Querido Padre Angelo,
primeramente quiero darle las gracias por el gran servicio que ofrece; en usted y en sus respuestas muchas veces encontré un guía y una gran ayuda para proseguir en mi camino de fe.
Me llamo …, estoy casado y tengo una pregunta en relación al comportamiento sexual que debo tener con mi esposa.
No he entendido bien si durante la relación sexual contenerse y frenar todo interrumpiendo la relación antes de la eyaculación es o no pecado.
En confesión dos sacerdotes diferentes me dijeron que no es pecado, últimamente confesándome con un tercero, me dijo todo lo contrario.
Quisiera despejar definitivamente esta duda y por fin tener en claro la dirección a seguir (pues cuando esto ocurre no me animo a comulgar sin antes confesarme).
Sé bien que el coito interrumpido es un pecado grave, pero en este caso frenando todo antes de la eyaculación creo que no se puede hablar de coito interrumpido.
Le saludo con afecto, e infinita gratitud.
Respuesta del sacerdote
Muy querido,
1. de este tema se discutía hacia la mitad del siglo pasado.
Este modo de comportarse estando en la intimidad conyugal, se lo definía: amplexo reservado.
2. En un dado momento intervino el Santo Oficio, que luego se llamó Congregación para la doctrina de la fe y actualmente Dicasterio para la doctrina de la fe.
El título que se ha dado a esta respuesta de por sí ya es elocuente: Admonición del Santo Oficio, 30 de junio de 1952.
3. Dice así: “Para que no falte a su deber en cosa de tal importancia referida a la santidad del matrimonio y a la salvación de las almas,… la congregación del Santo Oficio, por expreso mandato… de Pío XII, exhorta seriamente a todos los susodichos escritores, que desistan de comportarse de esa forma.
Luego los sacerdotes, en el cuidado de las almas y en la dirección de las conciencias, nunca, ya sea por propia iniciativa, ya sea porque les es requerido, presuman expresarse así, como si por parte de la ley cristiana no hubiera nada que objetar en contra del amplexo reservado” (DS 3907). (Traducido por el traductor).
4. El lenguaje de la admonición no hace falta que sea comentado porque es claro.
Es por eso que no agrego nada más.
Digo tan solo que fue eficaz, porque seguidamente cayó el silencio sobre este tema, por parte de todos.
5. Dices: “cuando esto ocurre no me animo a comulgar sin antes confesarme”.
En esto eres de felicitar mil veces atestiguando por tí mismo lo que afirma la admonición: “como si por parte de la ley cristiana no hubiera nada que objetar”.
6. Quien no tiende a la santidad no comprende este lenguaje.
Tú lo entiendes. Sabes lo que significa andar por los senderos de Dios y te das cuenta por tí mismo si un paso es falso sin que nadie te lo diga.
7. Me recuerda lo que Dante escribió, evidentemente por experiencia personal: “¡Oh qué digna y qué pura conciencia, con qué amargor te muerde un leve fallo!”
Te bendigo, te deseo todo bien y te recuerdo en la oración.
Padre Angelo
Questo articolo è disponibile anche in:

