Buenos días, padre Angelo:

Tendría la cortesía de explicarme el sacramento del Bautismo y el cambio que produce en la persona… en definitiva, la vida divina.

Se lo agradezco.

Anna


Respuesta del sacerdote

Querida Anna,

1.Para comprender el significado del bautismo es necesario partir de lo que dijo Jesús: Jesús le respondió: «El que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.» (Jn 3,5).

Entrar en el Reino de Dios significa entrar en la vida misma de Dios, que es de orden sobrenatural.

Para entrar en esta vida es necesario estar proporcionado a ella.

Y dado que entre el orden natural, al cual pertenecemos, y el orden sobrenatural existe una desproporción infinita, es necesario que seamos hechos proporcionales por Dios mismo a esta vida nueva.

2.Nadie puede llenar esta desproporción por sí mismo porque, no teniéndola, no puede darse la proporción sobrenatural.

Es necesario que Dios, que está en el orden sobrenatural, nos dé proporciones.

3.Dios hace esto infundiendo en nosotros la gracia, que es precisamente una irradiación o comunicación de su vida divina que nos permite ya desde ahora pensar como piensa Dios, es decir, según criterios sobrenaturales (he aquí la fe), actuar con la ayuda sobrenatural de Dios (he aquí la esperanza) y amar con el corazón mismo de Dios que es de orden sobrenatural (he aquí la caridad).

4.El bautismo es un rito en el cual dos realidades, el agua y el Espíritu Santo, tienen su importancia esencial.

El Espíritu Santo en primer lugar, porque nos hace llegar a ser por gracia lo que Cristo es por naturaleza. Es decir, hijos de Dios por adopción.

Por naturaleza somos hijos de nuestros padres y por eso tenemos la naturaleza humana.

Hijos de Dios se llega a ser sólo si Dios nos toma y nos adopta como hijos, haciéndonos partícipes de su vida divina en la vida presente y en la futura.

5.No nos convertimos en hijos de Dios de manera paralela y separada de Cristo, sino siendo injertados en el Hijo, en Cristo.

De modo que la vida de Cristo y sus méritos divinos se convierten en nuestros a pleno título, también porque Cristo los ha merecido por nosotros, para donárnoslos, para que se conviertan en nuestra riqueza.

Por esto, al convertirnos en hijos, nos convertimos también en herederos de Dios, de esa vida de Dios que es llamada paraíso.

6.Este único renacimiento espiritual está acompañado por un signo indeleble que el Espíritu Santo traza en el alma y que nosotros llamamos carácter o sello.

Precisamente porque somos consagrados, nos hacemos partícipes del sacerdocio de Cristo, de aquella ofrenda que Él hizo a Dios Padre de una vez por todas por todos nosotros.

Esto significa que también nosotros adquirimos el poder de consagrar nuestras acciones, de volverlas sagradas, es decir, ofrenda viva para alabanza de Dios, en expiación de los pecados y para implorar la gracia.

Es el sacerdocio santo en el cual somos instituídos, según la bella expresión de San Pedro.

7.La segunda realidad esencial del bautismo es el agua.

Acompañada por el Espíritu Santo y por las palabras pronunciadas por el ministro del bautismo, tiene su importancia insustituible: es ese elemento exterior que nos hace pertenecer visiblemente al Reino de Dios, a la Iglesia.

Y confiere la posibilidad y el derecho de acceder a todos aquellos otros sacramentos que alimentan y acrecientan esta vida divina y la hacen recuperar en caso de que se hubiera perdido.

8.Al hacernos pertenecientes a la Iglesia, nos convertimos en «conciudadanos de los santos y familiares de Dios».

No sólo la vida del Hijo de Dios, sino también la vida y los méritos de la Virgen María y de todos los Santos, en virtud del Espíritu Santo, se convierten en nuestra vida y en nuestros méritos. Injertados todos en Cristo, nos convertimos en su Cuerpo Místico.

9.Esto es lo que se da en el bautismo y que en la formulación catequística se expresa así: el bautismo es aquel sacramento que nos hace hijos de Dios por adopción, miembros de la Iglesia e imprime el carácter. Al mismo tiempo perdona los pecados, confiere la gracia santificante, nos hace herederos del cielo y capaces de recibir los otros sacramentos.

Con el deseo de que la gracia recibida en el bautismo crezca en ti cada vez más, te bendigo y te recuerdo en la oración.

Padre Angelo

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