Querido Padre Angelo, buenos días:
Mi nombre es Leonardo, soy de Roma pero estoy en Brasil y le escribo por una aclaración muy importante sobre el bautismo.
En la Sagrada Escritura Pedro dice: “Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo.” (Hechos 2:38). Y Pablo dice lo mismo: «Y ahora, ¿qué esperas? Levántate, recibe el bautismo y purifícate de tus pecados, invocando su Nombre» (Hechos 22:16).
“Pero cuando creyeron a Felipe, que les anunciaba la Buena Noticia del Reino de Dios y el nombre de Jesucristo, todos, hombres y mujeres, se hicieron bautizar. (Hechos 8:12).”
Y es extraño encontrar estos pasajes donde se dice que los apóstoles bautizaban en el “nombre de Jesús” “del Señor Jesús”.
Jesús dice de bautizar en el nombre de la Santísima Trinidad ¿por qué estos pasajes dicen que los apóstoles hicieron lo contrario?
También quisiera preguntarte otra cosa: en la Sagrada Escritura se dice que es necesario creer y arrepentirse para ser bautizado, pero un bebé recién nacido de pocos días no puede hacerlo, yo sé que la Iglesia bautiza en su fe (la de la iglesia, por lo que he leído), pero ¿el arrepentimiento?
Muchos otros padres dicen que el bautismo en el nombre de Jesús no era válido. Sólo fue válido por un tiempo determinado, pero luego dejó de ser válido.
¿Podría darme una respuesta por favor?
Respuesta del sacerdote
Queridísimo:
1. Siendo Jesucristo el instituyente del bautismo, es necesario atenerse a lo que Él prescribió.
Ahora bien, Cristo ha mandado bautizar en el nombre de la Santísima Trinidad, es decir, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Cualquier otra fórmula es incorrecta.
2. Dado que en los Hechos de los Apóstoles leemos que Pedro dijo: «Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados» (Hechos 2:38), y que Pedro y Juan encontraron en Samaria a algunos que «solamente estaban bautizados en el nombre del Señor Jesús» (Hechos 8:16), y que Pedro «Y ordenó que fueran bautizados en el nombre del Señor Jesucristo» (Hechos 10:48), algunos pensaron —como san Ambrosio, san Máximo de Turín, san Hilario y san Basilio— que en la iglesia primitiva también se bautizaba en el nombre de Jesús.
A esta opinión se adhirieron posteriormente otros teólogos, el más ilustre de los cuales fue Cayetano.
Otros, sin embargo, como San Alberto Magno y San Buenaventura, pensaban que sólo era permisible bautizar en el nombre de Jesús por un tiempo limitado.
Otros, finalmente, como Melchor Cano y San Roberto Belarmino dicen que en los Hechos se especifica el bautismo en el nombre de Jesús para distinguirlo del bautismo de Juan y del de los paganos.
3. En la Didaché, un escrito cristiano de la segunda mitad del siglo I, leemos: «En cuanto al bautismo, éste es el modo de bautizar: habiendo previamente dicho todo esto (es decir, la enseñanza de la doctrina cristiana a los catecúmenos), bautizad en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, en agua viva» (cap. 7,1).
San Justino dice que “para recibir por medio del agua el perdón de los pecados que anteriormente cometimos, se pronuncia sobre aquel que quiere ser regenerado y ha hecho penitencia de sus pecados (los catecúmenos) en el nombre del Padre de todos, Señor Dios, (…) en el nombre de Jesucristo (…) y en el nombre del Espíritu Santo” (Apolog., 1,61).
4. Para Santo Tomás las cosas están claras. Dice que el bautismo siempre ha sido conferido en nombre de la Santísima Trinidad porque así lo quiso Jesucristo y la Iglesia primitiva lo atestigua.
Si San Ambrosio dice que el bautismo se administraba pronunciando únicamente el nombre de Jesús, esto se debía a una dispensa singular.
5. Según una opinión muy antigua, sostenida por Orígenes (Comentario a los Romanos, 5,8), cuando los Hechos hablan del bautismo administrado en nombre de Jesús, no quieren especificar la forma del bautismo, es decir, las palabras con las que debe acompañarse el lavamiento, sino simplemente que el bautismo fue administrado por mandato y en virtud de Jesucristo.
6. Esto dice Santo Tomás: “los sacramentos tienen eficacia por la institución de Cristo. Por tanto, si se omite alguno de los elementos establecidos por él para cada sacramento, ese sacramento pierde su eficacia, a no ser que lo dispense el que no ha vinculado su poder a los sacramentos. Ahora bien, Cristo estableció que se diese el bautismo con la invocación de la Trinidad (MT 28,19). Por consiguiente, todo lo que falte de la plena invocación de la Trinidad destruye la integridad del bautismo.
Y no vale decir que el nombre de una persona supone el de la otra, como el nombre del Padre supone al Hijo; o que quien nombre una persona puede tener fe verdadera en las tres. Porque el sacramento, de la misma manera que requiere una materia sensible, requiere también una forma sensible. Por consiguiente, no es suficiente la nominación implícita, o la fe en la Trinidad, para la realización del sacramento, si la Trinidad no se hace explícita con las palabras sensibles. Por eso, también en el bautismo de Cristo, donde tuvo origen la santidad de nuestro bautismo, estuvo presente la Trinidad de forma sensible: el Padre en la voz, el Hijo en la naturaleza humana, el Espíritu Santo en la paloma.” (Suma Teológica, III 66, 6).
7. Luego, sin pronunciarse sobre el significado de las palabras que se leen en los Hechos, y dando por legítima la interpretación de San Ambrosio, añade: «Por una especial revelación de Cristo, los Apóstoles bautizaban en la Iglesia primitiva en el nombre de Cristo, para que el nombre de Cristo, que era odioso a los judíos y a los gentiles (1 Cor 1,23) llegase a ser honrado por el hecho de que se dava el Espíritu Santo en el bautismo, invocando su nombre» (Ib., ad 1).
Y «San Ambrosio da la razón por la que fue conveniente esa dispensa en la Iglesia primitiva, o sea, porque en el nombre de Cristo se entendía toda la Trinidad. De esta manera se salvaba, al menos con una integridad conceptual, la forma que Cristo nos dio en el evangelio.» (Ib., ad 2).
8. Respecto al arrepentimiento necesario para recibir el bautismo, Santo Tomás dice: «se puede decir que alguien es pecador en dos sentidos. Primero, por la mancha y el reato de la culpa pasada. Y a estos pecadores se les ha de dar el bautismo, porque el bautismo ha sido instituido especialmente para eso, para que por él queden purificadas las inmundicias de los pecadores, según la expresión de Ef 5,26: Purificándola, o sea, a la Iglesia, en el baño del agua con la palabra de vida.
Segundo, se puede decir que alguien es pecador por su voluntad de pecar y por su propósito de persistir en el pecado.” (Suma Teológica, III, 68, 4).
Esto significa que quien pide el bautismo para los niños pide al mismo tiempo que se les perdone el pecado original y que se les infunda la gracia que, sin duda, les ayuda a no pecar.
Te bendigo, te recuerdo en la oración y te deseo todo lo mejor.
Padre Angelo
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