Buenas noches padre,

Quería escribirle para pedirle su opinión.
¿Rezando cada noche (ahora se lo prometo y lo haré de verdad a partir de anoche) y yendo a misa cada domingo, se puede de alguna manera ‘eliminar’ los pecados cometidos haciendo como si no hubiera pasado nada?
Porque si lo pienso, me da muchísima vergüenza y desearía no haber cometido nunca ciertos actos, pero por desgracia no se puede volver atrás en el pasado…
Le pido una oración y que me dé algunos consejos, gracias.
Saludos cordiales.


Respuesta del sacerdote

Queridísimo,

1. Con la confesión sacramental se eliminan los pecados de la vida pasada.
Para usar el lenguaje del Apocalipsis, estos pecados en la confesión son lavados en la sangre del Cordero (Ap 7,14).
Jesús, con su pasión y muerte, expió con abundancia nuestros pecados.

2. Uno puede preguntarse: ¿qué queda de los pecados de nuestra vida después de la confesión sacramental?
Quedan las malas inclinaciones. Y quedan también los daños que hayamos podido causarnos a nosotros mismos y al prójimo.
Y es por eso que se da una penitencia por cumplir.

3. El Catecismo de la Iglesia Católica presenta la necesidad de la penitencia a cumplir con estas palabras: «Muchos pecados dañan al prójimo. Es necesario hacer lo posible para reparar el daño (por ejemplo, devolver lo robado, restablecer la reputación del que ha sido calumniado, sanar las heridas). La simple justicia lo exige.
Pero, además, el pecado hiere y debilita al mismo pecador, así como sus relaciones con Dios y con el prójimo.
La absolución quita el pecado, pero no remedia todos los desórdenes que el pecado ha causado.
Levantado del pecado, el pecador debe todavía recuperar la plena salud espiritual.
Por tanto, debe hacer algo más para reparar sus culpas: debe «satisfacer» de manera adecuada o «expiar» sus pecados. Esta satisfacción también se llama «penitencia»» (CCC 1459).

4. Las penitencias que ordinariamente dan los sacerdotes confesores son más simbólicas que reales.
Sí, tienen un cierto valor. Pero sobre todo deberían orientar el camino hacia un serio cambio de vida o hacia una progresiva santificación.

5. Por lo tanto, no son suficientes para erradicar el mal producido en nosotros mismos con el pecado, ni son suficientes para reparar los daños infligidos al prójimo y, más en general, a la Iglesia.

Las penitencias adicionales que podemos hacer son las indicadas por el Catecismo de la Iglesia Católica:

  • «pueden consistir en la oración,
  • en una ofrenda,
  • en las obras de misericordia,
  • en el servicio al prójimo,
  • en privaciones voluntarias,
  • en sacrificios,
  • y sobre todo en la paciente aceptación de la cruz que debemos llevar.
    Estas penitencias nos ayudan a configurarnos con Cristo, que, solo, ha expiado por nuestros pecados de una vez por todas. Ellas nos permiten llegar a ser coherederos de Cristo resucitado, puesto que «participamos en sus sufrimientos» (Rm 8,17)» (CCC 1460).

6. Para la oración, te recomiendo el Santo Rosario diario. La Virgen María lo ha pedido para la conversión de los pecadores. Entre estos pecadores, en primer lugar está cada uno de nosotros.

A propósito del Rosario, me gusta recordar lo que decía San Vicente de Paúl: «Después de la Misa, la devoción al Rosario ha hecho descender en las almas más gracias que todas las demás devociones, y con sus Avemarías realiza más milagros que cualquier otra oración».

7. Deseo destacar también la particular preciosidad de la ofrenda que se expresa a través de la limosna.

De la limosna me gusta recordar lo que dijo Dios en la Sagrada Escritura: «Como el agua apaga el fuego, así la limosna extingue los pecados» (Sir 3,29).

En el Antiguo Testamento, la limosna era considerada merecedora de muchas gracias.
Como señal de esto, se lee: «El que se apiada del pobre presta al Señor,» (Pr 19,17) y «El que da al pobre no conocerá la indigencia» (Pr 28,27).

En el Nuevo Testamento, son preciosas las palabras dichas por un ángel, un mensajero celestial, a Cornelio, un centurión romano: «Cornelio, han sido escuchadas tus oraciones y recordadas tus limosnas ante Dios» (Hch 10,31).

8. Entre las limosnas más meritorias que puedes hacer está también la de hacer que se celebren Misas en reparación de tus pecados.

No es necesario que especifiques esta intención al sacerdote. Es suficiente con que digas que deseas celebrar una Santa Misa según tus intenciones.

La ofrenda material es un signo con el que manifiestas querer participar de manera más profunda en el sacrificio de Cristo.

Te deseo todo lo mejor, te bendigo y te recuerdo en la oración.

Padre Angelo

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