Querido  P. Angelo,

Le hago un breve resumen para aclarar las ideas y así usted puede decirme si me equivoco: al morirnos el alma se separa del cuerpo y recibimos, como dice San Pablo, un cuerpo espiritual. Y con esto vivimos en el Paraíso.
Con la Parusía recibimos un cuerpo carnal (resurrección de la carne) que es nuestro cuerpo transfigurado y glorificado.
¿Es correcto?

¡Muchísimas gracias!

Lorenzo 


Respuesta del sacerdote

Querido Lorenzo,

No es del todo exacto.

1. Es verdad que en el momento de la muerte el alma se separa del cuerpo. Y justamente porque su naturaleza es inmortal, subsiste sola como alma separada.

2. Es útil recordar que en el alma radican las facultades de la inteligencia y la voluntad.
Lo que implica que nuestra alma sigue conociendo y amando.
La forma en que lo hace se puede deducir del estado en el que se halla: ya sea condenada o bien en el purgatorio o paraíso.

3. Solamente al fin del mundo, cuando regrese Cristo en la tierra, en el momento de la parusía, el alma se reunirá con el cuerpo.
Como afirma la Escritura, el cuerpo a la orden del ángel, resucitará (cfr. 1 Cor 15,22).
Este cuerpo resucitará incorruptible y no ya carnal, es decir dependiente de las exigencias de la vida presente.
Todos, también los condenados, recibirán la incorruptibilidad.
Así dice la Sagrada Escritura: “En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, cuando suene la trompeta final –porque esto sucederá– los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados. Lo que es corruptible debe revestirse de la incorruptibilidad y lo que es mortal debe revestirse de la inmortalidad” (1 Cor 15,52-53).

4. Según Santo Tomás todos resucitan incorruptibles pero solamente los elegidos recibirán un cuerpo glorioso, espiritual, conforme al de Cristo resucitado.
Él afirma que la resurrección de los muertos implica un doble efecto: el primero es común a todos, el segundo solamente a los elegidos, los salvados.

5. Acerca del primer efecto escribe: “El primero es común, porque los muertos resucitarán incorruptos, es decir íntegros, sin carencia de ningún miembro. Esto es común a todos porque en la resurrección es común todo lo que pertenece a la restauración de la naturaleza, puesto que todos comunican con Cristo en cuanto a la naturaleza.
Y si bien Agustin deja en suspenso, si en los condenados perduren las deformidades, yo pienso que todo lo que pertenece a la restauración de la naturaleza se les comunica: mientras que lo que pertenece a la gracia, se comunica solamente a los elegidos.
Por lo tanto todos resucitarán incorruptos, es decir íntegros, también los condenados” (Comentario a 1 Cor 15, 52).
Esto es conforme a lo que dice San Pablo: “Cuando lo que es corruptible se revista de la incorruptibilidad y lo que es mortal se revista de la inmortalidad” (1 Cor 15,54).

6. “El segundo efecto es propio de los elegidos porque nosotros seremos transformados; y no sólo seremos incorruptibles, sino que seremos transformados, es decir de la condición de miseria a la condición de la gloria, porque se siembra un cuerpo animal y resucita un cuerpo espiritual” (Ib).

7. Para terminar: con la muerte el alma sobrevive inmortal y el cuerpo se corrompe.
Sólo con el fin del mundo todas las almas se reunirán con sus propios cuerpos que serán incorruptibles.
Sin embargo solamente los cuerpos de aquellos que estarán en el paraíso, serán gloriosos, transfigurados, espirituales.
Aquí el término espiritual se entiende en el sentido paulino, es decir: un cuerpo que participa de la gracia, de la gloria y de la vida de Dios.

Con el deseo de resucitar no solamente incorruptos, sino también transformados, te bendigo y recuerdo en la oración.

Padre Angelo

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