Queridísimo Padre Angelo,
el nombre de Barrabás tiene un étimo por lo que en definitiva, Bar Abbas, quiere decir: hijo del padre (en arameo).
¿Qué relevancia tiene esta consideración mía visto que Quien es el Hijo del Padre por excelencia esté en paralelo con otro que se llama justamente hijo del padre?
Disculpe si esta pregunta parece ociosa, pero si tiene tiempo y ganas le agradecería una respuesta.
Laudetur Jesus Christus
Recuérdeme en sus oraciones. Gracias.
Gian Carlo
Respuesta del sacerdote
Querido Giancarlo,
1. Barrabás es un nombre hebreo que une dos sustantivos: bar, que significa hijo; y Abba, que significa padre.
Por tanto Barrabás quiere decir hijo del padre.
Santo Tomás comentando el Evangelio de Mateo soluciona muy rápidamente el asunto del nombre y escribe: “Luego habla de un cierto bandido, llamado Barrabás, que se interpreta hijo del padre, es decir del diablo. En Juan se lee: “Ustedes tienen por padre al demonio” (Jn 8, 44)”.
2. Como de costumbre, es interesante el comentario de Orígenes: “Entonces la multitud, como fiera que corre desenfrenada, quiso que pusieran libre a Barrabás.
Esto demuestra que era gente sediciosa, dedicada a los homicidios y a los robos, algunos en las cosas externas y todos en su alma.
De hecho, donde no está Jesús, allí hay riñas y luchas.
En cambio donde está, allí están presentes todos los bienes y la paz.
Además todos los que se parecen a los judíos, o en la doctrina o en la vida, desean que para ellos sea liberado Barrabás: en efecto quien obra el mal, tiene a Barrabás desatado en su corazón, en vez Cristo está atado; al contrario el que bien actúa, tiene a Cristo desatado y a Barrabás atado” (Comment. in Matteo).
3. Marie Joseph Lagrange cuenta que según la antigua lectura de Mateo 27, 16-17 Barrabás, habría tenido como primer nombre Jesús. La coincidencia daría mayor fuerza a la alternativa propuesta por Pilato: ¿Jesús Barrabás o Jesús llamado Mesías?”.
Santo Tomás en su comentario dice que “Pilato puso ante ellos el bien y el mal; y ellos escogieron el mal; por lo tanto el mal siempre me persigue” (El Evangelio de Jesucristo, p 548 nota es la página del libro en italiano).
4. Más de una vez Pilato trató de liberar a Jesús, bien sabiendo que se lo habían entregado por envidia. Hasta que al fin se lavó las manos diciendo ante la muchedumbre: «Yo soy inocente de esta sangre. Es asunto de ustedes» (Mt 27, 24).
Pero, “todo el pueblo respondió: «Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos»” (Mt 27, 25).
Santo Tomás, nuevamente de forma lapidaria comenta: “Y así ocurrirá que la sangre de Cristo caerá sobre ellos hasta nuestros días”.
Hay que decir sin embargo, que los hebreos de hoy no son responsables de haber pedido a Pilato que crucificara a Jesús, ni tampoco lo fueron todos los hebreos de ese entonces.
5. La destrucción de Jerusalén fue anunciada por Cristo como causa de su rechazo y de su crucificción, como se deduce por lo que dijo Cristo mientras se acercaba a la ciudad santa en los días en que se habría consumado su pasión: “Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella, diciendo: «¡Si tú también hubieras comprendido en ese día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos. Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes. Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios»” (Lc 19, 41-43).
6. Dice la Biblia de Jerusalén: “Este oráculo enteramente entretejido por reminiscencias bíblicas (muy notables en el texto griego) recuerda la ruina de Jerusalén del año 587 a.C. y todavía mucho más la del año 70 d.C., de la que por otro lado no describe ninguna de las características. De este texto, por lo tanto no se puede concluir que efectivamente ese evento ya había ocurrido”
Esta misma edición de la Biblia se rehace a otras palabras de Jesús: «Cuando vean a Jerusalén sitiada por los ejércitos, sepan que su ruina está próxima» (Lc 21, 20) y nuevamente dice: “Las expresiones son bíblicas y no tienen nada de lo que sería una descripción realizada después del evento”.
Estas consideraciones son importantes en la datación del Evangelio de Lucas, que sería antes del año 70. Y anterior también a Los Hechos de los Apóstoles, que se concluyen con la llegada de Pablo a Roma en el año 63.
Si los Hechos hubieran sido escritos después de la destrucción de Jerusalén, seguramente San Lucas lo habría mencionado.
Y puesto que Lucas en los Hechos menciona su primer libro, es decir el Evangelio, el Evangelio de Lucas es evidentemente anterior al libro de los Hechos de los Apóstoles.
7. Como se puede ver, la historia de Barrabás tal como la presenta el Evangelio se rehace a la profecía sobre la destrucción de Jerusalén y a otras realidades, como la de la datación del Evangelio de Lucas.
Con mucho gusto te recuerdo en mis oraciones y te bendigo,
padre Angelo
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