Buenas tardes

Me llamo Marco y a menudo leo sus respuestas en este sitio.
Escribí esta poesía, que es el resultado de la intensa lectura que usted nos ha dado acerca de la eternidad.
Me gustaría que me diera su parecer.
Para mí es linda porque es como una catequesis, contenida en una oración en la que se refleja mucha esperanza y confianza.
Nuevamente, gracias.

Me llegué en alta montaña a pensar
para que ningún ruido me pudiera alcanzar.

Poder comprender un concepto sería una gran conquista
pero a menudo andamos lejos de la pista.

¿Qué es el tiempo? ¿Quién podrá
decir con acierto una palabra sobre esta realidad?

También Agustín con gran tesón
empleó su gran ingenio con pasión

con sencillez comenta,
que si nadie le pregunta, sabría dar cuenta,

pero apenas el Fulano me lo pide justo a mí
ay ay, ¿dónde está la sabiduría que perdí?

El griego Aristóteles define con lucidez:
“El tiempo es la medida del movimiento según el antes y el después”.

Si estás en el tiempo ten por seguro
que hay un pasado, un presente y un futuro.

Pero de los tres sólo al presente miramos
los otros dos o recordamos o esperamos.

Puedo afirmar con Agustín sin temer contradicción
que sólo el espíritu llega a tal conclusión

sin un alma que no se tome el momento,
el tiempo sería sólo un movimiento.

Me devano los sesos para ampliar la evaluación
y concluyo que el tiempo es nuestra dimensión


es este requisito sagaz y docto
que nos concede el ser poco a poco.

Caigo luego en el dilema del tiempo que enmudece
y ante mí una aventura que después desaparece,

permanecen los recuerdos alegres, tristes y desteñidos
tanto es así que al pensar nos quedamos sorprendidos.

¿Dónde se quedaron las gestas juveniles, de las que tanto siento la ausencia?
Las ha devorado el tiempo que exige en los eventos la secuencia.

Atisba sin piedad, su aliado, la nostalgia,
que hace emerger lo que ya no ha de volver.

¡Qué dolor para nosotros los humanos recordar
las sensaciones que no se pueden recobrar!

Y así esclavos andamos de esta ley universal
en la que hay siempre un antes y un después que armonizar.

En este desconcierto de eventos y mutaciones
con ahínco intento conservar bellas emociones.

La amistad, las aventuras, la jolgoria,
que desde chico han marcado mi historia.

pero como a un niño al que quitan el helado,

el tirano del tiempo de aquéllas me ha privado.

Me quedo aquí sentado, mirando abajo,
buscando una solución que aligere el paso.

Me convenzo al fin que a ese nadie le resiste y me quedo ofuscado,
pues desde que comencé a pensar, mediodía ya ha pasado.

El problema está en esta dimensión,
pues el ser lo tenemos en sucesión.

¡Qué desventura para nos, pobres mortales,
tener un alma grande sometida a tantos males!

¿Qué ventaja tengo frente al caballo o al ara,
si al final igual que ellos inclinaré la cara?

Se mofan también el águila y el camello ante la muerte,
de hecho aunque viva cien años como la de ellos será mi suerte.

Mientras desesperado busco la solución a esta trampa
porque retener quiero lo que me encanta,

de improviso aflora en mi mente un pensamiento temerario
que vería por fin vencido al tiempo en relación a su contrario.

El dominio de nuestro dictador por cierto acabará
cuando entraremos en la eternidad.

Y como el gigante Tomás acierta con su reflexión
“Allá Dios eleva al hombre por encima de toda mutación».

Allá no hay antes ni después: el tiempo fue borrado
porque el presente no transcurre en el pasado,

nuestro obrar no será temporáneo
porque Allá cada acción ocurre en simultáneo.

Antes que Tomás un digno tentativo
lo hizo un pensador: Boecio Severino,

él nos quería recordar que tal posición es muy exaltante
no obstante consista en un único instante.

Encarcelado con injusta sentencia, escribió bajo el impulso de una idea admirable:
“la eternidad es poseer entera y perfectamente y simultáneamente una vida interminable”.

Por eso no existe la exigencia de elegir entre esto o aquello
porque a nada se renuncia de lo que es bello.

Y ya no hace falta pasar de la potencia al acto
porque el salto en la plenitud lo es de facto.

Algún necio podría pensar que en el más allá
de algún modo se sacrificará nuestra libertad,

muy torpe sería no creer
que a la ley eterna nos debemos someter,

y no será un daño, sino más bien un lucro exacto
cuando abrazaremos la totalidad con un solo acto.

A bien mirar la libertad no se perderá,
sino más bien es cierto que allí, se cumplirá

con la gracia y tus actos meritorios habrás determinado
el estado en que nada puede ser cambiado.

Bien dijo Tomás que la visión eterna no tiene sanción alguna
de manera que en ella está excluida toda laguna,

y como con un cesto se recogen todos los frutos de la tierra con movimiento certero
allá “todas las cosas que en ella se ven, se ven con un vistazo verdadero”.

Aquí los hombres se afanan, pero su obra es momentánea
mientras allá sin esfuerzo cualquier cosa será en contemporánea

Doctos e ignorantes se ocuparon con gran esmero
para poder desvelar este misterio,

sin embargo ella, la eternidad se yergue determinada
envuelta en una niebla empecinada. 

¿Y con qué palabras un hombre podría explicar
lo que ni siquiera puede imaginar?

Me quedo quieto a contemplar
la sorpresa que el cielo quiere revelar,

muchas veces lo he revisado y mi interior se estremece
al pensar en la morada que la existencia toda enaltece

¿cómo será posible ese momento
en que no habrá disminución ni crecimiento?

Cuando la tortuga por cien millones de veces girará por el ecuador
el instante sin pasado ni futuro la mirará sin el más mínimo torpor.

Es cierto que a nadie disminuyo
si afirmo que comparar lo de aquí es un apabullo,

ligero como el barrilete mi corazón
afirma cuán ridículo es semejante parangón.

Si considerara poco los bienes de la tierra, parecería asunto harto ocioso,
pero ante ella todo valor es artificioso,

en efecto ¿con qué bien el hombre podría barajar
el premio que allí podría encontrar?

Admito que el temor puede sobrevenir
pensando que allá no existe el devenir,

es lo ignoto que al hombre hace estremecer
y bien se entiende que pueda padecer.

En cuanto a mí, algún bien me parece pregustar
de los que allá sin más pena habremos de gozar.

Agradezco a Aristóteles, Agustín, Tomás, Severino que de ello han hablado
y así a dar buenos pasos nos han ayudado.

Y si alguno quisiera todavía preguntar
le diría que mejor compañía no podrían encontrar.

Hace mucho que me embarga la emoción
pensando en “Aquel en quien no hay cambio ni sombra de variación”

por fin el sol se está poniendo sobre todo este saber
y en pocas horas inevitablemente será una historia del ayer.

Venció otra vez, y no puedo evitarlo nuevamente,
pero antes o después quedará sometido al mismo inconveniente,

tendido sobre la hierba la brisa consigue refrescar
la mente que hierve de tanto elucubrar,

miro hacia lo alto y admiro el firmamento
con las manos quisiera detener este momento.

Eternidad esperaré tu venida por ahora,
cuando gozaré de Dios cual perenne aurora.

Respuesta del sacerdote

Querido Marco,
el placer con que leí tu poesía aumentó sorprendentemente a medida que avanzaba en su lectura.
Cada afirmación me recordaba algo de lo que había escrito acerca de este tema.
En su simplicidad es una síntesis perfecta.
Yo no habría sido capaz de expresarla de esta forma.
Evidentemente tienes talento para la poesía, pero también una extraordinaria capacidad de síntesis.
No dejaste atrás ningún elemento de la discusión.
Me da gusto saber que son tus compañeros Aristóteles, Agustín, Severino Boecio y Tomás.
Has sido muy afortunado de encontrar estos tesoros en tu camino, El Señor te los ha puesto delante.
Con gusto la publico.
Probablemente algún estudiante podrá encontrar material útil para sus investigaciones o para sus exámenes.
El Señor te colme de bendiciones.
Te recuerdo en la oración y te deseo todo bien.

Padre Angelo

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