Buenos días Padre Angelo!
Quiero pedirle si tendría la amabilidad de explicarme bien la parábola que escuchamos el domingo pasado (la del administrador deshonesto) y las palabras de Jesús porque nuestro sacerdote dijo que también para él era de difícil comprensión y se notaba apabullado durante la homilía.
Como siempre le estoy muy agradecido.
Filippo
Respuesta del sacerdote
Querido Filippo,
1. para comprender mejor el Evangelio que escuchamos en el domingo 25o del tiempo ordinario, año C, hay que aclarar dos cosas.
2. La primera: ¿por qué la riqueza es llamada deshonesta, mientras en el Antiguo Testamento era considerada parte de la bendición divina?
De por sí, la riqueza es un bien, pero puede llegar a ser deshonesta por dos motivos: porque el corazón queda ligado a ella y se vive en función de ella para que aumente cada vez más.
O bien porque no se usa según el designio de Dios que nos la ha dado para nuestro propio sustento y el de nuestros familiares, sea en el presente como en el futuro y al mismo tiempo para sostener a quien pasa necesidad.
3. La segunda se refiere al administrador, que hay que recordar que vivía como los siervos en la misma casa del dueño. Allí encontraban alimento y asistencia en caso de necesidad. No tenían una morada propia.
Es por eso que el administrador deshonesto del Evangelio dice: “¡Ya sé lo que voy a hacer para que, al dejar el puesto, haya quienes me reciban en su casa!»(Lc 16,4).
4. Veamos ahora la parábola. Para asegurarse el porvenir ese administrador llamó a uno de los deudores del dueño y le preguntó: ¿cuánto le debes? Él respondió: 20 barriles de aceite. 10 barriles de aceite correspondían a 38.000 litros.
Por lo tanto el administrador deshonesto le hizo un regalo que correspondía a 19.000 litros de aceite, lo cual no es poco.
A otro deudor le hizo la misma pregunta a la que le respondió: 100 medidas de trigo. El administrador le dijo, toma tu recibo y anota 80.
Esa cantidad de trigo correspondía a 380.000 litros de trigo. Le perdonó un quinto que correspondía aproximadamente a unos 74.000 litros de trigo.
E hizo lo mismo con todos los otros deudores de su amo.
De este modo se aseguró la posibilidad de poder quedarse en la casa de uno u otro, hasta que llegaran tiempos mejores.
5. El texto sagrado dice que el dueño alabó al administrador deshonesto pues había obrado con astucia.
Claramente no lo alabó porque le había robado de nuevo y así infligido el último daño, sino porque había visto su habilidad para asegurarse techo y comida para el porvenir.
6. De aquí que el Señor aprovechó el argumento para decir que «los hijos de este mundo son más astutos en su trato con los demás que los hijos de la luz» (Lc 16,8).
Los hijos de este mundo son los que están preocupados solamente por los bienes de aquí y asegurarse el futuro en esta tierra, que por más largo que sea, será siempre provisorio y breve.
Mientras que los hijos de la luz, y sus discípulos, no muestran la misma sagacidad para preparar de la mejor manera su futuro eterno.
7. Hay que recordar que la única razón básica por la que Dios al crearnos, no nos puso enseguida en el más allá, sino aquí, es porque quiso que el paraíso no nos fuera regalado, sino que fuese una realidad plenamente nuestra, en el verdadero significado de este adjetivo posesivo: una realidad se convierte en nuestra, cuando es por nosotros conocida, deseada, amada y poseída. Quiso que fuéramos artífices de nuestro futuro eterno. De esta manera su gloria se vuelve plenamente nuestra.
8. Por fin la enseñanza final del Señor: debemos utilizar la riqueza para hacer el bien, para que aquellos por quienes lo hacemos nos acojan en las moradas eternas, en el paraíso, junto a ellos.
Hay personas que periódicamente envían ofertas al padre Pío o a San Antonio. Son ofertas que sirven para gestionar las obras que llevan adelante los cohermanos del padre Pío o de San Antonio.
¿Cómo se podría pensar que el padre Pío o San Antonio permanezcan indiferentes para con ellos y no hablen bien a Dios de los que hacen esta ofrenda en su honor y no les reciban en el momento de la muerte en las moradas eternas?
Lo mismo ha de decirse por cada oferta en favor de los pobres o para cualquier buena causa.
9. En síntesis, el Señor quiere decir que debemos usar de las riquezas que Él mismo nos concedió para que hagamos bien a nuestra alma, compartiendo con quien se encuentra en la necesidad.
Si así no se hiciera, la riqueza poseída se convierte en deshonesta, es decir injustamente poseída.
Con el deseo de que cuando llegue tu hora, tengas muchas personas listas para acogerte en las moradas eternas, te bendigo y te aseguro mi oración.
Padre Angelo
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