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Querido Padre Ángelo

Me llamo Viviana y tengo 19 años. Les deseo una feliz Navidad y un año nuevo lleno de alegría. En estos días de Navidad he estado releyendo el primer capítulo de Juan y me ha surgido una pregunta a la que realmente no puedo responder: San Juan dice que «en el principio era el Verbo y el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios», pero entonces si Jesús existía antes de la creación del mundo, antes de encarnarse, ¿en qué se diferenciaba del Padre? Me explico: siempre he pensado que Dios es Amor y que se convirtió en Hijo al encarnarse y fue precisamente ese tomar nuestra carne lo que le «diferenció» del Padre. Pero si, por el contrario, Dios ha sido siempre Padre e Hijo en dos Personas distintas desde la eternidad, ¿en qué se diferencian? Entonces, ¿el pecado original tiene que ver con la carne? ¿Es decir, si no hubiéramos pecado sólo seríamos espíritu? Además, si el Padre era Amor dado en el Hijo desde la eternidad, ¿por qué nos creó también a nosotros? ¿Cómo podemos ser «la plenitud de Él»?

Me disculpo si no he sido lo suficientemente clara.

Gracias de antemano por tu respuesta y te renuevo mis mejores deseos.


Querida Viviana,

1. A tu pregunta: «Si Jesús existía antes de la creación del mundo, antes de encarnarse, ¿en qué se diferenciaba del Padre? De hecho, todo lo que está en el Padre está también en el Hijo. El Hijo es el conocimiento que el Padre tiene de sí mismo. Dado que Dios se conoce perfectamente, todo está presente en su conocimiento.

2. Si hubiera alguna distinción real entre el Padre y el Hijo, el Padre dejaría de ser Dios, y lo mismo el Hijo. Porque cada uno de ellos carecería de aquello que los hace diferentes entre sí. Además, caeríamos en el politeísmo, que en sí mismo es absurdo, ya que es incompatible con el concepto de perfección suprema. Si hubiera dos o más dioses, uno de ellos carecería de aquello que lo hace diferente del otro.

3. Padre e Hijo, pues, no son diferentes, como diré más adelante, sino que son distintos. Hablamos de Padre e Hijo porque, conociéndose a sí mismo, Dios se genera en su mente divina. El Dios generador es el Padre y el Dios generado es el Hijo. Pero la sustancia es la misma, la sustancia divina. Porque es el único Dios que no es una fuerza anónima, sino una Persona, es más, una trinidad de Personas. Es la comunión.

4. Pero todo sería tan frío y seco si no tuviéramos en cuenta que, además de conocerse, Dios se ama a sí mismo y se ama de forma divina, es decir, perfecta e infinitamente. Es el Espíritu Santo, que une al Padre y al Hijo en una comunión de amor.

Así que el engendrador no es sólo la mente divina que conoce. Pero es el Padre. Y este nombre evoca el amor infinito y omnipotente de Dios. Es Aquel que se da, que se comunica, que no guarda nada para sí, sino que es todo en Aquel que es engendrado, en el Verbo, en el Hijo.

5. Por lo tanto, Jesús es el Hijo desde toda la eternidad. Con la encarnación, Jesús siguió siendo el Hijo.

6. Pero al asumir una naturaleza humana se convirtió también en el Hijo del Hombre, expresión bíblica que indica precisamente al Dios hecho carne.

7. Sigues diciendo: «Pero si Dios siempre ha sido Padre e Hijo en dos Personas distintas desde la eternidad, ¿en qué se diferencian? Aquí hay un error, porque las dos Personas divinas no son diferentes, como he dicho, sino iguales. Son la misma sustancia divina. En cambio, son distintos entre sí. Distinto, pero no diferente. Como señalan los teólogos, son la misma sustancia divina. Lo que les distingue es su relación. Uno es el engendrador, el otro el engendrado, y el tercero es el que procede.

8. Continúa con otra expresión: «¿Entonces el pecado original tiene que ver con la carne? Es decir, ¿si no hubiéramos pecado seríamos sólo espíritu?» No veo qué tiene que ver el pecado original con la Santísima Trinidad, sobre todo porque Cristo no asumió el pecado original cuando se encarnó. Quizás en ti hay un concepto particular (e impreciso) de la Trinidad que se me escapa y hace que la consecuencialidad me resulte incomprensible, por lo que dices: «Entonces….».

9. Concluyes: «Además, si el Padre era Amor dado en el Hijo desde la eternidad, ¿por qué nos creó también a nosotros? ¿Cómo podemos ser «la plenitud de Él»? Él también nos creó porque quiso hacernos partícipes de su «plenitud». No somos la «plenitud de Dios» porque le añadimos algo. De lo contrario, Dios dejaría de ser Dios. Por el contrario, los teólogos dicen que con el acto de la creación Dios no añadió ninguna perfección a sí mismo. Al crear, Dios no se hizo más perfecto, más pleno.Pero comunicó su plenitud. Y hace todo lo posible para que haya en nosotros la mayor cantidad posible de ella para una criatura. Os deseo lo mejor para la Navidad 2017 y os deseo lo mejor para la Navidad 2018, que en el momento de publicar esta respuesta no estará muy lejos.

Te encomiendo al Señor y te bendigo.

Padre Ángelo