Reverendísimo Padre,

Soy un chico que, cuando puede, trata de asistir a la Santa Misa incluso los días de semana (a veces voy incluso tres días seguidos); sin embargo, esto no es entendido / aceptado por mis padres que no escuchan mis motivaciones (“me parece que es una cosa normal y voy allí tranquilo y feliz”, “es mi libre elección” o “es el deber de un Fiel lo de asistir a la Santa Misa”) y muchas veces, especialmente durante el año pasado, se enfadaron y me acusaron de rigidez o sectarismo. En consecuencia, sucede que cuando me preguntan “¿has ido hoy a misa?” Respondo negativamente con una mentira, para evitar la carga de tener largas discusiones: ¿me estoy equivocando en mi deber de testificar de la fe? ¿Me avergüenzo de nuestro Señor? Sin embargo, veo su lento paso de una ojeriza sorda a una curiosidad cada vez más leve al pedirme cuenta …

Un saludo cordial


Querido,

1.Aunque para algunos parezca extraño, la participación diaria en la Eucaristía es bastante natural. 

Así como el cuerpo se nutre todos los días, los que están acostumbrados a nutrir el alma con Dios sienten la necesidad de asistir a Misa tanto como sea posible, incluso a diario. 

2. Para los que ven la religión simplemente como un conjunto de obligaciones, entre las que también existe la participación en la misa los domingos y festivos, la participación diaria es incomprensible y para un chico podría ser motivo de discusión familiar. 

3. Gracias a Dios no son pocos los jóvenes que en los últimos tiempos han comenzado a participar en la Misa todos los días.

Esto es lo que he visto en nuestra Iglesia especialmente desde hace unos meses. 

Sería feliz si fuera un fenómeno universal. 

4. No voy a relatar las motivaciones de Santo Tomás, de San Francisco (que no era sacerdote) o de Pier Giorgio Frassati sobre la Eucaristía diaria. 

Me limito a presentar el hermoso testimonio de un chico, Carlo Acutis, que murió a los 15 años en 2006. 

Desde muy joven sintió atracción por la Misa. 

5. Dice la tía: “Me pidió que lo llevara a Misa, porque cuando había “esa cosa allí” había mucha paz. 

Sentía algo hermoso y veía que era como si la gente mejorara, como si cambiara para mejor. 

Eran las mismas personas que él, un chico alegre, encontraba en la calle y siempre saludaba, pero allá en la iglesia había una realidad diferente”.

6. Hecho su Primera Comunión a la edad de 7 años, porque el Obispo lo encontró preparado, ardía en el deseo de recibir al Señor. 

La superiora del monasterio de las Romite de Perego, en Brianza, nos dice: “Compuesto y tranquilo durante el tiempo de la Santa Misa, comenzaba a mostrar signos de impaciencia a medida que se acercaba el momento de recibir la Sagrada Comunión. 

Miraba a la Hostia, emanaba una sonrisa, sus ojos brillaban de alegría. 

Con Jesús en su corazón, después de sostener su cabeza entre sus manos, comenzaba a moverse, como si ya no pudiera quedarse quieto. 

Parecía que algo le había pasado, que solo él sabía, algo demasiado grande que no podía contener”.

7. Todo esto no vino de la familia.

Mamá diría más tarde: “Vengo de una familia secular, de publicadores racionalistas, no contra la Iglesia, pero tampoco muy creyentes. 

Tenemos que ser honestos, no éramos personas de mucha práctica religiosa. 

A veces íbamos a misa casi por obligación, durante las vacaciones de Navidad y Semana Santa y luego para algunas bodas. 

Fue Carlo quien nos hizo volver a sentir la belleza de la fe. 

No fui un ejemplo al principio, pero Carlo fue el acicate para emprender un camino de fe y profundizar en lo que nunca había escrutado. 

Había estudiado finanzas y derecho, con el mito de la cultura secular, y mi fe era nula. 

Carlo fue un salvador para mí. A través de él redescubrí las maravillas de la fe”.

8. Después de esa Primera Comunión, Carlos nunca faltará a la cita diaria con la Misa y una breve adoración eucarística antes o después de la celebración.

Sus meditaciones juveniles sobre la Eucaristía son tan sencillas como profundas. 

Decía: “Frente al sol nos bronceamos, pero frente a la Eucaristía nos hacemos santos”. 

A menudo repetía: “¡Vas directo al Paraíso si te acercas a la Eucaristía todos los días!”. 

Más de una vez dijo estas palabras: “Jesús es muy original, porque se esconde en un trozo de pan, y solo Dios puede hacer algo tan increíble”. 

9. Quisiera decir más sobre este chico que parece casi como si el Señor quisiera dejar a los 15 años para proponerlo como ejemplo a nuestros hijos de hoy. 

Pero ha llegado el momento de responder a tu pregunta. ¿Qué decir a tus padres cuando te preguntan dónde has estado, temiendo (!) que has ido a misa? 

Puedes contestar muy bien sin miedo a mentir que has estado con amigos o compañeros de escuela si entre ellos hay alguien que hace lo que tú haces. 

10. Y si un día ven que los amigos son los que encuentras en la Iglesia y entre ellos principalmente a Jesús, diles también que es Él quien te hace sentir mejor, quien te transforma, quien te comunica tanta paz.

También di que esta paz les llega de alguna manera también a ellos a través de la presencia de Cristo y el Paraíso dentro de ti. 

Di también, dando tu hermoso testimonio, que para la Eucaristía diaria Jesús te colma de muchas gracias y que estas gracias las traes también a tu familia, sin que ellos se den cuenta. 

Así que sigue así. 

Estoy convencido de que ya no puedes prescindir de encontrar a Jesús todos los días y estar junto a él. 

Es la luz del Paraíso que cada día entra en tu vida. 

Te agradezco este hermoso testimonio que nos has ofrecido, sin querer. 

Te deseo lo mejor, te recuerdo al Señor y te bendigo. 

Padre Angelo 


Traducido de Alessandra Pelizzaro

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