era conveniente que participara directamente también de su victoria, es decir de su resurrección y gloriosa ascensión al cielo.
El Concilio Vaticano II dice: “fue ensalzada por el Señor como Reina universal con el fin de que se asemejase de forma más plena a su Hijo, Señor de señores” (Lumen gentium 59).
En tercer lugar, porque lo que se cumplió en María es un signo de lo que sucederá con nosotros al final del mundo.
4. Tercera pregunta: “¿Usted opina que la Iglesia debería dar de alguna manera, mayor cabida a las mujeres y si así es, cómo? Por supuesto, excluyendo el ministerio sacerdotal”.
Para no desviarse, hay que recordar que en el Reino de Dios la verdadera grandeza consiste en la caridad.
En la historia de la Iglesia las mujeres no han necesitado reconocimientos especiales para entregarse.
Pertenece a la naturaleza de la mujer el donarse plenamente.
Además es este el verdadero primado, el que dura para siempre, no está ligado al ministerio, sino a la caridad.
¡Cuántas son las mujeres que han tenido una santidad mayor que la de sus hijos sacerdotes, obispos y papas! Esta es la grandeza que dura eternamente.
Todas las otras grandezas son funcionales.
Dejando de lado aquellas ligadas al ministerio sacerdotal, no hay ninguna exclusión para que las mujeres puedan dar su aporte positivo según su grado de competencia y capacidad.
5. Para la cuarta pregunta: “Si yo dijera: el padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas diversas, ¿me equivoco? ¿O bien debo decir distintas?”
Di dices diversas te equivocas porque significaría que en una Persona hay algo que no existe en las otras.
Mientras las tres Personas divinas son iguales. Todo lo que hay en una Persona está también en la otra.
Lo que las distingue entre ellas, como se enseña en teología, es la relación, porque uno es el generante, el otro el generado y el otro es el amor que las convierte en una sola cosa.
Te bendigo, te deseo todo bien y te recuerdo en la oración.
Padre Angelo
6. Aquí el hecho que te ocurrió, acerca del que pides una interpretación:
“Padre quisiera también hablarle de un hecho que me ha afectado mucho. El 28 de agosto del 2022 participé con una parroquia en una peregrinación a pie, a San Agustín. Salimos a las dos de la mañana y llegamos justo a tiempo para la misa. Estaba muerto de cansancio, pasé todas esas horas rezando muchos rosarios, había elegido ayunar.
Miraba las estrellas y me fijaba en una en particular pensando en que sería el “lucero de la mañana”, que como María nos habría conducido hacia Dios. Una vez llegados quedé maravillado por los cantos y por el modo en que los frailes estaban celebrando la Misa, pero no pude seguir con mucha atención pues estaba excesivamente cansado. Una vez terminada la misa, me acerqué a la tumba de San Agustín, Santo al que me siento muy ligado, de repente cerré los ojos y escuché a niños recién nacidos o niños que gritaban y lloraban de manera sombría, macabra e inquietante y en medio de un trasfondo negro miríadas de chispas de fuego lo iluminaban, me parecía el infierno. Estallé en llanto delante de todos, y corrí a rezar ante una estatua de Cristo pidiendo que ningún alma jamás se separe del amor de Dios para siempre”.
Respecto a lo que has dicho, procedo con mucha cautela.
No pongo en duda que realmente hayas escuchado ese llanto, porque tal vez a todo podías estar preparado, excepto al llanto de los niños.
No se si haya sido una locución, es decir un fenómeno místico sobrenatural, porque las locuciones también pueden manifestarse así.
Claro que lo que sentiste no podrás olvidarlo nunca.
¿Qué significa ese llanto?
Lo que hay que excluir absolutamente es que ese llanto, sea el llanto de los niños en el infierno.
No es posible que los niños vayan al infierno porque no tienen pecados personales.
La Iglesia considera a los niños muertos con el bautismo como ángeles, tanto que sus exequias se celebran con vestiduras blancas y no con las moradas, símbolo de penitencia.
7. Mi titubeante interpretación sigue luego. Es titubeante porque no tiene la pretensión de ser infalible.
Ese llanto podría recordar el dolor estremecedor de quienes se encuentran en el infierno, un dolor semejante al llanto de los recién nacidos cuando son inconsolables.
¿Qué ocasiona mayor congoja que ese llanto ante el cual no cabe sino reconocer la propia incapacidad de consolar?
Personalmente nunca podré olvidar algo que vi en un hospital: un niño, que habrá tenido unos ocho o nueve años, sordomudo con diferentes discapacidades. Se había caído de la cama y fracturado en diferentes partes. Estaba vendado y lloraba ininterrumpidamente. No podía escuchar la voz de quien estaba a su lado porque era sordomudo. No podía ver a nadie. No se lo podía tocar, para no aumentar sus sufrimientos.
Estrujaba el corazón la soledad de ese niño, que probablemente se sentía abandonado por todos en su dolor. No que los demás no tuvieran sentimientos, pero no podían hacer nada.
Después de algunos minutos, quien me acompañaba me condujo afuera. Mientras salía y se cerraba la puerta seguía escuchando el llanto estremecido y estremecedor de ese niño, que seguía sufriendo y lloraba en completa soledad.
¿Acaso no es este el sufrimiento de quienes se encuentran en el infierno?
Tal vez el Cielo a través de ese llanto ha querido despertar en ti, aún más, el deseo de ser apóstol, de hacerte todo para todos para salvar por lo menos a algunos, como decía San Pablo de sí mismo (cfr. 1 Cor 9,23).
Te agradezco por el incipit de tu mail: “Queridísimo Padre Angelo, primeramente quiero expresarle mi alegría por la gracia que Dios me concedió: haber dado con vuestro sitio. Le agradezco inmensamente por el servicio que ofrece a todos aquellos que se acercan con sus dudas”.
Con mucho gusto te acompaño con mi oración.
Rezaré a María para que te indique el camino para tu futuro para que puedas servir mejor al Señor y a tu prójimo.
Rezaré también a María Magdalena, que es la celestial patrona de la orden dominica. No solamente porque es apóstol de los apóstoles, sino también porque los dominicos desde hace más de 700 años tienen el privilegio de custodiar sus sagrados restos a la Sainte Baume, en los alrededores de Marsella.
Ella misma en una aparición pidió que fueran los dominicos quienes custodiaran.
Con placer encomiendo tu pureza a la Virgen, que es la madre del amor hermoso (Eclo 24,18) como también a Santa María Magdalena, que según san Agustín en cuanto a pureza, es la segunda después de la Virgen.
Te bendigo y deseo todo bien.
Padre Angelo
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