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Buenas tardes padre fray Angelo Bellon,
¿Comete pecado quien quiere juntarse con una persona que se ha divorciado?
Saludos.
Desde ya le quedo agradecido.
Andrea


Respuesta del sacerdote

Querido Andrea,
1. querer juntarse con una persona divorciada equivale a querer ponerse en un estado de adulterio permanente.
El divorcio obtenido ante el estado, delante de Dios carece de valor. Los dos quedan constantemente unidos en el matrimonio con un vínculo indisoluble.
Jesús dijo: «¿No han leído ustedes que el Creador, desde el principio, los hizo varón y mujer; y que dijo: “Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne”? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido» (Mt 19,4-6).

2. Sigue el Evangelio: Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto. Él les dijo: «El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella; y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio» (Mc 10,10-12).

3. Por más que por parte de las autoridades civiles se obtenga la sentencia de divorcio, el vínculo indisoluble permanece.
Ambos cónyuges el día de su boda de alguna manera es como si se hubieran expropiado de sí mismos. En ellos no queda nada a qué aferrarse para que haya una posible cancelación.
A partir de ese momento son una sola cosa.

4. Pensar en una convivencia con una persona divorciada equivale a establecer un vínculo de adulterio permanente.
Lo cual implica que se está poniendo un límite a la absolución en la confesión y también a la posibilidad de recibir la Santa Comunión.

5. Juan Pablo II en la Familiaris consortio así se expresa: “La Iglesia, no obstante, fundándose en la Sagrada Escritura reafirma su praxis de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados que se casan otra vez. Son ellos los que no pueden ser admitidos, dado que su estado y situación de vida contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía. Hay además otro motivo pastoral: si se admitieran estas personas a la Eucaristía, los fieles serían inducidos a error y confusión acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio”(FC 84).

6. El Papa Francisco en Amoris laetitia cuando dice “al mismo tiempo que la doctrina se expresa con claridad” (AL 79) da a entender que la doctrina no cambia.
Por otra parte, la doctrina de la Iglesia no es suya, sino que es la enseñanza misma de su Maestro y Señor.

7. El mismo Papa Francisco en Amoris laetitia vuelve a proponer la enseñanza de Benedicto XVI, “quien en la Encíclica Deus caritas est retomó el tema de la verdad del amor entre el  hombre y la mujer, el cual se ilumina plenamente solo bajo la luz del amor de Cristo crucificado” (cf. n. 2).

8. Esta verdad a su vez, había ya sido enunciada de otra forma por Juan Pablo II: “Su recíproca pertenencia es representación real, mediante el signo sacramental, de la misma relación de Cristo con la Iglesia.                               
Los esposos son por tanto el recuerdo permanente, para la Iglesia, de lo que acaeció en la cruz; son el uno para el otro y para los hijos, testigos de la salvación, de la que el sacramento les hace partícipes” (FC 13).

9. El principio que ilumina todo estriba en que el hombre está llamado a santificarse.
Para la mayoría de la gente la santificación pasa a través del matrimonio.
A la luz de este objetivo “la indisolubilidad del matrimonio no hay que entenderla ante todo como un “yugo” impuesto a los hombres sino como un “don” hecho a las personas unidas en matrimonio” (AL 62).
Constituye un don para la vida presente que ayuda a superar las tentaciones y los límites personales.
Es sobre todo un don para la vida futura a la que hay que prepararse tratando de asemejar cada vez más al amor fiel y exclusivo de Dios por el hombre y de Jesucristo por la Iglesia.

Deseándote todo bien, te bendigo y te recuerdo en la oración.
Padre Angelo