Buenos días padre,
Le escribo a causa de lo que está por suceder en mi vida.
Tiempo atrás le había escrito acerca de los jóvenes de estos tiempos, y cuán difícil es encontrar a alguien que tenga fe y nos acompañe en este camino.
Si bien nunca lo había pedido en la oración, un día lo hice, y al cabo de poco tiempo conocí a un muchacho.
De esto hace ya unos meses, pero aun antes de conocerlo sentía en mi corazón, que sería la persona adecuada, nunca me había ocurrido esto en mi vida.
Después de haber vivido por dos años en castidad, caí en tentación y ahora volver atrás es difícil.
Deseaba desde hace tiempo encontrar un chico que viniera a Misa conmigo, que rezara junto a mí y compartiera todo lo que se puede acerca de la espiritualidad, y debo decir padre que lo he encontrado.
Queremos casarnos, él lo siente cada vez que estamos en Misa, de la misma manera que yo, no obstante los tiempos sean breves, estamos profundamente convencidos que con dedicación, amor y sacrificio, todo saldrá bien, y con Dios a nuestro lado seremos más fuertes para superar los obstáculos.
Este domingo iremos a hablar con un sacerdote.
Le aclaro que ya tengo 21 años y él 25, nuestros padres opinan que sería mejor optar por una convivencia, y parece que no pueden aceptar que nos casemos, en especial mi madre, que parece que no quiere despegarse de mí y no entiende cuanto mi alma sufre por no poder comulgar, y haber perdido momentáneamente la gracia.
¿Cuál es su parecer? Nosotros pensamos que el mundo ha cambiado negativamente en este aspecto, ya no se cree más en el vínculo del matrimonio y en las grandes cosas que Dios puede obrar, pareciera que el amor es tan solo la simple unión de los cuerpos… en lugar de las almas…
Sabemos que hay que hacer un curso prematrimonial, este domingo después de misa nos informaremos al respecto.
Le pido una bendición padre por F y V, que Dios nos acompañe y nos ayude a superar todo esto.

Respuesta del sacerdote

Muy querida,

1. te animo a que prosigas por el camino del matrimonio.
Estoy convencido que la ley de Dios es más sabia que nuestra visión de las cosas y que vivir el pre matrimonio en la pureza es la cosa más hermosa y más saludable para vivir el matrimonio según los caminos de Dios.

2. Viviendo en la pureza no nos constituimos en árbitros de la sexualidad y del propio cuerpo, sino que se reconoce la primacía de Dios, punto de partida y de llegada también de nuestra vida afectiva.
En la pureza Dios está siempre presente como Aquel que acompaña en el camino, da la fuerza para superar las tentaciones, y da fortaleza en todo.
Sobre todo mantiene puro el amor y ayuda a tender a la santificación.
La pureza nos mantiene constantemente abiertos a los dones de Dios.

3. Las relaciones prematrimoniales, que necesariamente son anticonceptivas, alteran el designio de Dios escrito en la sexualidad y, sin que uno se de cuenta, excluyen a Dios de la vida afectiva.
Se sigue siendo cristianos, pero sin agallas respecto a la santidad, que es el objetivo al que debemos tender.

4. Por eso como primera cosa te pediría que volvieras a vivir en castidad.
Justamente porque sientes la dificultad, como asimismo la siente tu novio, les hace mucha falta.
Hasta que no estén casados no se pertenecen aun de forma exclusiva.
La fuerza de la pasión da la impresión que la voluntad de estar juntos sea muy firme. Pero no es así.
Solo la pureza garantiza sin falsificaciones la voluntad de estar juntos.

5. En segundo lugar, te digo que no aceptes de ninguna manera el consejo de ir a convivir.
Es cierto que tu madre propone esta solución porque probablemente no los ve maduros y teme que un eventual matrimonio a vuestra edad pueda prontamente fracasar.
Pero la convivencia es una falsa solución, porque obliga a vivir como casados, mientras no es así.
En la convivencia está viva la sensación de lo provisorio, en el matrimonio en cambio se es conscientes que existe un vínculo que compromete a ser serios y a no adoptar conductas que pueden llevarlo a la ruina

6. Para no decir que también en la convivencia hay dificultades. En la convivencia, lejos de disiparse, tienden a agravarse.
Y si bien no se ve una salida, falta el coraje de terminarla porque en el tiempo se han puesto en juego muchas energías en múltiples aspectos.
Y así se van arrastrando.
Cuando luego por una cantidad de factores se comprende que esta relación ya no da más, los protagonistas se descubren envejecidos, con la sensación de haber perdido tanto tiempo.
A veces la sensación de fracaso es tan oprimente que se experimenta frustración y debilidad.

7. Jesús dijo: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Mt 24,35). En el Antiguo Testamento están dichas estas palabras: “Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los albañiles” (Sal 127, 1).
Por lo tanto te animo a que retomes la vida cristiana, frecuentes los sacramentos, en especial la eucaristía y la confesión.
Al mismo tiempo haces bien en presentarte ante el sacerdote para que te diga lo que debes hacer para prepararte santamente al matrimonio.
Quiero recordar que la palabra “matrimonio” en hebreo se dice kadushim, que significa santificación.
Prepárense de la mejor manera para poner las bases de vuestro futuro temporal y eterno.

Asegurándote mi oración para ti y F., los bendigo de todo corazón y les deseo todo bien.

Padre Angelo

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