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Querido Padre Angelo:

esta vez no le pregunto nada y no me “quejo” de nada. No estoy aquí para decir, como ya lo hice imprudentemente una vez: “¡Estoy curado!” porque mentiría frente a Usted y a mí mismo.

Pero ya que me ha aguantado durante casi tres años, a pesar de mis numerosos correos electrónicos y un comportamiento, a veces, un tanto grosero, Padre, ¿qué debo decirle? Hay que decir la verdad, aun a costa de humillarse.

(…). Usted ha jugado un papel fundamental en mi crecimiento espiritual, ha sido uno de mis maestros y me ha enseñado muchas cosas.

Estoy feliz por todas las gracias que el Señor me ha dado hasta ahora, algunas muy singulares. Podría hacer una lista muy larga, pero solo mencionaré una: tener como director espiritual al Sacerdote que me bautizó. 

Sabe, vengo de una escuela de monjas. Cuando era pequeño iba a misa casi todos los días, y sentía una gran paz en el alma… luego en el 2011 con solo 9 años, cuando me mudé, con la excusa de que ya no podía ir a mi parroquia, me alejé de la Iglesia, y me convertí en un cristiano de fachada … ¿Conoce a los católicos no practicantes? Bueno, eso. Mi relación con Dios era como con un cajero automático. Oraba y lo rogaba solo cuando lo necesitaba, y luego adiós. Tomé (alrededor del 2014) el camino de los relatos de terror, de muchas cosas alejadas del relato evangélico, y en el 2015 experimenté una gran turbación que atañía las maldiciones. Esa cosa me había molestado tanto que siempre tenía miedo de maldecir a alguien o algo. En 2019 el Señor (a través de usted, querido Padre) me hizo retornar a la Iglesia Católica. Padre, en el 2020 regresé a mi Iglesia natal. Esa misma Iglesia a la que asistía antes de la mudanza, y encontré al Sacerdote que me había bautizado, que se convirtió en mi padre espiritual. ¡¡¡Qué gran gracia!!! ¡¡¡Qué gran regalo!!! Cuando lo pienso, me siento como el hijo pródigo… después de tanto tiempo, después de todas esas vicisitudes. Mi madre me lo dice, me dice que es increíble que haya vagado y buscado tanto para luego retornar a la Iglesia donde todo empezó. Fue la Voluntad de Dios la que me trajo de regreso allí. Dios me ha atraído hacia Él. ¡¿Pero qué Dios dictador?! ¡¿Pero qué Dios que no puede esperar para castigar o condenar?! El nuestro es un Dios de Amor, AMOR PURO. Usted me ha dicho en el último correo “no te preocupes que en este momento de sufrimiento el Señor no te abandonará, Él es fiel y sabe convertir las lágrimas en alegría” y es verdad, ¡es verdad! A veces Le pido ayuda en secreto, sin dejarme ver, y Su ayuda llega en secreto. Como también llegan muchas inspiraciones dulces, al punto que muchas veces me hacen sentir tan amado hasta romper en llanto.

Padre Angelo, tal vez le agradará saber (pero por esto no me doy mérito, sino que doy gloria a Dios) que -gracias a Él- hace ya mucho tiempo que no caigo en el pecado impuro del autoerotismo. Mi confesor siempre ha sido severo (aunque con un tono muy suave) con respecto a este pecado: “Salvatore, si sigues haciendo este acto tu alma se debilita cada vez más, te privas de todas tus fuerzas espirituales y psicológicas porque el pecado también tiene consecuencias psicológicas! ¡Además debes tener en cuenta que traicionas al Amor Verdadero!”. Mi confesor siempre me ha dicho que cuando se peca, el alma se debilita y es cada vez más difícil resistir a las tentaciones porque las fuerzas son cada vez menores (“si fuiste débil la primera vez, fuiste muy débil la segunda”).

De todos modos, Padre Angelo, le digo que con mi confesor ahora tenemos una relación de confianza y lo que no entiendo se lo digo y me lo explica mejor. (…).

Cada día estoy más y más convencido del hecho de que mi mente a veces puede ser un verdadero desastre. Pero Dios es mi psicólogo.

Y cuando algo me trastorna, Él llega a su debido tiempo y es como si me dijera: “¡¡¡Todo se detenga!!!”, y mis problemas desaparecen.

(…). Mi confesor me dijo: “cuando tengas un problema, no dudes y pregúntamelo”.

Lo dejo ahora, para que pueda responder a los demás visitantes, pero primero le digo una cosa: soy un chico de 19 años y puedo testificar que pocas cosas desgarran el alma como los pecados impuros.

Estoy seguro de que ya lo hace, pero por favor enseñe a mis compañeros, por favor enséñeles a evitar tales actos para que, de acuerdo con la Voluntad de Dios, no tengan que sufrir como yo sufrí.

Dios lo bendiga.

Salvatore.


Respuesta del sacerdote

Querido Salvatore:

1. Respondo más de un año después de tu último correo electrónico que me alegró mucho.

No tanto por los elogios a nuestro trabajo, sino por lo que la gracia de Dios ha hecho en ti.

2. Oír que un joven ha sido recuperado por el Señor, que ha vuelto a la vida, nos da a todos un poco de ese gozo que tienen los ángeles en el cielo cuando un pecador se convierte.

3. Estoy particularmente feliz porque en tu confesor has encontrado un padre espiritual, un padre para tu alma, como decía san Giovanni Bosco.

4. Tener un padre para la propia alma fue una experiencia vivida en primera persona por Giovanni Bosco cuando aún era un jovencito.

Había tenido la suerte de encontrar en la calle, volviendo de un sermón, a un anciano sacerdote con el que empezó a conversar.

El cura -su nombre era don Calosso- le preguntó si había entendido algo de aquel sermón.

Giovanni Bosco pudo repetírselo todo, de hecho se lo dictó porque Don Calosso quería transcribirlo todo.

Asombrado por los talentos de este joven, don Calosso se ofreció para enseñarle.

5. Y he aquí lo que escribió el primer biógrafo de Don Bosco, G.B. Lemoyne: “Juan se puso en manos de don Calosso. Cuando se vio tan bien tratado por aquel digno sacerdote y mejor comprendido, se le aficionó tanto, que ya no tuvo para él ningún secreto.

Comunicábale, pues, todos sus pensamientos, palabras y acciones; lo cual agradó mucho al buen sacerdote, porque así podía dirigirlo con toda seguridad.

Conocí entonces lo que significa tener un guía estable, un fiel amigo del alma, del que hasta entonces había carecido. Entre otras cosas, me prohibió en seguida una penitencia que yo acostumbraba hacer, porque no era proporcionada ni a mi edad ni a mi condición. Me estimuló a la frecuencia de la confesión y de la comunión, y me enseñó a hacer cada día una breve meditación o, mejor, un poco de lectura espiritual.

Los días festivos pasaba con él todo el tiempo posible, y durante la semana siempre que podía le ayudaba en la santa misa.

Desde aquella época —escribe el Santo— comencé a gustar la vida espiritual, ya

que antes obraba más bien materialmente y como una máquina, que todo lo hace sin saber la razón que la mueve.” (G.B Lemoyne, Vida de San Juan Bosco, I, p.61).

6. Me alegro de que tu sacerdote con fuerza, como por desgracia yo no sé hacer, te haya ayudado a vencer el vicio que afecta a tantos adolescentes y que apaga poco a poco en muchos el gusto por las cosas de Dios.

¡Qué gracia haber encontrado un sacerdote que no te dice que todo está bien!

Me gusta citar sus palabras, las que te impactaron y que, junto con la gracia de Dios, te dieron la fuerza para hacer un cambio decisivo en tu vida en la dirección de la pureza: “Mi confesor siempre ha sido severo (aunque con un tono muy suave)  respecto a este pecado: “¡Salvatore, si sigues haciendo este acto tu alma se debilita cada vez más, te privas de todas tus fuerzas espirituales y psicológicas porque el pecado también tiene consecuencias psicológicas! ¡Además debes tener en cuenta que traicionas al Amor Verdadero!”. Mi confesor siempre me ha dicho que cuando se peca, el alma se debilita y cada vez es más difícil resistir a las tentaciones porque las fuerzas son cada vez menores (“si fuiste débil la primera vez, fuiste muy débil la segunda”).

Todo lo que te ha dicho es muy cierto y lo has experimentado en tu piel.

7. Pero hay otra expresión que me llamó la atención y con la que estoy totalmente de acuerdo. A un cierto punto escribes: “Dios es mi psicólogo”.

Estas palabras me recordaron las enseñanzas de un gran dominico que enseñaba teología moral fundamental. Decía que en el Sermón de la Montaña, donde se encuentra toda la información sobre la vida cristiana, hay más de lo que se puede encontrar en los textos de teología, filosofía y hasta de psicología. Porque en ese discurso se va a la fuente de todo conocimiento.

8. El Sermón de la Montaña ocupa íntegramente tres capítulos del Evangelio de Mateo, a saber, el quinto, el sexto y el séptimo.

Vale la pena releerlo.

Abrir el Evangelio en esos tres capítulos al azar y leer aunque sea un versículo comunica una sabiduría superior, que no es de este mundo.

Por ser palabra de Dios “es útil para enseñar y para argüir (rebatir errores, nota del editor), para corregir (los vicios, nota del editor) y para educar en la justicia (en la santidad, nota del editor), a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para hacer siempre el bien” (2 Timoteo 3:16-17).

Con el deseo de continuar siempre así, a la espera de más buenas noticias para tu vida espiritual, te bendigo y con mucho gusto te recuerdo en la oración.

Padre Angelo