Querido Padre Angelo,
Le escribo de nuevo para preguntarle ¿cómo debo leer y meditar la Biblia y los Evangelios?
¿Deberían ser interpretados o leídos literalmente? ¿Debería tomarse a la letra el significado?
Gracias.
Respuesta del sacerdote
Querida,
1. Te respondo tomando como punto de referencia lo que leemos en el Catecismo de la Iglesia Católica, retoma textualmente lo que Santo Tomás ya había expuesto en su tiempo. No hay texto más autorizado.
Aquí esta:
2. “Según una antigua tradición, se pueden distinguir dos sentidos de la Escritura: el sentido literal y el sentido espiritual; este último se subdivide en sentido alegórico, moral y anagógico. La concordancia profunda de los cuatro sentidos asegura toda su riqueza a la lectura viva de la Escritura en la Iglesia.” (CIC 115).
3. El sentido literal. “Es el sentido significado por las palabras de la Escritura” (CIC 116).
Se recuerda inmediatamente que el sentido literal debe entenderse según el aporte de los exegetas, es decir, de los estudiosos del texto sagrado, que tienen presente la formación del texto en sus circunstancias culturales, históricas y geográficas.
Si no se tiene en cuenta su ayuda, se cae fácilmente en el fundamentalismo, que lee el texto sólo de manera material, con el riesgo de adulterar su sentido.
Es el error de los Testigos de Jehová y también de otros que abren las Sagradas Escrituras al azar para captar el pensamiento de Dios.
4. En cuanto al sentido literal, el CIC cita una afirmación autorizada de Santo Tomás: «Todos los sentidos de la Sagrada Escritura parten de uno, el literal» (Suma Teológica, I, 1, 10, ad 1).
Santo Tomás también lo llama sentido histórico.
Este es el punto de partida indiscutible.
5. Luego tenemos el sentido espiritual. Dios también habla a través de los acontecimientos y realidades de la historia sagrada. Junto al significado histórico se nos comunica otro, que es válido para todos los tiempos y para todos los hombres. Es el significado espiritual.
6. Santo Tomás escribe: “Este sentido espiritual se divide en tres. Como dice el Apóstol en la carta a los Hebr. 7:19, la Antigua Ley es figura de la Nueva; y esta misma Nuova Ley es figura de la futura gloria, como dice Dionisio en Ecclesiastica Hierarchia, 5,12. También en la Nueva Ley todo lo que ha tenido lugar en la cabeza es signo de lo que nosotros debemos hacer.» (Suma Teológica, I, 1, 10).
7. He aquí el fundamento de la triple distinción del sentido espiritual.
“Así, pues, lo que en la Antigua Ley figura la Nueva, corresponde al sentido alegórico; lo que ha tenido lugar en Cristo o que va referido a Cristo, y que es signo de lo que nosotros debemos hacer, corresponde al sentido moral; lo que es figura de la eterna gloria corresponde al sentido anagógico.» (Suma Teológica, I, 1, 10).
8. Así, por ejemplo, en el sentido alegórico podemos ver el paso por el Mar Rojo como signo de la victoria de Cristo y el significado del Bautismo que hace pasar de la esclavitud del demonio a la vida nueva de los hijos de Dios.
Para entender el sentido moral basta recordar que los hechos narrados en las Sagradas Escrituras fueron escritos «para que nos sirva de lección» (1 Cor 10,11) para poder obrar justamente según Cristo.
En el sentido anagógico “podemos ver realidades y acontecimientos en su significación eterna, que nos conduce (en griego: «anagoge») hacia nuestra Patria. Así, la Iglesia en la tierra es signo de la Jerusalén celeste” (CIC 117).
9. Santo Tomás añade que esta triple distinción podría encontrarse también en el sentido histórico o literal: “El sentido que se propone el autor es el literal. Como quiera que el autor de la Sagrada Escritura es Dios, el cual tiene exacto conocimiento de todo al mismo tiempo, no hay inconveniente en que el sentido literal de un texto de la escritura tenga varios sentidos, como dice Agustín en el XII Confess.” (Ib.).
10. Por último, el CIC recuerda la preciosidad de la contribución de los exegetas a quienes toca aplicar estas normas en su trabajo para ir penetrando y exponiendo el sentido de la sagrada Escritura, de modo que mediante un cuidadoso estudio pueda madurar el juicio de la Iglesia.
Luego concluye afirmando que “Todo lo dicho sobre la interpretación de la Escritura queda sometido al juicio definitivo de la Iglesia, que recibió de Dios el encargo y el oficio de conservar e interpretar la palabra de Dios” (DV 12,3):
De hecho, San Agustín dice “No creería en el Evangelio, si no me moviera a ello la autoridad de la Iglesia católica”(Contra epistulam Manichaei quam vocant fundamenti, 5,6).
Con el deseo de una comprensión cada vez más profunda de las Escrituras según sus cuatro significados, te deseo todo lo mejor, te bendigo y te recuerdo en la oración.
Padre Angelo
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