Rev.mo Padre Angelo Bellon,
Mi nombre es padre… y soy exorcista de la diócesis de…
Antes que nada lo felicito por la claridad y los contenidos de sus respuestas a las consultas que llegan en la rúbrica del sitio Amigos Dominicos.
Quisiera profundizar una cuestión sobre la que ya ha intervenido, vale también en forma privada, acerca de la transmisión generacional de los maleficios.
En el caso en examen, usted correctamente afirmaba, que el maleficio ejercido sobre la abuela no puede ser transmitido a sus sucesores.
Sin embargo me ha dejado perplejo la relación que usted hace con el sacramento del Bautismo, (el cual quitaría toda forma maléfica que anteriormente se hubiera hecho sobre el bautizado), y esto porque es conocido por los exorcistas, que por ejemplo la “mediumnidad”, pero también otras formas de maldición familiar desgraciadamente, siguen produciendo sus efectos nocivos sobre personas bautizadas y en sus descendientes.
Esto es lo que pienso, obviamente salvo meliori iudicio.
Quedo a la espera de su aclaración y le deseo Paz y vida!
Padre…
Respuesta del sacerdote
Queridísimo padre,
1. como principio es indiscutible que con el bautismo hemos sido sustraídos al dominio del diablo e introducidos en el Reino de su hijo predilecto (cfr. Col 1,13).
Es verdad, y no podemos negarlo, que ocurre a veces que se maldiga a una persona y a sus descendientes.
Pero es cierto también, que con el Bautismo somos liberados de toda ligadura.
2. Santo Tomás dice que “el demonio tiene un cierto poder sobre el hombre por el mismo hecho de que éste se encuentra bajo el pecado original y también el personal. Por eso es conveniente que antes del bautismo se expulsen los demonios con el exorcismo, para que no impidan la salvación de los hombres. Esta expulsión está significada en la exudación” (Suma teológica, III, 71, 2).
“La bendición, que tiene lugar con la imposición de manos, cierra al expulsado la vía del retorno. La sal que se le pone en la boca y la unción con saliva en narices y oídos significan: la recepción de la doctrina de la fe para los oídos, la aprobación para las narices, y la confesión para la boca. La unción con el óleo significa la capacitación del hombre para luchar contra el demonio” (Ib.).
3. La ablución bautismal sustrae el poder que el demonio tiene sobre el hombre para impedirle alcanzar la gloria. Pero los exorcismos sustraen el poder que el demonio tiene para impedir que el hombre reciba el sacramento” (Ib., ad 2).
4. Afirma San Cipriano: “Has de saber que la maldad del diablo puede resistir hasta el agua salvífica, pero en el bautismo pierde toda capacidad para hacer daño. (epístola 76)”.
Si ocurriera que en el niño bautizado permaneciera algún vínculo maléfico, ¿cómo se podría pensar que en la eventualidad de su muerte, pueda entrar en el paraíso si de algún modo está ligado al mal?
¡No podemos pensar algo así!
5. Seguidamente Santo Tomás escribe: “dice San Agustín en su libro De Symbolo: Los niños son exuflados y exorcizados para que el poder hostil del demonio, que engañó al hombre, sea arrojado fuera de ellos. Ahora bien, la Iglesia no hace cosas sin sentido. Luego estas exuflaciones contribuyen a arrojar el poder del demonio» (Suma teológica, III, 71, 3 sed contra).
Y a la pregunta: Los ritos del exorcismo, ¿producen algo o solamente significan?
Algunos han dicho que los ritos del exorcismo no producen nada y que son sólo signos. Pero esto es manifiestamente falso, porque, en los exorcismos, la Iglesia emplea la forma imperativa del verbo para arrojar fuera la potestad del demonio, como cuando dice: Luego, maldito diablo, sal de él.” (Ib., III, 71, 3).
6. ¿Qué decir pues acerca del árbol genealógico contaminado?
Ante todo se puede decir que el demonio ronda buscando arruinar a las almas independientemente del árbol genealógico.
Por lo tanto para verificar la acción de Satanás sobre una persona no es necesario recurrir a sus antepasados, ya sea porque no se puede demostrar ya porque es cierto que por el bautismo hemos sido sustraídos al demonio y colocados en el reino de su Hijo predilecto.
7. Probablemente se puede hacer una analogía respecto de ciertas inclinaciones innatas, tanto buenas como malas que predisponen a tener un determinado comportamiento, pero no lo obligan.
Es solamente con el pecado personal que nos abrimos a la acción del demonio, excepto en algunos casos en que Dios lo permite, como observamos en la vida de algunos santos.
La acción que el demonio pudo haber tenido en algunos de nuestros antepasados queda frustrada en el momento del bautismo.
No son las predisposiciones al pecado las que atan al demonio, sino solo las acciones personales. Entonces puede volver a hacer lo que anteriormente hizo con nuestros antepasados y también con otros, pero sólo porque se le abrió una puerta.
Esto es lo que pienso, evidentemente salvo meliori iudicio.
Le deseo todo bien por su valiosísimo ministerio y me cobijo en su oración.
Padre Angelo
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