Buenos tardes Padre Angelo,
quisiera pedirle si puede ayudarme a elegir alguna devoción que pueda practicar, hace tiempo que estoy buscando algo a mi alcance, pero no encuentro ninguna oración que se adapte a mí…
Puede ayudarme usted que seguramente tiene más experiencia que yo (tengo sólo 18 años).
Espero sus nuevas.

Que Dios lo bendiga

Respuesta del sacerdote

Muy querido,

1. te aconsejo el Santo Rosario.
En Fátima la Virgen pidió que todos rezáramos el Rosario.
Se lo pidió también a los niños. De hecho los videntes eran niños. 

2. Son muchos, o mejor dicho, innumerables, los beneficios obtenidos con el Rosario. Se puede decir que están compendiados todos en el evento que relata el evangelio de la visita de María a su prima Isabel.

3. A través de esta oración la Virgen se hace presente y obrante en nuestra vida.
María es esa mujer de quien habló Dios en el amanecer de la creación cuando dijo: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo. Él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón» (Gn 3,15).
Es verdad que la estirpe que saldrá de esa mujer es Jesucristo.
Pero Jesús está íntimamente unido a Su Madre.
Existe pues una antinomia entre el diablo y la Virgen. No pueden estar juntos. Cuando ella está presente, el demonio huye de la misma forma en que cuando amanece las tinieblas de la noche inexorablemente huyen hasta disolverse.

4. Como decía el padre Pío de Pietrelcina, la Virgen tiene dos tareas: la de llevarnos a Jesús y la de interceder por nosotros ante Jesús.
Primeramente nos lleva a Jesús. ¿De qué forma?
Con la oración del Rosario nos presenta a Jesús en todas las etapas de su vida, de modo que esta oración hace presente y obrante a Jesús con su omnipotencia salvífica en nuestra vida, en nuestras familias, en nuestras actividades.
¿Qué puede haber más hermoso, más grandioso y más poderoso?

5. En particular, la Virgen nos lleva a Jesús de la misma forma en que lo llevó a casa de Isabel, que por entonces gestaba desde hacía seis meses a Juan Bautista. Jesús hizo estremecer de alegría a ese niño, lo purificó ya desde el vientre materno como había sido profetizado y lo santificó inmensamente.
Cómo no pensar que cuando acogemos a la Virgen con la oración del Santo Rosario nos trae a Jesús que purifica y santifica a nuestros hijos.
Con el Rosario diario nuestros hijos, mediante ella, son santificados y guardados de todo mal día tras día.
No solamente nuestros hijos, sino también nuestras familias y nuestras actividades.
Si así es, como yo firmemente creo, no se puede vivir sin el Rosario, como tampoco se puede vivir sin la presencia de Jesús, “el cual está por encima de todo, Dios bendito eternamente”, como afirma el Espíritu Santo por boca de Pablo en Rm 9, 5.

6. La segunda tarea de la Virgen es la de interceder por nosotros.
Su poder de intercesión es enorme, podría decir divino, infinito.
Esto porque es la Reina madre, la Gebirah, como la llamaban los hebreos.
En aquel tiempo la Reina madre tenía un poder mayor que el de la misma reina. Tenía el mismo poder que el rey.
Por eso su poder de intercesión es enorme, divino, infinito.
Por eso se puede comprender por qué el Beato Bartolo Longo en la novena a la Virgen del Rosario en un determinado momento escribe: “Tú le prometiste a Santo Domingo, que quien quiere obtener gracias con tu Rosario las obtiene; y yo con tu Rosario en la mano, oso recordarte, oh Madre, tus santas promesas”.

7. Es de notar que la Virgen al aparecerse en Lourdes tenía el Rosario entre las manos. Mientras Bernardita rezaba, ella deslizaba las cuentas del rosario, como diciendo que hacía suyas esas oraciones y con su poder de intercesión las presentaba ante Jesús.
Además sobre cada pie tenía una rosa de oro. Eso significa que cuando la Virgen se hace presente con  la oración del Rosario le damos permiso para que apoye sus pies en nuestra vida, en nuestras familias, en nuestras actividades para que todo florezca de forma excelente como una rosa de oro.
Dentro de poco comenzará el mes de octubre, que tradicionalmente es el mes del Rosario.

Comprométete en rezarlo todos los días. Verás cuántas cosas florecerán, a comenzar por tu vida de gracia y tu fervor cristiano.

Te agradezco por haberme dado la ocasión de hablar del Rosario, te bendigo y te recuerdo con mucho gusto en la oración.

Padre Angelo

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