Pregunta 

Querido Padre Angelo,
quisiera que Usted me explicara cómo podría distinguir, si en mi caso, tengo una auténtica vocación o si se trata simplemente de un momento de hastío por la vida diaria.
Pertenezco a una familia católica y desde chico siempre experimenté un amor grandísimo hacia Jesucristo.
No quiero decir que siempre haya respetado su santa ley, es más, con enormes esfuerzos, titubeos y caídas he podido hasta ahora (tengo algo más de veinte años)  conservar la virginidad física, no obstante haya tenido varias relaciones con las chicas, y esto por amor hacia Nuestro Señor.
Estoy por acabar mi carrera en una prestigiosa universidad, sin embargo siento que mi vida, repleta de satisfacciones desde un punto de vista material, no me llena.
No quiero pasar la vida como hasta ahora, persiguiendo plazos determinados por la universidad y trabajando día y noche para que quien será mi dador de trabajo pueda ganar dinero a montones. Quiero vivir en Cristo, con Cristo, para Cristo, lejos de todo y de todos, concentrándome en Su vida, en Sus enseñanzas y la de los Santos.
Esta idea se hizo notar ya en tiempos de mi preadolescencia durante la cual experimenté momentos de gran desazón hacia mi vida aparentemente sin problemas, a la que oponía la solución salvadora del sacerdocio, pero sucesivamente todo este sentimiento se perdió (o escondió?) hasta hace unos meses atrás, cuando descubrí la autenticidad de mi amor hacia Jesús.
Entenderá que no me resulta fácil comunicar esto a mis padres y parientes, que tienen otras expectativas sobre mí, sin contar las grandes sumas de dinero que mi padre invierte, desde hace tres años, para que yo pueda estudiar en las mejores escuelas del País.
Siento, que después de muchos resbalones y crisis interiores mi lugar está en un confesionario, delante de un altar y en un monasterio, no en un banco, en negocios o en consultorías.
Quiero que Jesús sea el único protagonista de mi vida. Quiero aclarar que no pienso que quien se dedica a esas actividades deba ser necesariamente un mal cristiano.
Le pido su oración que a mi vez haré por usted, espero ansiosamente su respuesta y tal vez una del Altísimo.

Que Cristo siga manteniéndolo en su Gracia.


 Respuesta del sacerdote 

Querido amigo,
1. me parece que puedo decir que en ti ha ocurrido algo de lo que San Pablo dijo de sí mismo: «habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús» (Fil 3, 12).
Me parece también que el Señor te diga como al mismo San Pablo en la vía de Damasco: “Te lastimas al dar coces contra el aguijón” (He 26, 14).
No seguir la propia vocación deja una amargura que puede acompañar por toda la vida.

2. Hay una causa infinitamente más alta y gloriosa que la que estás siguiendo. El Señor te la ha mostrado y para ella te está preparando desde hace tiempo.
Aun haciéndote pasar por otras experiencias (las relativas al estudio y a la vida afectiva) y también haciéndote entrever la perspectiva de una carrera segura en ámbito económico, el Señor no ha querido que tu corazón quedara atrapado. Es más, lo ha ligado aún más a Sí con un vínculo que te alimenta y sacia infinitamente más que cualquiera de las perspectivas humanas.

3. Permaneciendo unido a Él, sientes que el Señor  «te sacia con la abundancia de su casa, le das de beber del torrente de tus delicias.»(cfr. Sal 36,9).
“La casa del Señor es la Iglesia, comenta Santo Tomás. Tanto la Iglesia terrena como la celeste. En cada una de ellas abundan los dones de Dios (…). Así que quienes están colmados por carismas espirituales toda su intención está depositada en Dios por lo que no solamente están saciados de dones, sino que también gozan de Dios.»

4. En relación al torrente que sacia, siempre Santo Tomas anota: “Es el amor del Espíritu Santo que causa un ímpetu en el alma cual un torrente, pues su voluntad es tan eficaz que nadie puede resistirle; no se puede detener un torrente. Los hombres espirituales están arrobados de delicias porque sus bocas permanecen en la fuente de la vida” (En Ps 35, 9 vulgata).
Esto es justamente lo que te está ocurriendo, visto y considerando que escribes: “Quiero vivir en Cristo, con Cristo, para Cristo, lejos de todo y de todos, concentrándome en Su vida, en Sus enseñanzas y la de los Santos”.
Me parece que ese “de todos” no significa aislado del mundo, sino de todos quienes quieren llevarte a otros lugares con la mente y el corazón.

5. Existe el problema de cómo comunicarlo a tus padres.
Mientras tanto debes pensar en terminar de la mejor manera posible tus estudios.
Seguidamente, después de haber hecho discernimiento con una adecuada guía y luego de mucha oración, llegará el momento de decírselo a tus padres.
Verás que las cosas serán mucho más sencillas de lo que te parecen ahora.
El Señor con la colaboración de la Virgen, hará todo.
“El corazón del rey es una corriente de agua en manos del Señor: él lo dirige hacia donde quiere” (Prov. 21, 1). A Santo Tomás le agradaba mucho este versículo.
En este caso el corazón del rey es el de tus padres.
Los muchos sacrificios que ha hecho tu padre para permitirte estudiar no serán malgastados, porque están conservados como méritos valiosísimos para ti y para él.
El Señor lo recompensará con creces aquí y allá.

6. Te aseguro de muy buen grado mi oración. Ayer (8 de septiembre) la presenté al Señor durante la Misa celebrada en ocasión de la Natividad de Maria.
Esta Natividad por alguien fue definida como la Navidad de otoño.
Así como la Navidad de invierno (la de Nuestro Señor) se manifestó llena de gracia y de verdad, de modo semejante también la de María.
Tal vez esta respuesta mía es un signo que te llega del Altísimo, como tú tanto anhelas.

Te recuerdo al Señor y te bendigo.
Padre Angelo

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