Buenas noches padre:
Muchos papas, en el pasado, no siempre han tenido una vida ejemplar y conforme a sus funciones: poder mundano, corrupción y muchas otras cosas.
Mi pregunta es esta: ¿no se habría perdido la sucesión de Pedro con estos papas que, en aquel tiempo, ascendían al trono de Pedro por ambicion de poder y no para ocuparse de las almas de Dios?
Jesús quería transmitir un poder espiritual, no material.
Espero que me ilumine. Gracias y buenas noches.
Querido hermano:
- La sucesión apostólica, es decir, el poder divino transmitido tangiblemente mediante la imposición de manos, no se anula por una mala conducta.
La sucesión apostólica está garantizada por ese sello o carácter que queda impreso en el alma en el momento de la ordenación sagrada.
- Este sello o carácter es indeleble.
Dicho sello o carácter no hace santa a una persona, pero la habilita a realizar acciones que solo Dios puede llevar a cabo, como hacer presente a Jesucristo con su sacrificio en el altar durante la celebración de la Misa, y perdonar los pecados.
Aunque con el poder conferido por la sucesión apostólica, también se puede ir al infierno.
- La Iglesia puede suspender a una persona de celebrar los divinos misterios (es la llamada «suspensión a divinis», que a veces se impone a algunos presbíteros), pero no puede eliminar de su alma los poderes que Dios mismo le ha infundido.
- Se trata de un concepto análogo al sello o carácter infundido en los sacramentos del Bautismo y la Confirmación. Este sello también es indeleble.
Dicho sello no nos hace inmunes al pecado ni a la posibilidad de condenarnos, pero habilita a la persona para celebrar el culto de la religión cristiana y transformar sus acciones en un acto de alabanza a Dios, de súplica y de perdón.
- El Catecismo de la Iglesia Católica lo expresa en estos términos: “Como la imagen del sello indica el carácter indeleble de la Unción del Espíritu Santo en los sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y del Orden, esta imagen se ha utilizado en ciertas tradiciones teológicas para expresar el «carácter» imborrable impreso por estos tres sacramentos, los cuales no pueden ser reiterados.” (CCC 698)
- Además: “Los tres sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y del Orden sacerdotal confieren, además de la gracia, un carácter sacramental o sello por el cual el cristiano participa del sacerdocio de Cristo y forma parte de la Iglesia según estados y funciones diversas. Esta configuración con Cristo y con la Iglesia, realizada por el Espíritu, es indeleble; permanece para siempre en el cristiano como disposición positiva para la gracia, como promesa y garantía de la protección divina y como vocación al culto divino y al servicio de la Iglesia. Por tanto, estos sacramentos no pueden ser reiterados.” (CCC 1121).
- Quizás sea útil recordar lo que San José Cafasso —director espiritual de San Juan Bosco— dijo sobre el sacerdote que termina en el infierno. He aquí sus palabras textuales: «El Evangelio habla de la condenación y perdición de muchos: del siervo inútil, del rico epulón… Pero solo de Judas, el Divino Redentor pronunció esta terrible sentencia: ‘Más le valdría no haber nacido’ (Mt 26:24). Y aunque puede aplicarse a cualquier alma condenada, es cierto que de modo particular salió de la boca infalible de Nuestro Señor refiriéndose a un apóstol y a un prevaricador. (…)
Dicho esto, imaginemos que estamos a las puertas del infierno y que cada uno se haga esta pregunta: ¿Quién es ese condenado? ¿De quién es esa alma que arde en aquellas llamas? ¡Es el alma de un sacerdote! Aquel que un día vestía las sagradas vestiduras, ya no las tiene; está en el infierno. Aquel que celebraba ante el altar, que se sentaba en el tribunal de la penitencia, que subía a los púlpitos, ahora ha cesado en esas funciones y está en el infierno… Aquel que quizá fue mi compañero en la escuela, en el seminario, en las mismas diversiones y hace tanto que murió; está en el infierno. (…)
¿Es posible que esa estrella, que debía brillar en el hermoso cielo de la Iglesia, militante en la tierra y triunfante en el cielo, haya caído en ese lago de fuego y azufre ya nombrado en el Apocalipsis?
Sí, desgraciadamente “una gran estrella cayó del cielo”.
Es posible que quien tenía en sus manos las llaves del abismo cayera él mismo en él y quedase encerrado?
¿Es posible que quien actuó como Dios en la tierra, dispensando sus gracias, se haya convertido ahora en su enemigo, despojado de toda autoridad, desheredado, arrojado por debajo de los demonios en el infierno?
Y éste, hermanos míos, es el estado esencial de la condenación, el constitutivo formal del infierno para un sacerdote» (Ejercicios Espirituales para el Clero, pp. 141-142).
- Por lo tanto, la mala conducta no hace perder el poder del Orden ni interrumpe la sucesión apostólica. Para adquirir este poder, basta con la intención, aunque se lo quiera utilizar de manera perversa. Incluso Judas aceptó ser apóstol y lo fue.
Te bendigo, te deseo una fructífera fiesta de Corpus Christi y te recuerdo en la oración.
Padre Angelo
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