Buenos días queridísimo padre Angelo,
quería hacerle dos preguntas acerca de la Santidad de nuestro Señor Jesucristo:
¿Podemos decir sin duda alguna que la gracia de Cristo es la fuente de toda gracia de la misma manera que se dice del Padre?
¿Podemos decir sin duda alguna que el Hijo de Dios y nuestro Señor Jesucristo es la Santidad absoluta como lo es Dios Padre?
Esperando en su respuesta le quedo agradecido
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Respuesta del sacerdote
Muy querido,
1. claro que sí que podemos decir que el Hijo de Dios y nuestro Señor Jesucristo es la fuente de toda santidad.
2. Me preguntas si podemos decir que Jesús es fuente de toda santidad como lo es el Padre.
Tenemos que distinguir: en cuanto Dios e Hijo Unigénito del Padre, sin duda, así es.
3. En cuanto hombre, seguramente es fuente de gracia y santidad que viene hacia nosotros porque San Juan en su evangelio dice que vino “lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14) y que “de su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia” (Jn 1,16).
Sin embargo, la gracia que Jesús posee en cuanto hombre, es una gracia creada.
La que tiene en cuanto Dios, es en cambio gracia increada.
4. Santo Tomás en la Suma Teológica se pregunta si la gracia de Cristo es infinita.
Y contesta de este modo: “en Cristo se puede distinguir una doble gracia. Una, la gracia de unión que, como antes se dijo (ibid.), es la misma unión personal con el Hijo de Dios, que es otorgada gratuitamente a la naturaleza humana. Y tal gracia es evidentemente infinita, por ser infinita la persona del Verbo.
Otra es la gracia habitual, que puede considerarse de dos maneras. Primero, en cuanto que es un ser, y, bajo este aspecto, tiene que ser finita, al encontrarse en el alma de Cristo como en su sujeto. El alma de Cristo es una criatura, siendo su capacidad limitada. Por lo que el ser de la gracia, al no exceder a su sujeto, no puede ser infinito
Segundo, en relación con la propia naturaleza de la gracia. Y, en este sentido, la gracia puede llamarse infinita, porque no está limitada, ya que tiene lo que puede pertenecer al concepto de gracia, y eso no le es dado en conformidad con una determinada medida; porque, según el propósito de la gracia de Dios (Rm 4,5), a quien pertenece medir la gracia, ésta le es conferida al alma de Cristo como a principio universal de justificación para la naturaleza humana, según Ep 1,6: “nos justificó en su amado Hijo”. Es como si decimos que la luz del sol es infinita, no según su naturaleza, sino en relación con el concepto de luz, porque posee todo lo incluido en tal concepto” (Suma teológica, III, 7, 11).
5. Para la segunda pregunta vale la misma distinción: como Dios es la misma santidad personificada.
Como hombre, posee la gracia. La posee en forma perfecta, en el más alto grado en que puede poseerse.
6. Dice Santo Tomás: “Poseer plenamente una cosa equivale a poseerla total y perfectamente. Pero la totalidad y la perfección pueden considerarse bajo dos aspectos: uno, por razón de su cantidad intensiva, como cuando se dice que alguien tiene la blancura plenamente porque la posee en el mayor grado posible. Otro, por razón de su eficacia, por ejemplo cuando se dice que alguien tiene la vida plenamente porque la posee con todos sus efectos y operaciones.
Y, en este sentido, el hombre tiene la vida plenamente; no, en cambio, el animal o la planta.
Cristo poseyó la plenitud de gracia en los dos sentidos. Bajo el primero, porque la poseyó en grado sumo, del modo más perfecto en que es posible tenerla. Y esto resulta evidente, en primer lugar, por la proximidad del alma de Cristo a la causa de la gracia. Ya se dijo (a. 1) que un ser en actitud de recibir recibe en mayor grado cuanto más próximo a la misma está. Y, por eso, el alma de Cristo, al estar unida a Dios de la forma más próxima entre todas las criaturas racionales, recibe la máxima influencia de su gracia. En segundo lugar, es claro, por comparación con su efecto. El alma de Cristo recibía la gracia de tal modo que de ella redundase en cierta manera sobre los demás. Por eso fue conveniente que tuviese la gracia en grado supremo, como acontece con el fuego, que, por ser la causa del calor en todos los seres calientes, tiene el calor en grado máximo.
Otro tanto aconteció en cuanto a la eficacia de la gracia, pues la poseyó plenamente al tenerla para todas sus operaciones y efectos. Y esto porque le fue otorgada la gracia como a principio universal en el campo de todos los que tienen la gracia. Y la virtud del primer principio en un género determinado se extiende a todos los efectos dentro de tal género. Así sucede con el sol, que, por ser causa universal de la generación, como dice Dionisio en el c. 4 del De Div. Nom., se extiende a todo lo que se enmarca en la generación. Y así se considera en Cristo este segundo aspecto de la gracia, en cuanto su gracia se extiende a todos los efectos de la misma, que son las virtudes, los dones y otras realidades por el estilo” (Suma teológica, III, 7, 9).
Con el deseo de que puedas crecer en gracia lo más plenamente posible, te bendigo y recuerdo en la oración.
Padre Angelo
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