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Consulta

Querido Padre Angelo, 

Le agradezco por sus maravillosas respuestas y comentarios a todas las consultas. Quisiera además hacerle una pregunta: ¿Que quería decirnos Jesús cuando echaba fuera los demonios? ¿En particular, cuáles podrían ser los demonios en nuestros tiempos? (Yo pienso que son los pecados capitales… ¿o no?

¿Es suficiente nuestra oración para ayudar a un familiar? ¿O es absolutamente necesaria la colaboración por parte de la persona atribulada?

Si no ¿hasta qué punto podemos ayudar a una persona que declara que no cree poder vencer dicha esclavitud? ¿Quizás al final el buen Dios nos concederá aquello que le pedimos incluso solo para no ser importunado? Tal vez…

Yo no pido la curación física (tarde o temprano todos perdemos la salud) pero pido para mi y en particular para mis hijos el don de la fe ¿cómo saber si soy digna y el Señor me escucha?

Gracias Padre Ángelo, le pido que rece por nosotros.

Lorenza


Respuesta del sacerdote

Estimada Lorenza, 

1. Cuando Jesús expulsaba los demonios hacía ver tantas cosas.

Antes que nada, nos muestra su autoridad divina frente a la cual los demonios eran obligados a obedecer sin poder poner resistencia.

En segundo lugar, Jesús quería advertirnos acerca de esta entidad personal que gira en torno a nosotros para llevarnos a la ruina.

En tercer lugar, que el demonio no nos puede hacer nada malo si nosotros no le abrimos la puerta, tanto que frente a un alma en gracia tiene miedo y escapa. 

2. Cuando me preguntas “¿En particular, cuáles podrían ser los demonios de nuestro tiempo?” pareciera que no percibes al demonio como una entidad personal sino como un conjunto de males que inciden al hombre y en particular al hombre de nuestro tiempo, pero los demonios son siempre los mismos.

Más bien, sería correcto preguntarse cuáles son los males que le permiten al demonio atacar nuestra vida.

San Tomás de hecho dice que el demonio antes de tentar al hombre busca su punto débil; y los puntos débiles serían entonces los enumerados en los siete pecados capitales, de los cuales el primero es la soberbia, en virtud de la cual una persona está poco dispuesta a escuchar con humildad las enseñanzas del Señor y prefiere, sobre todo decidir por sí mismo lo que está bien y lo que está mal. Olvidando que el Señor vino a dar inicio a una vía santa que es necesario recorrer para alcanzar la Santidad, el paraíso.  

3. Me preguntas además si es suficiente la oración para ayudar a un familiar nuestro o si definitivamente también es necesaria una colaboración activa de parte de la persona que está afligida.

La oración es necesaria pero según las enseñanzas del señor, sólo la oración no basta. Incluso el señor nos dice: “Esta clase de demonios no puede echarse sino mediante la oración y el ayuno” (Mc 9,29).

Pero el texto latino de la Vulgata, que es el oficial de la iglesia dice: “Sino con la oración”.

Es cierto que la traducción de la CEI suprimió “y el ayuno” porque el código vaticano y el Sinaítico no lo mencionan.

Sin embargo, el ayuno y la penitencia son necesarios porque si la oración sirve a unir el alma a Dios, ayunar y hacer penitencia sirve para someter la carne al espíritu para que el hombre esté más preparado para recibir las gracias divinas. 

4. Si se trata de actividad específica del demonio como la tentación, la obsesión y la vejación, se requiere también la colaboración por parte de la persona que está afectada, porque si se está en pecado o en ocasión próxima de pecar es absolutamente necesario enmendarlo.

En este caso es necesario perseverar en la oración y en la penitencia hasta importunar al señor, según el término que tú misma has usado, y que es también  expresado en la parábola de la viuda importuna que aparece en el evangelio.

5. Cuando en cambio se trata de posesión, aunque la voluntad del sujeto afectado es importante, para expulsar de él el daño es necesario recibir este beneficio por parte del Señor a través del ministerio de la iglesia. 

6. Haces bien en pedir para ti y para tus hijos una fe viva, que es la que obra mediante la caridad. En otras palabras, es aquella fe de quien vive en gracia de Dios. Porque si somos obedientes al Señor y vivimos en gracia no debemos temer a las incursiones del adversario.

La gracia es un escudo que no solo nos protege, sino que además pone en fuga el infierno. San Santiago dice en su carta: “Sométanse, pues, a Dios; resistan al diablo y él huirá de ustedes” (Sant 4,7).

La gracia es un escudo que no solo nos protege, sino que además pone en fuga el infierno. San Santiago dice en su carta: “Sométanse, pues, a Dios; resistan al diablo y él huirá de ustedes” (Sant 4,7).

Me siento feliz de orar por ustedes, como me lo has pedido.

En tanto te deseo lo mejor y te bendigo.

Padre Angelo.


Traducido por Laura Ustáriz