Querido Padre Angelo,

siempre tengo muchas dudas acerca de la doctrina católica, hoy quiero exponerle algunas acerca de la consagración de la eucaristía.
-En sus respuestas a otras preguntas leo que en el momento de la consagración se repite el mismo sacrificio de Jesús, es decir ese mismo, y no una nueva edición del mismo. Es decir el sacrificio de Jesús fue uno solo en toda la historia y se repite nuevamente idéntico en la Santa Misa. Entonces ¿por qué suele decirse que en la Misa se asiste al sacrificio incruento de Jesús? El único sacrificio fue cruento, y aunque nuestros ojos no lo puedan ver, la sangre se derrama nuevamente, de lo contrario el sacrificio sería una ficción. De hecho toda la sangre de Jesús está recogida en el cáliz, donde el vino se ha convertido en sangre.

-Cuando Jesús parte el pan ácimo, corresponde al momento en el que muere en la cruz, por tanto, puede decirse que Jesús anticipa su muerte para alimentar consigo mismo a sus discípulos? Es decir, en ese instante al mismo tiempo coexisten la mesa de la última Cena, ya sea el Jesús vivo que su cuerpo muerto, y a parte su sangre derramada, ¿pero es así exactamente?

-Si no me equivoco la sangre para los judíos sería el espiritu vital de la persona, el nefesh, por lo tanto ¿es correcto decir que cuando el cuerpo de Jesús su espíritu vital aparece enteramente como sangre en el cáliz?

-En qué documento de la Iglesia aparece como verdad de fe que alimentándose solamente con la Hostia sin el vino consagrado, como ocurre para nosotros los fieles, se cumple por completo el precepto eucarístico? Me parece raro que se pueda modificar por una cuestión de comodidad una orden de Jesús.

-No entiendo cómo es que la teología tomista afirma que Jesús, tal como lo habían visto y conocido sus contemporáneos, no era una persona humana, sino “solo” Dios.

No quiero abusar de su disponibilidad, es más le pido disculpas por haberme explayado tanto, pero será muy duro para mí hallar la fe si  no logro entender estos conceptos básicos, claramente teniendo en cuenta el elemento Misterio.

Respetuosamente saludo

A.B.


Respuesta del sacerdote

Querida A. B.,
tu mail contiene algunas inexactitudes teológicas.

1. El sacrificio eucarístico no solamente no es una nueva edición del que se cumplió en la cruz, sino que tampoco se repite.
Se trata exactamente del mismo.
Jesús resucitado mediante la potencia de su Santo Espíritu lo hace presente en el altar para beneficio de los presentes, y también para quienes por los cuales se ora y para el mundo entero.
Es el mismo sacrificio que Jesús llevó a cabo en el momento en que lo instituyó como sacramento, es decir durante la última cena cuando dijo: “Este es mi cuerpo… Este es el cáliz de mi sangre… Haced esto en memoria mía”.
En la última cena se ofreció a sí mismo de forma incruenta.
Justamente porque Cristo la ofreció de manera incruenta nadie puede decir que esta modalidad cambia la esencia del sacrificio.

2. En la fractio panis, al partir el pan; Jesús no actúa el sacrificio, pero lo manifiesta a través de ese signo externo.
El sacrificio se cumple por su propia voluntad, que se expresa con las palabras este es mi cuerpo que se da por vosotros, este es el cáliz de mi sangre que se entrega por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados.
El sacrificio se hubiera cumplido aún si Cristo no hubiese partido el pan.
Por eso la consagración en la Misa se hace antes del gesto de partir el pan que se cumple en el momento del Agnus Dei (Cordero de Dios).

3. Es correcto decir que Jesús anticipó su sacrificio. Lo anticipó bajo la forma de sacramento, es decir el signo sagrado para que los fieles lo ofrecieran y lo consumieran.
En ese momento Jesús estaba presente con toda su vida, que había sido un perenne sacrificio ofrecido al Padre. Pero en modo singular estaba presente con su pasión, muerte, resurrección y ascensión al cielo. Es la Pascua del Señor.

4. No es correcto afirmar que en la mesa de la última cena por un lado estaba el Cuerpo del Señor y por el otro su sangre.
Porque donde está el Cuerpo, por real concomitancia está también la Sangre. Y donde está la Sangre, por lo mismo está también el Cuerpo.

5. Es cierto que para los hebreos en la sangre está presente el espíritu vital, pero no es correcto decir que en la eucaristía aparece el espíritu vital, porque éste está también en el Cuerpo, en razón de la real concomitancia del Cuerpo y de la Sangre.
Además aparecer quiere decir hacerse visible, como Jesús después de la resurrección de los muertos que apareció y se hizo visible.
En la eucaristía en cambio, el espíritu vital de Jesús no se muestra, no es visible, no obstante esté realmente presente.

6. El concilio de Trento declaró: “Todavía, en efecto, no habían los Apóstoles recibido la Eucaristía de mano del Señor, cuando Él, sin embargo, afirmó ser verdaderamente su cuerpo lo que les ofrecía; y esta fue siempre la fe de la Iglesia de Dios: que inmediatamente después de la consagración está el verdadero cuerpo de Nuestro Señor y su verdadera sangre juntamente con su alma y divinidad bajo la apariencia del pan y del vino; ciertamente el cuerpo, bajo la apariencia del pan, y la sangre, bajo la apariencia del vino en virtud de las palabras; pero el cuerpo mismo bajo la apariencia del vino y la sangre bajo la apariencia del pan y el alma bajo ambas, en virtud de aquella natural conexión y concomitancia por la que se unen entre sí las partes de Cristo Señor que resucitó de entre los muertos para no morir más la divinidad, en fin, a causa de aquella su maravillosa unión hipostática con el alma y con el cuerpo” (DS 1640).

7. Hasta el siglo XII tanto en Oriente como en Occidente era praxis común dar la eucaristía bajo las dos especies.
Sin embargo también se usaba dar la Comunión bajo una sola especie, en especial cuando se la llevaba a los ausentes.
Del mismo modo la eucaristía se conservaba únicamente bajo la especie del pan por los eremitas y con esa modalidad se llevaba a los enfermos.

8. En el siglo XII prevaleció en Occidente la costumbre de distribuir la Comunión bajo una sola especie, tanto para los laicos como para los sacerdotes que no celebraban.
Santo Tomás en la Suma Teológica nota que en ciertas regiones la creciente multitud de fieles entre los que se encontraban ancianos y niños que no se daban mucha cuenta del peligro que se derramara la Sangre, no se daba la Comunión bajo la especie del vino, reservándola sólo al sacerdote (Suma Teológica, III, 80, 12).

9.  Fue el Concilio de Constanza el 15 de junio de 1415 por primera vez que “declara, decreta y define que, si bien Cristo haya instituido y administrado este venerable sacramento después de cenar a sus apóstoles bajo las dos especies de pan y vino, no obstante, la noble autoridad de los sagrados cánones y la acreditada costumbre de la Iglesia ha considerado y considera  que este sacramento no debe ser administrado después de cenar ni a los fieles que no hayan ayunado, excepto en caso de enfermedad u otra necesidad, concedido o aprobado por el derecho o por la Iglesia.
De la misma manera en que esta costumbre fue introducida con razón para evitar peligros y escándalos, con análoga o mayor razón fue introducida y observada esta otra: aún si en la Iglesia primitiva los fieles comulgaban bajo ambas especies, seguidamente los celebrantes siguieron comulgando de esta forma, mientras que los laicos recibían solamente la especie del pan, permaneciendo firme verdad de fe, de la que no se ha de dudar, que el Cuerpo y Sangre de Cristo están verdaderamente contenidos en su integridad ya sea bajo la especie del pan que bajo la del vino.
Puesto que esta costumbre fue introducida con buena razón por la Iglesia y por los santos padres y observada por larguísimo tiempo, ha de ser considerada como una ley que no se puede rechazar o modificar sin el consentimiento de la Iglesia.
Es erróneo sostener que observar esta costumbre o ley es sacrílega o ilícita.
Aquellos que se obstinan a sostener lo contrario deben ser tratados como herejes” (DS 1198-1200). (traducido por el traductor)

10. Acerca de la última pregunta no te has expresado bien atribuyendo a la teología tomista … ¿exactamente qué?
Santo Tomás sostiene que la gente veía la humanidad de Cristo, pero por sus obras reconocía su divinidad.
El Magisterio de la Iglesia ha definido que en Cristo hay una sola persona (divina) en dos naturalezas: divina y humana.

Te bendigo deseándote todo bien y te recuerdo en la oración.

Padre Angelo

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