Buenos días Padre Angelo,

Le escribo porque tengo desde hace un par de años una novia peruana que vive aquí en Italia y vivimos nuestro compromiso según los valores cristianos.

Sin embargo, a ella le cuesta renunciar completamente a sus antiguas influencias culturales y creencias con respecto a la pachamama.

He intentado hacerle entender que según mi opinión estas creencias son incompatibles con nuestra fe católica, pero de acuerdo con ella habíamos pospuesto para una futura charla con un sacerdote.

He pensado que nadie mejor que usted, Padre Angelo, podría iluminarnos en este sentido.

Le agradezco su atención.

Que Dios lo bendiga siempre.

Alberto

Respuesta del sacerdote

Querido Alberto,

1.según Santo Tomás de Aquino, que aquí sigue a San Agustín, existen tres clases de supersticiones: la idolatría, que rinde indebidamente honores divinos a una criatura; la adivinación, que consulta a los demonios mediante pactos hechos con ellos de manera tácita o expresa para obtener información; las observancias vanas por las cuales uno atribuye a algunos rituales un poder que no tienen. (Suma teológica, II-II, 92, 2)

2. De Wikipedia tomo la siguiente información: “en el mes de agosto, los pueblos andinos practican el culto del agradecimiento a la Madre Tierra, devolviéndole el alimento que ella les brinda. Para ello, se cava un hoyo donde todos los oferentes que participan en el rito depositan alimentos: comidas y platos que se cocinan especialmente para la ocasión. Cada uno de los participantes vierte en el hoyo una porción de comida agradeciendo a la Madre Tierra. Finalmente, el hoyo se cubre por completo y cada participante deposita encima una piedra.

Se forma así un verdadero montículo de piedras, denominado Apacheta. Por lo general, para este rito se elige siempre el lugar más alto para que esté lo más cerca posible del Sol(Inti).

Es una costumbre difundida en toda Argentina y en otros países limítrofes celebrar el 1 de agosto con una ceremonia que consiste en beber en ayunas siete pequeños sorbos de carrulim o caña con ruda, con el fin de purificar la sangre y propiciar la fortuna, en el ámbito de los usos y conocimientos relacionados con la naturaleza y el universo.”

3. Al principio, la Madre Tierra era considerada una divinidad que se unió al Pachacámac, el dios del cielo.

Se sabe que durante el Sínodo para la Amazonia se llevó en procesión la estatuilla de la Pachamama.

Algunos lanzaron la acusación de idolatría.

Sin duda, había elementos para hablar de un equívoco, ya que, al menos exteriormente, se vieron actos de culto hacia la estatuilla.

4. Sin embargo, hay que hacer una distinción entre mito y costumbre popular.

En este sentido se pronunció el obispo emérito de San Cristóbal de las Casas (México), mons. Felipe Arizmendi Ezquivel, en l’Osservatore Romano, de quien cito las palabras textuales: “ Gran revuelo han causado las imágenes o figuras que se usaron en ceremonias al inicio del Sínodo Panamazónico en los jardines de El Vaticano, en la procesión inicial desde la Basílica de San Pedro al Aula Sinodal, en las que participó el Papa Francisco, y después en otras iglesias de Roma. Algunos condenan estas acciones como si fueran una idolatría, una adoración a la “madre tierra” y a otras “divinidades”. Nada de eso hubo.

En el mismo artículo quiso recordar que en su anterior diócesis cuando escuchaba que con mucho cariño y respeto se hablaba de la “madre tierra” se sentía molesto  porque se decía: “Mi únicas madres son mi mamá, la Virgen Maria y la Iglesia. Y cuando veía que se postraban para besar la tierra, más se incomodaba. Pero conviviendo con las indígenas, comprendió que no la adoran como una verdadera madre, pues es la que nos da de comer, la que nos da el agua, el aire y todo lo que necesitamos para vivir: no la consideran una diosa; no la adoran; sólo le expresan su respeto y oran dando gracias a Dios por ella.”

5. Bajo esta perspectiva, no se trataría de idolatría. A lo mucho – según nuestras categorías – se podría hablar de vanas observancias.

Las vanas observancias consisten en el cumplimiento de determinados ritos para propiciar el bien y alejar las desgracias.

Santo Tomás, de manera muy tajante, dice que “todos estos signos no han sido introducidos por la revelación divina, sino más bien por la vanidad humana, cooperando, eso sí, con ella a la perversidad de los demonios. No cabe, pues, la menor duda de que tales prácticas son supersticiosas e ilícitas. Diríase que son restos de aquella especie de idolatría que prestaba atención a los augurios y a los días venturosos o infaustos (que, hasta cierto punto, tiene algo que ver con la adivinación por medio de los astros, en cuanto que de ellos se hace depender la diversidad de los días). La diferencia entre unas y otras prácticas está en que éstas, por carecer de toda razón y fundamento, son lógicamente más vanas y supersticiosas”. (Suma Teológica, II-II, 96,3)

6. Sin embargo, según el obispo emérito de San Cristóbal de las Casas, ni siquiera habría sido así. Se habría tratado de una costumbre típica de la gente para agradecer a Dios, dador de nuestra madre tierra, como la llamaba San Francisco.

No obstante, según nuestra manera de ver, esas estatuillas remiten al mito.

7. Se sabe que esas estatuillas fueron sustraídas y arrojadas al Tíber.

El Papa Francisco anunciando que habían sido recuperadas dijo: “Me gustaría decir unas palabras sobre las estatuas de la pachamama que fueron sustraídas de la Iglesia de la Traspontina, que estaban allí sin intenciones idólatras, y fueron arrojadas al Tíber. En primer lugar, eso sucedió en Roma y, como obispo de la diócesis, pido perdón a las personas que se sintieron ofendidas por este gesto.”

Estas palabras – si se refieren justamente a las muchas personas que se sintieron ofendidas por esa procesión – parecen reconocer, al menos, la inoportunidad del gesto.

Por lo tanto, es necesario hacer algunas distinciones para comprender el significado de determinados ritos.

Con el deseo de todo bien, te recuerdo en la oración y te bendigo.

Padre Angelo

Questo articolo è disponibile anche in: Italiano Inglés Portugués