Hola, Padre.

Le escribo tres breves preguntas.

1) ¿Acaso quienes no están bautizados no son considerados hijos de Dios por la Iglesia Católica? ¿Son “simples criaturas”?

2) Jesús dijo que debemos comer de su Cuerpo y de su Sangre para obtener la vida eterna. ¿Significa esto que quienes no comen la Eucaristía o nunca la han comido (quizás por ser ateos o pertenecer a otra religión) no se salvarán?

3) ¿Quienes no están bautizados y no participan en los sacramentos o, en general, no creen en Cristo, no son salvos según la Escritura, la Tradición y el Magisterio?

Gracias por su atención y por tomarse el tiempo para responderme.

Respuesta del Sacerdote

Querido,

1. Uno se convierte en hijo/a activo/a de Dios en el momento en que recibe esa semilla divina de la que habla San Juan en su primera carta.

Normalmente, esta semilla divina se infunde en el bautismo.

Pero, especialmente en el adulto, se infunde incluso antes del bautismo, cuando acoge la gracia que el Señor concede misteriosamente.

San Juan, en el prólogo de su Evangelio, dice: “A todos los que la recibieron, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.” (Juan, 1, 12)

San Marcos relata que Jesús dijo: “El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará.” (Mc 16,16).

Como se puede ver, no dijo: “El que no sea bautizado será condenado”, sino simplemente “el que no crea”, es decir, el que no ha acogido la semilla de vida divina que el Señor quería darle.

2. Para la segunda pregunta, Santo Tomás introduce su análisis con una declaración de San Agustín: “San Agustín escribe: “o penséis que los niños no pueden tener la vida porque no han tomado parte en el cuerpo y en la sangre de Cristo.”” (Suma Teológica, III, 73, 3, sed contra).

A continuación, explica cómo esto es necesario para la salvación. 

Y aquí está el texto: “En este sacramento hay que considerar dos cosas: el signo sacramental y la cosa significada por él. Ahora bien, ya hemos dicho que la cosa significada es la unidad del cuerpo místico sin la que no puede haber salvación, ya que fuera de la Iglesia no hay salvación, como tampoco la había en tiempo del diluvio fuera del arca de Noé, que, como se dice en 1 Pe 3,20-21, significaba la Iglesia. Pero hemos dicho más arriba (q.68 a.2) que la cosa significada por un sacramento se puede obtener antes de recibir este sacramento con sólo desearle. Luego antes de recibir este sacramento puede el hombre obtener la salvación por el deseo de recibirle, como también la puede conseguir antes del bautismo por el deseo del bautismo, como se dijo antes (ib.).
Hay, sin embargo, aquí una doble diferencia. Primera, que el bautismo es principio de la vida espiritual y puerta de los sacramentos, mientras que la eucaristía es coronación de la vida espiritual y fin de todos los sacramentos, como más arriba se dijo (q.63 a.6; q.65 a.3), ya que la santificación que éstos nos comunican nos prepara para recibirla o para consagrarla. Por eso, la recepción del bautismo es indispensable para incoar la vida espiritual, mientras que la eucaristía es indispensable para culminarla. Pero no es indispensable recibirla de hecho. Es suficiente tenerla con el deseo, como con el deseo o la intención se tiene el fin.
La otra diferencia está en que por el bautismo el hombre se ordena a la eucaristía. De ahí que, por el mismo hecho de que los niños se bautizan, están orientados por la Iglesia hacia la eucaristía. Por consiguiente, de la misma manera que creen con la fe de la Iglesia, así con la intención de la Iglesia desean la eucaristía, y, por ende, reciben la cosa significada por ella. Pero no hay un sacramento anterior que les oriente hacia el bautismo. Por lo que, antes de recibir el bautismo, los niños no le reciben con el deseo, sino solamente los adultos. Por eso, los niños no pueden recibir la cosa significada sin la recepción del sacramento. Por tanto, la eucaristía no es indispensable para la salvación de la misma manera que el bautismo.” (Suma Teológica, III, 73, 3).

3. Respecto al tercer problema, el elemento esencial para la salvación es la gracia de Dios, incluso si no se ha recibido el bautismo.

De hecho, se lee en la Sagrada Escritura que “Dios él quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.” (1 Tim 2:4) y que para la salvación de todos es necesario, como mínimo, creer en Dios y que Dios recompensa a quienes lo buscan. La Escritura dice: “sin la fe es imposible agradar a Dios, porque aquel que se acerca a Dios de creer que él existe y es el justo remunerador de los que lo buscan.” (Heb 11:6).

Te bendigo y te recuerdo en mis oraciones.

Padre Angelo

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