Querido Padre Angelo,
He leído en internet que en el n. 1035 del Catecismo de la Iglesia Católica dicen que quien muere en pecado mortal va directo al infierno.
Estoy preocupada por mis dos hijas, 14 y 19 años, quienes han mantenido la fe, de vez en cuando rezan pero ya no van a Misa.
¿Si les pasara algo Dios misericordioso no tendrá cuenta de su fe?
Siempre me había parecido entender que van al infierno solo los que rechazan Dios con su voluntad.
Un cordial saludo.
Sonia
Respuesta del sacerdote
Querida Sonia,
1.la fe sola no es suficiente para ser salvos.
Para la salvación es necesaria la gracia de Dios, Dios habita en nosotros y nosotros habitamos en Dios según la hermosa expresión de las Sagradas Escrituras: “Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios” (1 J 4,16).
2.Que la fe sola no es suficiente lo recuerda de manera clara el texto sagrado cuando dice “la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma” (Stg 2,17) y “la fe actúa por el amor” (Gal 5,6)
San Pablo insiste en la necesidad de una fe activa: “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo caridad, vengo a ser como metal que resuena o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y todo conocimiento, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo caridad, nada soy” (1 Cor 13, 1-2).
3.Jesús en el Evangelio reafirma el mismo concepto cuando distingue entre quien escucha la palabra y quien no la pone en práctica: “ No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” (Mt 7,21); “Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor ¿no profetizamos en tu nombre y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?’. Entonces les diré claramente ‘Jamás los conocí.¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!’. Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca…Pero todo el que oye mis palabras y no las pone en práctica es como un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena”.(Mt 7, 22-27).
Igualmente en el Evangelio de Lucas: “Continuando su viaje a Jerusalén, Jesús enseñaba en los pueblos y aldeas por donde pasaba. – Señor, ¿son pocos los que van a salvarse? – le preguntó uno. -Esfuércense por entrar por la puerta estrecha – contestó -, porque les digo que muchos tratarán de entrar y no podrán. Tan pronto como el dueño de la casa se haya levantado a cerrar la puerta, ustedes desde afuera se pondrán a golpear la puerta, diciendo: “¡Señor, ábrenos!”. Pero él les contestará: “No sé de dónde son ustedes”. Entonces dirán: “Comimos y bebimos contigo, y tú enseñaste en nuestras plazas”. Pero él le contestará: “Les repito que no sé de dónde son ustedes.” (Lc 13, 22-27).
4.Al respecto, muchas parábolas también son elocuentes. Piénsese a la de las vírgenes necias (Mt 25,1-13) en la cual la disposición práctica para acceder al banquete se identifica con la caridad que cumple con gozo la voluntad de Dios en todo, representada por el aceite, mientras que la actitud de espera común a todas las vírgenes es interpretable como el estado de fe.
También la parábola de los siervos hace referencia a la fe activa o inactiva (Lc 12,35-48): algunos son vigilantes y diligentes y son alabados y premiados; otros en cambio se entregan al comer, beber y al emborracharse y son castigados con rigor.
5.Por lo demás, los demonios también creen como recuerdan las Sagradas Escrituras:“Tú crees que Dios es uno, bien haces. También los demonios creen y tiemblan. ¡Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta’” (Gc 2, 19-20).
6. Los teólogos, utilizando el lenguaje del apóstol Santiago, dicen que la fe poseída en pecado mortal es una fe muerta.
La fe viva es aquella que se une a Dios.
Para esta fe se confía en Dios, se le obedece y uno se abandona a su acción salvífica.
La fe auténtica funciona de manera parecida a la que depositamos, por ejemplo, en los médicos: uno confía en su médico, obedece a sus prescripciones y en los casos más graves uno se pone en sus manos previa anestesia para que extirpe el mal de nuestro cuerpo a través de una intervención quirúrgica.
7. Me dices que tus hijas de vez en cuando rezan. Esto es algo bueno. Pero no es suficiente. En la oración sin la práctica cristiana se busca a Dios para que nos de lo que necesitamos. Es una oración interesada.
No es algo malo.
Pero se vuelve insuficiente para la salvación cuando ya no nos interesa la comunión con Dios, ni su palabra, ni su redención, ni su perdón (la confesión), ni su sacrificio, ni su acción benéfica en nosotros mismos y en el mundo entero (la Santa Misa) ni la santificación que quiere cumplir en nuestra vida.
Aún más concretamente, si no van a Misa tus hijas prefieren, por decir lo menos, su pereza a la presencia de Dios, a su comunión, a su gracia y a su santificación.
Aún sin volverse hostiles a Dios. Dios no es el centro de su vida ni su objetivo.
También aquellos, que según el lenguaje evangélico citado anteriormente dirán “Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste” (Lc 13,27) no estaban en contra de Dios.
Pero lo habían quitado del centro de su vida. No lo buscaban. No lo querían.
Con el deseo de que tus hijas empiecen a gustar de la comunión de vida con el Señor, fuente de todo bien, os bendigo y os recuerdo en la oración.
Padre Angelo
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