(lee la primera parte de la respuesta que se publicó el día anterior)
Desde que lo encontré lo amo tanto, que quisiera huir con Él, lejos de los placeres del mundo, de la corrupción y del pecado. Siento la llamada de sus palabras: quien ha dejado casas, hermanos y hermanas, padre y madre, hijo, campos por Su Nombre recibirá cien veces más y heredará la vida eterna
Respuesta
Querido Bryan,
1. en este segundo mail quiero detenerme en lo que escribiste luego: “Desde que lo encontré lo amo tanto, que quisiera huir con Él, lejos de los placeres del mundo, de la corrupción y del pecado. Siento la llamada de sus palabras: quien ha dejado casas, hermanos y hermanas, padre y madre, hijo, campos por Su Nombre recibirá cien veces más y heredará la vida eterna”.
Deseas una vida monástica dedicada a la contemplación y a la oración.
2. La contemplación es esa parte de la realidad que Jesús definió como la parte mejor, que nunca será quitada.
La contemplación, según el Catecismo de la Iglesia Católica, es la mirada fija en Jesús, escuchar su palabra, amor silencioso, unión con la oración y la vida de Jesús.
Se trata de cinco pasajes, uno más hermoso que el otro.
Santo Tomás, que era ciento por ciento contemplativo tanto que estaba siempre unido y absorto en Dios, dice que la contemplación es gustar de antemano la felicidad eterna.
No lo decía de oídas, sino desde su experiencia personal.
Tan cierto es, que los demás, viéndolo siempre feliz, tenían la impresión que estuviera siempre lleno de Espíritu Santo.
3. Bien entiendo tu deseo de escapar con Él lejos del mundo, lejos de la corrupción y del pecado.
El que comienza a gozar de la compañía del Señor no quisiera separarse nunca de ella y siente que los enemigos de esta comunión son justamente los placeres del mundo, la corrupción, la concupiscencia y el pecado.
4. Asimismo quisieras también ir por doquier haciendo el bien, para dedicarte a los demás, para consolar los sufrimientos de los últimos por amor de Dios, es decir amar a Dios con los hechos y poder dar a los demás el bien más grande que es Dios.
5. Dicho de otro modo, este llamado es lo que comúnmente entendemos con la palabra vocación.
Para mí que te estoy contestando, lo que has descrito es el carisma de la vida Dominica. De Santo Domingo todos decían que “hablaba con Dios o de Dios y mandaba que sus frailes hicieran otro tanto”.
Es lo que Santo Tomás, que alguien definió como la flor y el fruto más hermoso de la orden de Santo Domingo, resumió con la famosa expresión: contemplari et contemplata aliis tradere. Esto es: contemplar, estar en comunión de vida con Dios y comunicar a los demás los bienes divinos que se están recibiendo.
Asimismo lo que Santa Catalina de Siena, llamada la primera hija de la Orden de Santo Domingo, quería significar con estas palabras: “Si serán lo que deban ser, prenderán fuego en toda Italia”.
6. Con toda sinceridad dices que todo esto implicaría para ti un gran sacrificio, el de no poder gozar de la paternidad, de tener hijos carne de tu carne y huesos de tus huesos.
Es cierto.
Pero también es cierto que existe otra paternidad, no solamente la biológica, se parece todavía más a esa paternidad de la cual toman su nombre todas las demás.
Es la paternidad de la que hablaba San Pablo cuando decía: “Porque, aunque tengan diez mil preceptores en Cristo, no tienen muchos padres: soy yo el que los ha engendrado en Cristo Jesús, mediante la predicación de la Buena Noticia” (1 Cor 4,15).
Se trata de la paternidad, o mejor dicho, de esa maternidad por la que San Pablo dirigiéndose a los Gálatas decía: “¡Hijos míos, por quienes estoy sufriendo nuevamente los dolores del parto hasta que Cristo sea formado en ustedes!” (Gal 4,19).
7. Cuando se comienza a vivir esta forma de paternidad o maternidad, ya no se siente nostalgia por haber renunciado a la paternidad biológica.
Mientras se experimenta la alegría por aquellos que son padres y madres en el seno de una familia, se vive la felicidad de ser padres y madres y de todos ellos. ¡Felices de poder engendrar en el corazón de todos ellos a Aquel por quien vale la pena vivir, amar, tener hijos, trabajar, sufrir y hasta morir!
Si corresponderás a la vocación que el Señor te ha dado, experimentarás cuanto sean reales, verdaderas y concretas las promesas de Jesús: «Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos, campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna» (Mc 10, 29-30).
Deseando que cada vez más el Señor colme tu corazón, te haga todo suyo, apóstol de luz y amor, te bendigo y te aseguro mi oración, convencido de que muchos lectores harán lo mismo que yo hago privadamente.
Te bendigo,
padre Angelo
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